Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo es luz por su ejemplo, porque ilumina las tinieblas de nuestro pecado, porque nos muestra el camino luminoso de la virtud, porque nos abre la realidad el cielo al que estamos llamados.

Homilía k051020a, predicada en 20240318, con 5 min. y 47 seg.

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Transcripción:

En el Evangelio de hoy, Cristo nos asegura Yo soy la luz del mundo. Con la ayuda del Espíritu Santo, vamos a reflexionar. Vamos a descubrir cuatro formas en las que Cristo es nuestra luz.

En primer lugar, Cristo es luz por el ejemplo que nos da. Podemos decir que la vida de Cristo es una vida luminosa. Hay vidas que son oscuras, fundamentalmente porque esconden sus verdaderas intenciones. El tramposo, el estafador, el seductor vive en la mentira. Todos ellos viven en la mentira y muchos otros. Y por eso, como lo dijo el mismo Cristo el que obra mal, huye de la luz. Por el contrario, el que obra bien ilumina a los demás. Por eso también Cristo dijo que brillen nuestras buenas obras, las de nosotros, para que la gente pueda darle gloria al Padre que está en los cielos. Así que Cristo es luz, porque su ejemplo es el más luminoso de todos. Su coherencia de vida, su sinceridad, su humildad, su pureza, su oración, su constancia, todo en Él es un ejemplo. Y ese es el primer sentido en que Cristo es luz para nosotros.

En segundo lugar, Cristo es luz porque derrota a las tinieblas que nosotros llevamos dentro. Esta es una labor ardua, pero supremamente necesaria, que ya realizaban los profetas. Efectivamente, nosotros sabemos que los profetas hacían esa labor, esa hermosa pero durísima labor de denunciar el pecado. Y denunciar el pecado es poner luz, precisamente, donde había oscuridad. Por eso Cristo también denunció pecados. Así, por ejemplo, les dijo en alguna ocasión a los escribas ustedes ni entran al reino de Dios, ni dejan que otros entren. Eso es denunciar. O cuando les dijo con palabras tan supremamente fuertes, les dijo a los fariseos que ellos eran sepulcros blanqueados. O cuando le dijo a Pilato tú no tendrías autoridad sobre mí si no te la hubieran dado. Esta clase de palabras están indicando que Cristo estaba trayendo claridad a las personas. Estaba iluminando la conciencia de las personas y en ese sentido Cristo también es luz.

Cristo es luz en tercer lugar, porque nos enseña cómo vivir en esta tierra. El modo como Cristo con sus palabras, con su Evangelio, con sus parábolas, nos está describiendo lo que es la vida cristiana y que luego predicarían con tanta abundancia los apóstoles, especialmente San Pablo. Esa es una verdadera luz, porque muchas veces nosotros podemos dejarnos atrapar por las mentiras de este mundo. Por ejemplo, uno puede dejarse atrapar fácilmente por la idea de la venganza o por la idea de la astucia, o por la idea de la lujuria, o por la idea de la codicia, es decir, los pecados atraen. Las enseñanzas de Cristo muestran al mismo tiempo la gravedad del pecado y muestran también el esplendor de la virtud. Entonces Cristo ilumina porque marca un camino luminoso, porque marca un camino de virtud. Marca un camino de luz para nosotros, y eso es extraordinario.

Entonces llevamos tres. Cristo es luz por su ejemplo. Cristo es luz porque ilumina, porque trae luz a nuestras tinieblas, las tinieblas de nuestro pecado. Cristo es luz porque muestra el camino luminoso de la virtud, y Cristo es luz porque nos entreabre la realidad definitiva, la realidad del cielo. Cristo nos está mostrando a qué estamos llamados. Y por eso dirá el apóstol San Pedro que nosotros hemos renacido para una esperanza viva. Qué cosa tan hermosa, para una esperanza viva. Nosotros hemos recibido una, podríamos decir, una rendija luminosa que nos deja ver algo de lo que seremos. De esto nos habla la primera carta de Juan cuando dice ahora somos hijos de Dios. Todavía no se ha revelado lo que seremos. Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es.

Entonces, la virtud teologal de la esperanza nos permite tener como un anticipo, una especie de destello de esa gran luz, de esa inmensa luz que es la gloria del cielo. Los santos lo han descrito como la visión beatífica. Y es algo que colma nuestra esperanza, porque allí se realizará lo mejor de nuestros deseos. Así que ya lo sabes. Cristo es luz, Cristo es la luz del mundo. A Él la gloria y el honor. Amén.

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