Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La multitud de serpientes que muerden al pueblo y lo van diezmando es como una imagen de lo que hace el pecado en la sociedad; pero Moisés levanta la serpiente de bronce, es decir, denuncia el pecado, lo saca a luz, y así pierde poder. Cristo lleva a plenitud esta obra con su sacrificio en la Cruz.

Homilía k052005a, predicada en 20110412, con 4 min. y 3 seg.

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Transcripción:

Sí que es curioso el episodio de la primera lectura de hoy, tomado del Capítulo Veintiuno del Libro de los Números. Allí se trata de un ataque de serpientes contra el pueblo de Israel que está peregrinando por el desierto. Las serpientes, de manera astuta y ponzoñosa, van diezmando al pueblo de Dios. En esto, por supuesto, hay una realidad, pero también hay un símbolo. La realidad es que si a uno lo muerde una serpiente venenosa, lo que cabe esperar es la muerte. Pero hay también un símbolo, porque esa abundancia de serpientes que van diezmando la población se parecen mucho a las plagas que azotan a nuestra sociedad.

Cuando vemos, por ejemplo, nuestra juventud cayendo en el vicio de la droga. Cuando vemos los matrimonios cayendo uno tras otro y por eso oímos tantas noticias tristes. ¿Te acuerdas de tal pareja? Se separaron. ¿Te acuerdas de los otros? Se separaron. Cuando vemos a tantos que pierden la fe, supuestamente porque se han llenado la cabeza de mucha ciencia y de muchos estudios. En esas realidades de nuestro tiempo, como que volvemos a encontrar esta escena de las serpientes. Serpientes que van llegando, que van mordiendo, que van envenenando y corrompiendo todo.

Y entonces Moisés recibe una extraña orden de parte de Dios que haga una serpiente de bronce y que la levante. Y entonces los mordidos de serpiente miran a esa imagen, a esa serpiente de bronce, y quedan curados. Quedan curados al mirar, es algo notable. No se trata de untarse algo en la herida, no se trata de tomar un antídoto. Se trata de mirar. Y ¿Qué es lo característico de este estandarte con la serpiente de bronce? Pues que la serpiente, como todo el mundo sabe, es un animal que caza a base de astucia, es decir, a base de esconderse. La serpiente de bronce, en cierto modo, representa el desenmascaramiento del pecado. El pecado sale a luz, y cuando el pecado sale a luz, entonces pierde su poder. Esto es precisamente lo que uno hace, por ejemplo, en el sacramento de la Confesión. Uno saca a luz la serpiente. Uno dice esta es la realidad, esto es lo que ha pasado en mi vida. Y cuando aparece con plena claridad, con plena fuerza la maldad del pecado, entonces el corazón humano se desconecta de esa maldad y entonces empieza la sanación.

Una idea semejante encontramos en el Evangelio de hoy, tomado de San Juan, Capítulo Ocho, donde Cristo dice en discusión con las autoridades judías de aquel tiempo. Cuando levantéis al Hijo del Hombre, es decir, se refiere al momento de su propia cruz. Y es que efectivamente, en la cruz de Cristo quedó levantado, quedó visible el pecado del mundo, porque las llagas de Cristo no son un accidente, son el resultado de nuestros pecados. Es decir, que la escena que aparecía en el libro de los Números ahora aparece con mayor dramatismo en las llagas de Cristo. Es decir, esas heridas nos están mostrando la realidad del pecado.

De modo que nosotros, contemplando a Cristo crucificado, sepamos en qué consiste, cuál es la verdadera obra del pecado, y podamos así ser liberados. Estuvo contigo Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores.

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