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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La cruz es el lugar de la revelación de Dios, en ella aparece toda la divinidad y toda la humanidad de Nuestro Señor Jesucristo quedando manifestada su verdad, la mía y la del mundo.
Homilía k052013a, predicada en 20190409, con 4 min. y 11 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy está tomado del capítulo octavo de San Juan. Veíamos en el texto de ayer que Jesús dice a los fariseos, ustedes en realidad no conocen mi verdad. Les dice él a los fariseos. Ustedes no saben en realidad quién soy yo, ni de dónde vengo, ni a dónde voy. Ustedes juzgan simplemente por apariencias, por conveniencias, por gustos, por lo que se dice. Es decir, ustedes juzgan por criterios puramente mundanos. Pero hay un momento en el que esa verdad interna, llamémosla así, esa verdad interna de Cristo, va a salir a luz. Ese es el pasaje de hoy.
La verdad de Jesucristo, su origen en Dios Padre, el misterio de su bendita encarnación, la humillación que fue cada uno de sus días, el amor que Él derramó sobre esta tierra. Cada uno de estos es un misterio insondable. Es un misterio que nos desborda. Pero todo ese misterio de algún modo va a salir a luz, todo ese misterio va a aparecer. Todo ese misterio va a ser accesible a todos. ¿Cómo? ¿cómo será esto? Bueno, cuando yo sea levantado, atraeré a todos hacia mí. En la cruz de nuestro Señor Jesucristo aparece su verdad. Aparece la preciosa verdad de su ser. Por supuesto que aparece toda su humanidad, su cuerpo desgarrado, su angustia hasta sudar gotas de sangre, su llanto de decepción, de tristeza, de dolor. Todo ello, toda su humanidad está ahí, extendida sobre el madero.
Pero atención que también en la cruz aparece su divinidad, porque el torrente ininterrumpido, el torrente abundante y que no separa de su amor, nos invita a elevarnos más allá del misterio de su dolor, para encontrar en Él, para encontrar en Él a Dios mismo, es decir, el infinito de la omnipotencia con la que creó las galaxias. Eso no lo podemos encontrar en la cruz. La sabiduría que se ha desplegado en la creación y la providencia no es tan fácil de descubrir en la cruz. Pero hay un infinito que no se esconde, sino que brilla en la cruz. Y ese infinito. El que brilla en la cruz es el infinito de su compasión, de su capacidad de padecer, de su entrega sin límite. En ese infinito de su darse, en ese darse infinitamente, se muestra también Dios. O sea que la cruz es el lugar de la revelación de Dios.
En la cruz aparece la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, toda su humanidad y toda su divinidad. Eso es lo que vamos a contemplar en la cruz, y por eso la verdad de Cristo ya no queda oculta, sino manifiesta en la cruz. Y frente a esa verdad va a aparecer también mi verdad, y tu verdad y la verdad del mundo. Ese es el misterio. Ese es el lugar precioso que tiene la cruz de nuestro Señor.

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