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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Con acusaciones y sospechas, los fariseos intentan neutralizar a Cristo; ¿cuánto de eso tenemos nosotros?
Homilía k052008a, predicada en 20140408, con 11 min. y 37 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, una porción considerable del Evangelio de San Juan está dedicada a las controversias, discusiones o disputas entre Cristo y sus adversarios del lado de las autoridades judías o del lado de los fariseos. Es tanto el espacio que San Juan le da a esta parte del ministerio de Cristo que yo creo que no debemos omitirla. Varias veces me he preguntado por qué con ese lenguaje tan hermoso, tan poético, tan simbólico que tiene San Juan, ¿Por qué no hay más de esa parte, llamémosla bonita y poética? Y por qué, en cambio hay varios Capítulos, sobre todo cinco, seis, siete, ocho, en el que estamos en los que se resalta la cara amarga de la predicación de Cristo. Esto no puede ser una coincidencia. Hay una intención del autor al presentarnos de un modo bastante, bastante amplio el rechazo que recibe Cristo. Probablemente una razón es porque los motivos por los que estos adversarios de Cristo le rechazan son motivos que también nosotros tenemos que evaluar en nuestra propia vida, porque quizás sin darnos cuenta, o quizás de un modo consciente, estamos rechazando también a Jesús. Es decir, que al hacer todo este análisis del lenguaje de los adversarios, el evangelista quiere también mostrarnos de qué manera se le ha dicho no a Cristo. De modo que tomemos nosotros advertencia y no seamos de aquellos que se quedan sin recibir al Verbo encarnado. Cuáles son las principales oposiciones que tienen los enemigos de Cristo frente a él. Las podemos clasificar en dos grupos; unas son acusaciones y otras son sospechas. Y las acusaciones son sobre todo dos. Sabiendo que las instituciones más notables de la época de Cristo en el judaísmo eran el templo y el sábado a toda costa, quieren acusar a Cristo de ser un enemigo del templo o un profanador del templo, o un destructor del templo, por una parte, y también presentarlo como uno que es desobediente a la ley sacrosanta del sábado. Esas son las acusaciones principales y varias veces en los otros evangelios y también en San Juan, hemos encontrado que los adversarios del Señor buscan por ese lado atacarle. ¿Por qué hace curaciones en sábado? ¿Por qué no obedece al sábado? Entonces, el templo y el sábado son motivo de polémica. Observemos cómo en el proceso mismo de Cristo, ya en su pasión. Esa es una de las acusaciones que se supone que fue más fuerte. Se salieron unos a decir, nosotros le hemos escuchado que él va a destruir el templo. Eso no lo había dicho Cristo. Pero esa acusación tiene un efecto emocional muy fuerte, por lo que ya hemos explicado, porque el templo y el sábado son las grandes instituciones judías del momento. Eso en cuanto a las acusaciones, el templo y el sábado. Pero además de esas acusaciones están las sospechas. Y las sospechas son un modo resbaloso, un modo sutil, un modo, un modo inteligente, astuto, de desacreditar a Cristo. Las sospechas también son dos principalmente, la primera sospecha es sobre el origen, Este no sabemos de dónde es, este es de Galilea y el Mesías tenía que venir de Judea. No sabemos quién es tu padre, tú no has estudiado, no perteneces a ninguna de las grandes escuelas rabínicas que nosotros conocemos. Es decir, ellos tienden un amplio velo de sospecha sobre el origen de Cristo. No sabemos de dónde es este. Eso es inmensamente importante en aquella época, mucho menos para nosotros. Pero en aquella época era muy importante porque la manera tradicional de presentarse las personas era aludiendo a su origen. Y eso lo encontramos muchísimas veces en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, cuando se va a introducir un personaje se dice bueno, este era Saúl, el hijo de Quis el hijo de no sé qué, el hijo de de otro más, el hijo de alguien de la tribu de Benjamín. Ya en el momento en el que se aclara de dónde es una persona, ya se supone que se la conoce. Eso es muy propio de esta mentalidad semita o de esta mentalidad bíblica que se rige sobre todo por el clan. Si yo sé de qué familia y de qué tribu y de qué origen es una persona, ya sea que atenerme. Obviamente en nuestra época tenemos otros criterios para evaluar a las personas. Quizás en nuestra época interesa más de qué país es, en donde ha estudiado, qué convicciones tiene, si es muy conservador o si es progresista, esas son nuestras etiquetas. En la época de ellos, las etiquetas principales tenían que ver con el origen, las tribus y los clanes. Y por eso a Cristo lo quieren rodear de un manto de sospecha. Este tipo no se sabe de dónde es, realmente no hay claridad sobre él. Y para hacer las cosas más difíciles, Cristo no ayuda mucho, porque Cristo no está aludiendo a su genealogía, como aparece en el evangelio de Mateo, sino que el único origen que Cristo presenta es, Yo