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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El pecado y la Cruz de Cristo

Homilía k052001a, predicada en 19970318, con 3 min. y 41 seg.

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Transcripción:

Poco a poco la Iglesia va dirigiendo nuestra atención hacia el misterio de la cruz de Cristo. Así como Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto, y los que miraban a la serpiente de bronce quedaban curados, así también Cristo fue levantado en la cruz, y quienes miran a Cristo quedan curados. ¿Por qué le mandó Dios a Moisés eso tan raro de la serpiente de bronce? Porque resulta que una serpiente no se deja ver. La serpiente obra como a las escondidas, pero resulta que esta serpiente, cuando la levanta Moisés, es una serpiente vencida.

La única manera de que una serpiente se deje mostrar así en un palo es una serpiente ya vencida. Por ejemplo, cuando ya está muerta, la serpiente que está viva no se deja mostrar, cuando todavía tiene veneno y cuando todavía puede atacar, ella se esconde y no se deja ver. Entonces lo que quiso Dios con Moisés fue mostrar una serpiente vencida. Y así los que habían sido mordidos por serpientes que todavía estaban vivas, miraban a la serpiente vencida y llenos. Deseo en que Dios podía vencer a la serpiente, eran sanados de la picadura de la serpiente. Eso es lo mismo que sucede con Cristo. En Cristo crucificado están todas las desgracias, porque ahí se ven todos los dolores.

Cristo llegó a la cruz porque fue traicionado, porque fue golpeado, porque fue herido, llegó allá por las mentiras, por los orgullos, por las cobardías y en fin, por todos los pecados. Y todos esos pecados quedaron como grabados en la piel de Cristo. Las llagas de Cristo son como la Escritura en la que Dios dejó grabadas todas las miserias de la humanidad. Pero todos esos pecados de la humanidad quedaron en impresos, pero quedaron ya vencidos. Y por eso cuando nosotros miramos hoy a Cristo crucificado es como mirar al pecado, pero un pecado que ya no nos hace daño.

Así como los israelitas miraban a la serpiente de bronce, y esa era una serpiente que ya no hacía daño, nosotros miramos a Cristo crucificado y en sus llagas y dolores vemos los pecados del mundo, pero son pecados que ya no nos hacen daño, porque son pecados vencidos por el amor de Dios. Y por eso en la cruz de nuestro Señor Jesucristo se muestra todo el amor de Dios.

Y ahí fue donde Dios nos salvó de todas las desgracias, donde en realidad nos salvó de la picadura de la verdadera serpiente, que no es simplemente esa que repta por ahí por entre las piedras, sino sobre todo la serpiente del pecado y de Satanás. Cristo en la cruz ha vencido, ha quebrantado el poder de Satanás, ha sanado nuestras dolencias y por eso el que cree en él tiene vida. Hay que saber esto y preparar los ojos para la Semana Santa que ya está tan próxima.

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