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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Lo primero que busca el pecado es ensuciarnos; si no lo consigue, entonces busca destruirnos.
Homilía k051022a, predicada en 20250407, con 6 min. y 53 seg. 
Transcripción:
Hermanos, hoy vamos a dirigir nuestra atención a la primera lectura porque tiene una gran enseñanza sobre lo que es el pecado y creo que una de las cosas que debemos aprovechar en Cuaresma es comprender mejor la naturaleza perversa del pecado. Recordemos que en la Cuaresma estamos acompañando a Cristo en el desierto. Y acompañamos a Cristo para ser partícipes de la victoria que Cristo tuvo sobre las insinuaciones del demonio y, por consiguiente, sobre el pecado mismo.
En la primera lectura de hoy encontramos una historia bastante bien narrada sobre una mujer casada, muy correcta ella, muy fiel a su esposo, una gran mujer. Brilló especialmente en ella la virtud de la castidad. Y por eso este pasaje del capítulo número trece del profeta Daniel se suele titular la casta Susana. Esta mujer fue mal deseada por unos personajes, unos magistrados importantes de aquella época. Obsesionados con ella, vieron en cierto momento la oportunidad para abusar, abusar de esta buena mujer. Ella se opuso, gritó. El crimen no se consumó.
Pero cuando estos hombres perversos se vieron frustrados en su intento, entonces pasaron a otra fase. Y esa otra fase fue buscar la ruina, de hecho buscar la muerte de ella. Y es aquí donde aparece la verdadera estructura del pecado. El pecado, lo que no logra ensuciar, lo quiere destruir. Y ese es el mensaje central que quiero que nos quede claro.
Lo primero que busca el pecado es ensuciarnos, pero si no lo consigue, entonces quiere destruirnos. Permíteme darte tres ejemplos muy diferentes de esta frase tan importante sobre lo que el pecado quiere hacer en nuestra vida. Piensa en el caso de los mártires. Tanto los mártires antiguos de los primeros siglos como los mártires recientes, por ejemplo, aquellos laicos y sacerdotes que están padeciendo torturas, secuestros y muerte en Nigeria. No se nos olviden nuestros hermanos de ese país. Fíjate lo que sucede en el caso de los mártires. Con mucha frecuencia, el primer intento es que ellos desprecien la fe. Que blasfemen, que ofrezcan incienso a los ídolos. O, como en el caso de los mártires de Uganda, que se sometan a las costumbres impúdicas. Costumbres de práctica homosexual que pretendía aquel rey en Uganda. Lo primero es ensuciar. Pero en el caso de los mártires de Uganda y en el caso de los demás mártires, pues ese objetivo no se logra. Entonces, ¿qué sigue? Sigue la tortura y sigue la muerte.
El pecado, lo que no logra ensuciar lo quiere destruir. Algo parecido encontramos, y este es el segundo ejemplo. Cuando pensamos en lo que está sucediendo con los niños y con los jóvenes hoy. Hay toda una presión para acabar con la inocencia de los niños. Toda una fuerza para llenar de vicios todo tipo de vicios, ya se trate de droga, de alcohol, de sexo desordenado en los jóvenes. Pero después de que ese objetivo se logra, o cuando no se logra, entonces viene el camino de la depresión y de la autodestrucción. Y por eso tenemos una auténtica epidemia de suicidios, porque el pecado, lo que no logra ensuciar, pues después lo quiere destruir.
Y el tercer ejemplo que quiero dar es el de nosotros los Sacerdotes. Observemos que muchos Sacerdotes, tratando de caerle bien al mundo, tratando de no ser rechazados, ensucian su corazón y ensucian su predicación. Que Dios me mire con misericordia a mí y a todos. Y si el Sacerdote pretende permanecer fiel con mucha frecuencia es calumniado, se le toma por extremista, se le toma por fanático y en algunos casos es totalmente excluido o castigado. Pasa con Sacerdotes, pasa con Obispos. Así que es necesario que comprendamos que esa es la estructura del pecado.
Y es necesario que comprendamos que esto es parte de algo muy grande que se llama Combate Espiritual. Hay que saber que eso es así para no asustarnos, para no llenarnos de angustia, como decía una vez Cristo a sus apóstoles. Se los digo antes de que suceda, para que cuando suceda, sepan que Yo Soy. Y esa es la verdadera conclusión que debemos sacar aquí. Cuando lleguen esos momentos arduos, esos momentos complejos, tenemos que entender que hay uno que permanece, uno que está a nuestro lado, uno que dijo Yo voy a estar con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. Se llama Jesucristo y en Él está nuestra victoria.

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