Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo es, Cristo permanece, Cristo se quedó para siempre: ésa es la Alianza en la que vivimos nosotros.

Homilía k052004a, predicada en 20010403, con 12 min. y 4 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos. Se va acercando la Semana Santa. El próximo domingo vamos a escuchar el relato completo de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. En ese momento, cuando estemos escuchando cómo Cristo fue levantado en alto, tenemos que acordarnos de las palabras que oímos hoy: Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que Yo soy. Es una frase que suena un poco rara en español y en otras lenguas. Pues no dice sabréis que yo soy el bueno o que yo soy el inocente, o que yo soy el grande o el pequeño. Simplemente dice: Sabréis que yo soy. Esta es una característica de la manera de hablar del evangelista Juan. Juan le atribuye a Cristo ese modo de hablar.

Vosotros sabréis que Yo soy simplemente eso soy. ¿De dónde viene de esa manera de hablar? Tiene sus raíces en la Biblia misma. En efecto. Cuando Dios le habla a Moisés, allá en el episodio de la zarza ardiendo, Moisés todo asustado, empieza a buscar manera de escapársele a la misión que Dios le va a encomendar. Y entre otras cosas dice Moisés bueno, y si me preguntan ¿Quién me envió? Y entonces Dios le dice Yo soy el que soy. Yo soy ¿Qué significa esta expresión? Significa montañas de cosas, los que se dedican a estudiar la Biblia. Yo creo que cada año le encuentran más interpretaciones a ese modo tan profundo de hablar. Pero todo el mundo parece estar de acuerdo en que cuando Dios dice: es que Yo soy está diciendo que Él permanece, porque las cosas de este mundo un día son y otro día no son.

De pronto está gobernando a alguien que parece muy importante porque tiene mucho dinero, muchos conocimientos, pero una enfermedad, un golpe de Estado, un ataque militar, una crisis económica al suelo con él. Y llega otro que se levanta y el que estaba ya no es, ahora es otro. Lo mismo pasa en el terreno de los negocios. Vemos a una empresa que crece, que prospera, que le va muy bien y de pronto entra en una terrible crisis y se deshizo, se deshizo y tuvo que despedir gente y se acabó, y no pudo, no pudo seguir, ya no, -es feo- pero ya no es. Y lo mismo vemos en el amor humano, cuántas promesas tan lindas se dice la gente cuando está en ese proceso del enamoramiento. Te quiero, te quiero mucho, te quiero más que a mi vida, tú eres mi vida entera, yo viviré para ti. Tres años, cinco años, diez años después me conseguí otra y todo lo que me dijo no, ya eso olvídese. Mejor dicho, eso ya pasó, ya no es.

En cambio, Dios es, Dios permanece, Dios está no se muda. Una gran Santa, Santa Teresa de Jesús, nos brindó muchas enseñanzas en forma de poesías, y entre sus rimas y versos hay uno muy bonito que dice: Dios no se muda, Dios no se muda, Dios no cambia, Dios es, Dios permanece, Dios está. Y en ese permanecer de Dios, está toda nuestra esperanza. Porque si nosotros leemos la Biblia. ¿Qué es lo que nos encontramos en el Antiguo Testamento? Que lo mismo que hemos dicho aquí del poder político, de los negocios y de los afectos humanos. Lo mismo exactamente le pasó al pueblo de Israel. El pueblo de Israel también prometió, prometió, prometió y no cumplió, no cumplió, no cumplió. Dijo que iba a hacer, dijo que iba a estar, y no estuvo, no se quedó.

El Antiguo Testamento es sobre todo la historia de la antigua Alianza. La alianza que se hizo con la mediación de Moisés, la alianza del Monte Sinaí. Y en esa alianza se comprometieron dos Dios y el pueblo. Una alianza, es así entre dos, por lo menos. Y aquí fue Alianza entre Dios y el pueblo, Se comprometieron. Pero ¿Qué es lo que nos muestra el Antiguo Testamento? Que Dios permaneció, el pueblo falló, el pueblo se derrumbó, el pueblo traicionó, dijo pero no cumplió. El ser humano resultó frágil, el ser humano resultó, como dicen algunos jóvenes calceto, salió calceto, salió mentiroso, salió falso el ser humano.

Y ¿Qué es lo que dice Cristo? Y esto es lo que vamos a vivir en unos poquitos días. Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que Yo soy. Es un título divino el que se está dando Cristo, Yo soy, yo permanezco. ¿Por qué es tan importante para nosotros eso? Porque si Cristo es, si Cristo permanece, si Cristo está, entonces la alianza que se funda en la sangre de Cristo permanece, está. Moisés fue el mediador de una alianza que no funcionó. Cristo es el mediador de la Nueva Alianza.

Fíjese que en la Misa, cuando vamos a consagrar el vino como sangre de nuestro Señor Jesucristo, decimos: Este es el cáliz de la Alianza Nueva y eterna, alianza nueva porque la de Moisés se quedó vieja, eterna. ¿Por qué? Porque Cristo es. Moisés tuvo sus dudas, Moisés se cayó, Moisés tuvo sus fragilidades, Moisés no podía comunicar una fortaleza que Él no tenía. Cristo, en cambio, permanece. Cristo es, y por eso la alianza fundada en Cristo, la Alianza en la Sangre de Cristo, es una alianza que permanece, es una alianza que no se rompe. Y de esa alianza vivimos nosotros. Esa es la alianza en la que nosotros estamos fundados. Eso quiere decir que aunque Cristo fue crucificado una sola vez. Esto lo recalca mucho la carta a los Hebreos. Aunque Cristo padeció una sola vez, esa vez vale por todos de una vez por todas, una vez y para siempre, una vez y eternamente. Cristo murió, Cristo entregó todo, le dio todo.

Y así, desde la totalidad y desde la perfección del amor y la obediencia de Cristo, nosotros tenemos una nueva alianza. Podemos fiarnos de esa Alianza en la sangre de Cristo, porque Cristo es. Cristo, le decía a este grupo de fariseos: Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que Yo soy. ¿Por qué en ese momento? Porque cuando llega la traición, cuando llega el dolor, cuando llega la prueba, cuando llega la tentación, cuando uno lo atacan injustamente y se queda solo. Cuando el demonio dispara todos sus dardos, cuando las blasfemias cayeron sobre él como un diluvio, cuando los amigos huyeron y los enemigos aparecieron cuando todo se volvió en contra de él. Ahí es cuando se supone que él se iba a reventar, se iba a quebrar. Ahí es donde se supone que él iba a renegar de su misión. Pero cuando lo levantaron en alto, es decir, cuando llegó esa hora espantosa, Cristo no se corrió como dicen en México, no se rajó, no se quebró, permaneció.

Pero eso es ahora grande, es la hora de la cruz, porque Cristo no se rompió, aunque le pasó todo, humanamente lo peor que le podía suceder, qué es la traición de los amigos, y el encono, y el poder de los enemigos, aunque le pasó todo, no se rajó, no se rompió. Se quedó, permaneció, Él es, Ahí fue cuando supimos, Él es. Y ahora que lo sabemos, sabemos también que podemos confiar en él. Que podemos entregarnos a él. ¿Qué podemos decir? Esta es la alianza que se queda para siempre. Y por eso es la Alianza Nueva y la Alianza eterna.

Sigamos esta celebración en la Alianza Nueva y eterna, porque cada vez que celebramos el Sacramento Eucarístico, esta realidad maravillosa se hace presente en medio de nosotros como fuerza, como luz y como alimento.

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