Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Ley de Moisés podía interpretarse como el propósito de eliminar al pecado eliminando al pecador; Jesús tiene algo mejor que decir.

Homilía k051021a, predicada en 20240318, con 8 min. y 59 seg.

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Transcripción:

Estas lecturas de hoy nos presentan dos respuestas frente a la realidad del pecado. En la primera lectura, un texto bien conocido de Daniel que solemos titular, La casta, Susana nos cuenta de una manera bastante detallada lo que sucedió en algún momento en tiempos del profeta Daniel. La historia completa que vale la pena recordarla, es que dos magistrados de aquel tiempo estaban perdidamente apasionados por una mujer que era casada de nombre Susana, y organizaron las cosas para tratar de tener algo con ella. Tener intimidad en la práctica, violarla. Ella se opuso y gritó. Y entonces ellos pasaron del deseo y la pasión al odio, y decidieron calumniarla diciendo que ella había gritado porque estaba tratando de defenderse, pero en realidad era una adúltera y que había alguien que estaba con ella.

Así que estos dos, estos dos perversos, acusan a la mujer y de hecho la iban a ejecutar. Pero viene la intervención de Dios a través del profeta Daniel, que muestra claramente la mentira en la que están viviendo esos magistrados. Y la consecuencia, pues ya sabemos cuál es, la consecuencia es que la mujer queda libre como tenía que ser y en cambio a estos perversos, pues les aplican la pena capital y los matan. El texto termina diciendo: Aquel día se salvó una vida en Israel, una vida inocente. Claramente, pues la vida de Susana. Esa es una manera de afrontar el problema del mal. Acabar con el malvado.

Pero el Evangelio nos presenta algo mucho más avanzado También en el Evangelio hace su aparición la maldad, en este caso, efectivamente, la mujer de la que nos habla el Evangelio, pues había cometido adulterio. Y los enemigos de Cristo tratan de ponerlo en un aprieto. Obligándolo a que tome posición frente a la ley de Moisés. Básicamente, lo que ellos quieren es que Jesús diga que hay que perdonar a la mujer para después poder acusar a Cristo y decir: Él desobedece y manda desobedecer la ley. Nunca se esperaban lo que iba a decir Cristo, que es la frase tan conocida: El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. No se opuso a la ley de Moisés, pero la sentencia tampoco se cumplió. El Evangelio termina con esa frase: Tampoco yo te condeno vete y no peques más. O sea que hay una victoria sobre el pecado.

La victoria sobre el pecado, en la primera lectura, la de Daniel, era la eliminación del pecador. La victoria sobre el pecado en el Evangelio es la conversión. Y esa es una gran lección para nosotros. La primera forma de victoria es quitemos a los malos. La segunda forma de victoria es busquemos la conversión de los malos. Es algo que ya estaba anunciado en el Antiguo Testamento y ya desde tiempo atrás. Recordemos esa frase del profeta Ezequiel. Acaso quiero yo la muerte del pecador y no que se convierta y viva. Ahí están las dos cosas. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. En nuestro tiempo se está dando una especie de retorno de esa versión drástica, ruda, la que encontramos ejemplificada en la primera lectura de hoy.

A mí me preocupa que están saliendo a redes sociales una cantidad de videos donde se ve como maltratan a personas que hacen cosas malas. Tal vez uno de los que más me ha impactado que circuló por Twitter es un par de atracadores que le están robando la moto a un señor y efectivamente, pues lo bajan de la moto. Uno de ellos se sube en la moto y la robada y el señor que ha sido robado toma una distancia y saca un arma y dispara y mata a estos atracadores. Así todo en cámara. Pero además de eso es brutal. Luego están todos los comentarios. Centenares de comentarios aplaudiendo. ¡Bien hecho! ¡Así se hace con esa gente! ¡Eso es lo que hay que hacer! Y fíjate que estamos volviendo a lo del profeta Daniel, que es maltratemos, acabemos al malvado, destruyámoslo. Es un impulso muy de la carne, muy de la carne humana. Destruyamos al malvado. Hay que darle duro a esos desgraciados, que es la palabra más suave que dice la gente.

Entonces yo creo que en nuestra época tenemos que aprender a ser predicadores de la conversión. No estamos diciendo aquí ser cómplices frente al pecado ni ser débiles frente al pecado. Pero lo nuestro no es esa brutalidad. Lo nuestro no es esa crueldad. Eso no es lo nuestro. Eso no es lo que nos ha enseñado la Biblia. También, otra aplicación de esto tiene que ver con nosotros mismos. Recordemos que el pecado de murmuración, o de calumnia, de difamación, son pecados que equivalen como a matar a la otra persona, eliminarla. Eso de hablar mal de la gente, así como por su espalda, es una manera de eliminar al que me fastidia.

Lo nuestro es distinto, lo nuestro es lo que dijo Cristo. Lo nuestro es buscar el camino de la corrección fraterna. Y bueno, todo lo que nos enseñó el Señor. Porque también nosotros, a través de nuestras palabras y murmuraciones, a veces estamos matando a la gente, estamos acabando con la gente, aunque no lo hagamos físicamente. Entonces estas lecturas nos ponen un desafío muy grande. Si queremos quedarnos en ese nivel brutal, antiguo, primitivo, o si queremos aceptar el mensaje de Cristo y trabajar con oración, intercesión, penitencia, exhortación para que haya muchas conversiones.

Decía Santa Catalina en una oración; más gloria vas a recibir, Señor, cuántos más se conviertan. El motivo principal de nuestra oración de intercesión es la gloria divina. Inmediatamente después de ese motivo está el bien de nuestros hermanos. Pero eso tiene un orden. Primero buscamos la gloria divina, porque más gloria habrá si se convierte en más.

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