vengo del Padre. Punto. Y eso les exaspera terriblemente. No saben qué hacer con una persona que se presenta con esa infinita simplicidad y con esa manera tan directa. Yo vengo del Padre, es el Padre el que me ha enviado. ¿Y cuál padre? ¿Y dónde está su padre? En estos Capítulos, especialmente en este Capítulo Ocho, aparece esa controversia continuamente. La otra sospecha que ellos tienden sobre Cristo es la que aparece en el texto de hoy. Es la pregunta que le hacen. Es la pregunta que le hacen a él. Le dicen, Le dicen, (a dónde está esa pregunta) ¿Quién eres tú? Es la misma pregunta que luego va a estar en labios de de Pilato. Pilato le pregunta ¿De dónde eres? ¿Quién eres tú? Es decir, el mundo en el que se mueven estos escribas y maestros de la ley y gente del Sanedrín es un mundo con muchas capas. Es decir, se presenta una cosa, pero uno en realidad es otra cosa. Hay cosas que hay que decir por aquello de lo que hoy llamamos lo políticamente correcto. Es decir, se maneja un discurso hacia afuera, pero en realidad lo que uno está pensando es otra cosa. Y así funcionaba esta gente, especialmente la casta sacerdotal. Los saduceos eran supremamente hábiles en eso. Hay que mantener un cierto manto de apariencia. Hay que mantener una religiosidad y el rostro muy serio para ofrecer el sacrificio. Pero ya luego en privado vienen las intrigas, las consejas, los manejos en debajo de la mesa, como se dice a veces. Y esta gente estaba acostumbrada al doble rostro, estaba acostumbrada a que una cosa es la misión que se realiza o la tarea que se hace hacia afuera y otra cosa es lo que uno es en realidad y por eso le preguntan una o dos veces, le preguntan esto. Bueno, ¿Usted realmente quién es? Y la respuesta de Cristo es una de las frases más enigmáticas del evangelio de Juan. Así como cuando le preguntan del origen, él responde simplemente, Yo vengo del Padre. Y no dice más. Así, cuando le preguntan ¿Quién es? Mire la respuesta que da. ¿Que quién soy yo? Lo mismo que os estoy diciendo. Yo soy mi propia palabra, mi palabra no es distinta de mí, no pretendan conocer de mí una cosa distinta de lo que yo estoy diciendo. Y este es otro lenguaje que les desespera a ellos. Es el mismo lenguaje que aparece en el proceso de la pasión cuando le preguntan a Cristo bueno, ¿Qué es esa enseñanza que tú tienes? Y Jesús dice bueno, pues pregunten a mis discípulos, yo siempre he hablado en público. Yo no soy de aquellos que manejan un discurso para afuera y otro discurso por allá en los corredores y en los salones y debajo de cuerda. Si quieren saber lo que yo enseño, pregúntenle a mis discípulos. Yo obro de manera abierta, yo soy mi misma palabra. Mi palabra se identifica con lo que yo soy. Entonces, este es como un pequeño inventario de los ataques que rodean a Cristo. Inventario que conviene luego tratar de aplicarlo uno a su propia vida. Soy acaso de aquellos que manejan ciertos discursos hacia afuera, porque hay que mantener una cierta apariencia. Yo tuve un profesor de teología que nos decía bueno, pues en realidad las cosas son de otro modo, pero eso no se le puede decir a la gente, eso no se le puede decir a la gente. Es decir, la gente del pueblo tiene que permanecer ignorante porque no está listo para recibir la verdad. Pero nosotros los teólogos, que sí somos bien estudiados, nosotros manejamos otro lenguaje. Yo me pregunto porque la Provincia me ha dado la oportunidad también de hacer algunos estudios. Yo me pregunto si a veces no trata de meterse en nosotros ese mismo virus, ¿no? Uno maneja una cosa cierto nivel. Nosotros aquí en un petit comité manejamos un lenguaje, pero luego en la promoción vocacional hay que decir otra cosa. En el curso de teología se le dice a la gente, en el curso de teología se le dice a la gente las verdades, pero luego en el púlpito no, la gente no resistiría que la gente se le vaya a decir que no hay milagros. No se puede decir. Pero en la clase de teología sí se dice milagros, no hay papitos, aquí no hay milagros. Pero eso no se le puede decir a la gente. Fíjese que estamos haciendo lo mismo que se presenta acá. Y esa simplicidad y esa manera tan directa de Jesús, de hablar del Padre, eso también es un reto para nosotros, porque también existe la otra tentación y es la tentación de presentar la religión, como lo denuncia el Papa Francisco en su exhortación Apostólica Evangelii Gaudium se presenta la religión como una maraña de procedimientos, procedimientos y burocracias, y resulta que la enorme simplicidad del amor de Dios y la alegría palpable y diríamos espontánea del Evangelio, se pierde. Entonces, fíjese cómo uno sí puede hacer intentos de aplicación de estos fenómenos del siglo primero a nuestra propia vida. Que la hermosa simplicidad de Jesús, que en una hostia se entrega sin reservas y que con amor nos bendice y nos transforma. Que esa simplicidad y esa santidad de Cristo nos cautiven para que podamos servir verdaderamente al pueblo de Dios.

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