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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
"Yo Soy el que Soy".
Homilía k052003a, predicada en 19990323, con 8 min. y 22 seg. 
Transcripción:
Tal vez la frase más misteriosa del Evangelio de San Juan ha aparecido en este Capítulo Octavo. En el pasaje que acabamos de oír. Jesús dice: Si no creéis que soy yo, moriréis por vuestros pecados. No dice: Si no creéis ¿Que soy yo?, sino si no creéis que soy yo. El objeto de la fe, ahí no es sobre ¿Quién es Jesús?, sino sobre que Jesús es. Es una situación semejante a la que se presenta cuando Moisés ante la zarza ¿Qué le voy a decir yo al pueblo de Israel que me envió? ¿Quién? Y le responde, y le responde el Señor Dios. Yo soy el que soy. Y diles, que el Que és, te ha enviado. Yo soy el que soy. Este, esta expresión, este énfasis en el ser, luego se repite en los profetas, sobre todo cuando polemizan contra los ídolos. Los ídolos no son nada, en cambio, Dios permanece hasta el punto de que la expresión Yo soy, o también yo soy el Señor. Pero basta lo primero, Yo soy es un nombre divino en el Antiguo Testamento. Cuando Jesús entonces dice: Si no creéis que Yo soy, moriréis por vuestros pecados. Realmente sus palabras tienen una connotación que a la luz del Antiguo Testamento significa, si no comprendéis, que Soy Dios, es una proclamación de la divinidad de Cristo. Ellos no lo entienden así. Jesús dice: Si no creéis que Yo soy, moriréis por vuestros pecados. Lo que hay que creer ahí es que Jesús es. Pero ellos me preguntan ¿Quién es? Y aquí es donde viene la frase esa, la más, la más difícil tal vez de este Evangelio. Ante todo, eso mismo que os estoy diciendo. Yo soy lo mismo que os estoy diciendo, dice Jesucristo según esta traducción. Otra traducción dice: lo que os estoy diciendo desde el principio. Pero lo que parece inevitable es que en esa frase cómo tan difícil Jesucristo relaciona su ser y su Palabra. Como mostrando así de acuerdo con la teología de este Cuarto Evangelio. Como mostrando así, que Él es Palabra. Es como si dijera ¿Quién soy yo? Pues Yo soy palabra. Es decir, que en estas dos frases casi contiguas de Jesucristo, está haciendo como un eco, a lo que, el evangelista nos cuenta en el Capítulo Primero. En el principio existía la Palabra, la Palabra estaba junto a Dios, suele traducirse y la Palabra era Dios. Yo soy lo mismo que os estoy diciendo. Pero antes que eso, Yo soy. Esta firmeza de la expresión de Jesucristo Yo soy. En nuestra tradición dominicana, tiene su exponente en Santa Catalina de Siena. En alguna revelación le decía Dios a ella, Tú eres la que no eres, Yo soy el que soy y así lo enseñó. Luego muchas veces Catalina decía luego ella, de sí misma, Yo soy la que no soy y tú eres el que es. Descubrir que Dios es, descubrirlo de modo superlativo, descubrirlo como apoyo y sustento de la vida y descubrir que todo lo que es subsiste sólo por esa palabra poderosa que es con Él, que es Él. Descubrirnos entonces, subsistiendo en Él por su continuo querer y por su continuo poder. En esto, de acuerdo con Catalina de Siena, está toda nuestra salvación. Esto nos hace al mismo tiempo humildes y vencedores, nos hace modestos y victoriosos, nos hace santos y nos hace perseverantes. Descubrirnos perpetuamente subsistiendo sólo por Él, solo desde Él, solo en su voluntad, en su sabiduría y en su poder. Y aquí está toda nuestra victoria. Porque, ¿Quién tiene poder contra el poder de Dios? De acuerdo con este camino espiritual de Catalina, las estrategias o los ataques del demonio se estrellan y huyen avergonzados frente a la potencia del designio divino, que es el que sostiene. Todos los engaños de las criaturas, es decir, del mundo de la carne. Desfallecen frente a la certeza de que Dios es mi fuente, es mi soporte, es mi raíz, es mi origen. De acuerdo con Catalina de Siena, este descubrimiento espiritual, existencial y místico se vive en el conocimiento de sí mismo. El conocimiento de sí mismo en Dios, el conocimiento de Dios en nosotros. Y por eso quería Catalina que nosotros permaneciéramos en el dulce conocimiento de nosotros mismos y de Dios. Permanecer en el conocimiento de nosotros mismos es permanecer en la verdad de que sólo Dios es y de que su Palabra poderosa nos da. El ser nos conserva en el ser, nos lleva a la plenitud de ser junto a Él.

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