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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Juzgamos con criterios mundanos cuando empezamos a caer en pecados propios de la carne, que no son solamente los pecados de sexualidad, sino también los que incluyen traiciones a la verdad.
Homilía k051019a, predicada en 20230327, con 7 min. y 13 seg. 
Transcripción:
Hoy vamos a aprender qué significa aquello de juzgar según la carne. Esta es una expresión que aparece en el Evangelio de hoy. Algunas traducciones dicen juzgar con criterios mundanos. Pero si nosotros miramos el original griego dice juzgar según la carne. Carne en griego se dice sarx y esto es juzgar según, katá sárka, según la carne. Bueno, ¿qué quiere decir esto?
Yo creo que esta expresión sobre la carne es muy útil tenerla clara, porque aparece muchas veces. Por ejemplo, San Pablo habla muchas veces de lo que es una mentalidad carnal y en la carta a los Gálatas el mismo apóstol también nos dice los frutos de la carne. Entonces, yo creo que hacer una clarificación sobre la carne es interesante. Sobre todo, repito, porque en este Evangelio se habla del peligro de juzgar según la carne. ¿Cuál es el problema? A ver, la carne por supuesto que en primera instancia, en primer lugar hace referencia a nuestro cuerpo. Nosotros tenemos un cuerpo, o sea, no se podría hablar de pecado según la carne si nosotros no tuviéramos un cuerpo. Pero la cosa es más interesante.
Hagámonos esta pregunta ¿Qué implica tener un cuerpo? ¿Qué implica que nosotros somos corporales? Pues mira como somos corporales, tenemos necesidades, tenemos fragilidades y nos gusta lo que es cómodo, lo que es placentero. Quedémonos con esos tres elementos que nos van a ayudar a entender qué es lo que la Biblia entiende por carne. Repito, tenemos necesidades, tenemos fragilidades y buscamos placeres. Esto es absolutamente normal y propio de nuestro cuerpo, y bien entendido no tiene ninguna clase de pecado. Por ejemplo, tenemos necesidades como alimentarnos y no hay ningún pecado en alimentarse. Tenemos fragilidades como por ejemplo, si me caigo me puedo fracturar, entonces tengo que tener cuidado para no caerme, para no golpearme, para no herirme. Entonces tenemos fragilidades y el hecho de que yo me cuide, el hecho de que yo tome las precauciones para no herirme, eso no es ningún pecado.
Entonces tenemos necesidades, tenemos fragilidades y buscamos placeres. Y buscar algunos placeres tampoco es ningún pecado. Por ejemplo, una persona que está muy cansada ¡Ay, que se recuesta y dice qué delicia! ¿Es un pecado que esa persona descanse y que se sienta a gusto descansando? O que una persona tiene una sed terrible se tome un vaso de agua fresca y diga ¡qué delicia! ¿eso está mal? Claro que no. Entonces lo corporal no está mal, pero lo corporal muy fácilmente nos lleva a ciertos errores y a ciertos excesos.
Por ejemplo, yo tengo una necesidad de alimento, pero la necesidad de alimentarme si no me cuido me puede llevar, por ejemplo, a la gula. Ya cuando hablamos de gula ya no estamos hablando de algo que es correcto. Entonces, a través de una necesidad combinada con una búsqueda de placer, pues entonces se puede caer en un montón de cosas, se puede caer en la pereza, en la lujuria, en la gula. Como hemos dicho, uno puede volverse tan cómodo, pero tan supremamente cómodo, que en su comodidad uno arruina su propio futuro por no incomodarse, por no esforzarse. Entonces ya nos damos cuenta que aunque en nuestras necesidades corporales y en nuestras fragilidades y en la búsqueda de placeres en sí mismo no hay pecado, muy fácilmente pueden darse ciertos pecados.
Pero ahora viene otro aspecto. Y aquí quiero fijarme sobre todo en la parte de las fragilidades. Como nosotros nos sentimos frágiles de muchas maneras, nuestra fragilidad no es solamente fragilidad del cuerpo, como lo que dije no herirme o no quebrarme un hueso. No, no es solamente esa fragilidad estrictamente corporal, sino que, por ejemplo, uno para sentirse fuerte, pues le gusta ser parte del grupo, ser parte, como se dice popularmente, de la manada. Y si a uno le gusta ser parte de la manada, es posible que por el afán de pertenencia, por no disonar dentro del grupo uno empiece a sacrificar su propia conciencia. Y esto lamentablemente lo vemos en el caso de algunos jóvenes. Bueno, pasa en muchas personas, pero es que me duele especialmente el caso de los jóvenes.
Un joven o una jovencita que tiene una convicción, tiene una convicción profunda, tiene una convicción de fe, tiene una convicción provida. Pero resulta que todas sus amiguitas, todas sus amigas, son abortistas, todas sus amigas son super simpáticas, super divertidas y todas son abortistas. Y la que es provida empieza a callarse. Entonces cuando uno empieza a adaptarse al criterio de la manada, cuando uno empieza a adaptarse al criterio del mundo. Por eso algunos tradujeron este texto diciendo vosotros juzgáis con criterios mundanos. Cuando uno empieza a adaptarse al criterio del mundo, al criterio de la manada, entonces ahí está de alguna manera tratando, tratando de rodear, tratando de proteger su fragilidad. Es decir, como es tan duro ser la persona que no está de acuerdo, la persona que disuena. Entonces, para no disonar, para no ser distinto, para que no me rechacen, voy a pensar como los demás y ahí es cuando nos mundanizamos y ahí es cuando juzgamos con criterios mundanos.
En resumen, juzgamos con criterios mundanos cuando empezamos a caer en pecados propios de la carne, que no son solamente los pecados de sensualidad, sino que los pecados de la carne, como lo explica San Pablo en Gálatas capítulo cinco, incluyen todas esas traiciones a la verdad, ese actuar, por ejemplo, por la sola conveniencia, aún sabiendo que algo no es correcto, eso es juzgar según la carne. Y ese juzgar según la carne siempre supone una traición a la verdadera voluntad, al querer verdadero de Dios. Así que gran lección, ya aprendimos algo. ¿Qué significa juzgar según la carne? ¿Por qué eso nos hace daño? ¿Y por qué Cristo quiere que nosotros salgamos de esa traición?

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