Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

"Yo Soy"

Homilía k052002a, predicada en 19980331, con 7 min. y 56 seg.

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Transcripción:

En un momento clave de la vida de Moisés, cuando él fue llamado por Dios para sacar al pueblo de Egipto, Moisés hizo esta pregunta, bueno, y si, si me dicen ¿Quién te envió? ¿Yo qué les voy a decir? Y entonces Dios le respondió Yo soy el que soy. ¿Qué es? Parece uno de los orígenes de la extraña palabra hebrea que pronunciamos, Yahvé. El que es, el que es, Yo soy el que soy. De manera que la expresión Yo soy, sin agregar nada más, sino simplemente afirmando Yo soy, es una proclamación de divinidad. Cuando Jesús toma esta expresión del Antiguo Testamento y se presenta ante los judíos y les dice: Si no creéis que yo soy, moriréis por vuestro pecado.

Evidentemente, lo que está diciendo es el Dios que se os reveló en el Antiguo Testamento que por medio de señales, portentos, prodigios, que con gran paciencia os ha conducido y os ha hablado ese Dios, ese Señor que os ha hablado. Ese es el que ahora os habla. Yo soy. Está pronunciando una boca humana, aquello que los oídos de Moisés pudieron escuchar como salidos del mismo Dios, Yo soy. De manera que esta expresión dicha así en absoluto, y así está en el original griego Ego Eimi Yo soy. Esta expresión es una manifestación de su divinidad. Aquí se presenta verdaderamente como el Dios que había hablado en el Antiguo Testamento y por eso no agrega nada más. En otros momentos ha dicho Yo soy la luz, yo soy el camino, yo soy la resurrección, yo soy la verdad, yo soy la vida.

Pero aquí simplemente dice: Yo soy una gran contemplativa y apóstol, una gran contemplativa Catalina de Siena era enamorada de esa expresión, Dios es el que es. Nosotros no somos por nosotros mismos, nosotros vamos recibiendo el ser. Y decía ella, Yo soy la que no soy, y en otra ocasión dijo: Soy nada con pecado encima. Estas expresiones no niegan el hecho de que tenemos una existencia, una existencia corporal, una existencia intelectual, una capacidad de amar. No, no se está negando nada de eso, sino se está diciendo que todo lo que nosotros somos, todo es recibido y todo proviene de aquel que es, aquel que no recibe el ser, sino que da el ser. Aquel que hace ser, aquel que es y hace ser. De modo que así se nos enseña que en Jesucristo nos estamos encontrando con el manantial mismo, con la fuente misma.

Podemos comparar al ser humano con el agua de un río que pasa porque todos nosotros pasamos, nacemos, crecemos, trabajamos. Algunos tienen una familia, otros no. Nos enfermamos, nos envejecemos y terminamos, somos un río que pasa. En cambio, el que llega a Jesús, el que descubre el misterio de Dios por los labios humanos de Cristo. El que descubre el amor de Dios por el corazón abierto de Cristo. El que descubre la verdad de Dios por la palabra luminosa de Cristo, ese siente que ha encontrado el manantial. Ese siente que ha encontrado al que es. Este es el que es, este no pasa. Esta es la fuente que no se agota. Y si uno se encuentra con esa fuente y no cree en ella. ¿Qué destino puede tener? Lo dice Catalina y desde luego lo dice antes de ella, el Señor Jesús. Moriréis, moriréis por vuestro pecado. El morir aquí, qué significa esa vida que tú tienes te la ha dado Dios. Pero si tú no te unes al Dios que te da la vida, la vida que tienes se te agota, se te acabarán las pilas, correrá, terminará de correr el agua, se apagará finalmente la luz y te vas a disolver. Morirás por tu pecado.

Hay que tener en cuenta que cuando Jesús habla así en esta discusión con los judíos, no está haciendo solamente llamémoslo como una explicación metafísica en términos de lo que es el ser y lo que es el no ser. Recordemos la referencia primera él está hablando del Dios que dijo: Yo soy el que soy. El sentido primero de las palabras del Señor es ese, el que te ha hablado de tantos modos, el que te ha buscado de tantas maneras, el que ha tenido tantas providencias y caminos contigo, de pronto está aquí, frente a ti, Yo soy. Esta experiencia transforma el corazón, esta experiencia transforma el corazón. Esa es la experiencia de comulgar. Comulgar es eso, recibir la Eucaristía es eso. No es entonces solamente una señal o un símbolo, es una realidad. Me uno a Jesús, me encuentro con la fuente, me sumerjo y bebo del manantial que no se agota, este es Jesucristo. Feliz el que se encuentra así con él. Porque así como el padre no se separa del Hijo al que envió, el Hijo no se separa de aquellos a los que alimenta.

Y por eso dice la Primera Carta de Juan. Os hemos escrito esto para que estéis en comunión con nosotros, y nuestra comunión es con el Padre y con el Hijo. El amor es unitivo, el Padre envía al Hijo y no se separa del Hijo, el Hijo nos alimenta y no se separa de nosotros. Y así, un mismo amor, un mismo espíritu, una misma unidad, nos mantiene en comunión. El Padre Dios dando vida y nosotros recibiendo esa vida. Grandes son estos misterios que nosotros como el Señor Jesús, hagamos siempre lo que le agrada a Papá Dios y su vida esté en nosotros, crezca en nosotros y de su fruto en nosotros.

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