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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Pidamos al Señor que en los momentos de angustia, donde nos encontramos en situación de estreches y de presión podamos permanecer fieles al Él.
Homilía k051015a, predicada en 20200330, con 4 min. y 58 seg. 
Transcripción:
Uno puede preguntarse por qué se lee este texto largo que más parece como de una novela. El texto de la primera lectura de hoy ha sido tomado del capítulo número trece del profeta Daniel. Es una historia que se suele conocer con el título de la casta Susana. Susana es el nombre del personaje principal de ese relato que, repito más parece como de una novela. No sabría yo decir de qué país. Mejor no digamos países. Una novela. Esta es una mujer casada que se ve en una situación absurda y buscando la fidelidad a su matrimonio. La pureza de su cuerpo se ve condenada a muerte.
Estaríamos hablando entonces de una mártir. Una persona que está haciendo las cosas bien. Una persona que está haciendo lo correcto y que sin embargo resulta acusada y resulta sufriendo. La persona que la saca a ella de semejante situación es el profeta Daniel, porque cuando todos decían que ella era culpable, Daniel dice yo soy inocente de la sangre de esa mujer, soy inocente, soy inocente de esa muerte. ¿Por qué lo dice? Porque él presiente que hay algo turbio en esa condena y porque él logra, guiado por Dios, con la inspiración de Dios, castigar al culpable y salvar al inocente. Eso está muy bello.
Pero yo quisiera que nos fijáramos en la mujer, que nos fijáramos en Susana, porque de algún modo Susana es un modelo de lo que debe ser la Iglesia y un modelo de lo que debemos ser cada uno de nosotros como cristianos y como creyentes. A ver, en síntesis, la situación que se le presenta a ella es o pecas o te condenamos. La ponen en una situación en un aprieto espantoso. Este par de ancianos depravados que estaban obsesionados con ella cuando logran quedarse a solas con ella en el jardín, entonces pues quieren abusar de ella y ella no lo permite. Y entonces le dicen pues si no vas a pecar con nosotros, entonces vas a sufrir. Y Susana se mantiene firme. Es decir, la están extorsionando.
Seamos claros, la están empujando en la dirección del pecado. O cometes el pecado o te va a ir mal. Y lo grandioso de Susana. Lo grandioso de ella no es solamente su pureza de mujer casada, su castidad, la castidad propia de una mujer casada. No, lo grandioso de ella no es simplemente la castidad, que es, por supuesto, digna de elogio. Pero lo grande de ella no es eso. Lo grande de ella es la capacidad de afrontar la amenaza de afrontar la extorsión propia del pecado manteniéndose fiel. Es decir, que la fidelidad de su cuerpo es admirable, pero la fidelidad de su corazón es más admirable.
Y quizás es poco probable para muchos de nosotros que nos veamos en una situación donde la fidelidad de nuestro cuerpo esté comprometida, como le pasó a ella. Tal vez eso no nos va a suceder a nosotros, pero lo que sí nos va a pasar a nosotros es la otra amenaza. O pecas o te va mal, o cedes al pecado o te va mal. Eso sí que nos pasa a nosotros. Eso sí que llega a nuestras vidas. Y lo importante, y esa es la lección más grande que creo que nos deja Susana. Lo importante es que en ese momento nosotros estemos dispuestos a seguir el camino que parece más angosto, que parece más duro. Por algo Cristo dijo Angosta es la puerta que lleva a la salvación.
En esos momentos de angustia, angustia viene de angosto. En esos momentos de angustia donde nos sentimos en situación de estrechez y depresión, que nosotros podamos permanecer fieles al Señor, como permaneció esta gran mujer que entre otras cosas tiene las características de las mujeres en la Biblia, las buenas y santas mujeres en la Biblia. Todas ellas aparecen como mujeres bellas, sabias, fuertes y fecundas. Bueno, bendición para las mujeres y una lección para todos nosotros.

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