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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cuidado con las opiniones que damos de las personas porque desconocemos demasiado sobre ellas. Solo Cristo conoce nuestra verdad al conocer plenamente su origen en Dios.
Homilía k051014a, predicada en 20190408, con 5 min. y 59 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy está tomado del capítulo octavo de San Juan. Nos presenta una controversia, una de muchas controversias entre nuestro Señor y los fariseos. Llama la atención una frase que suena fácil, pero que no es tan fácil de entender. Dice Jesucristo Aunque yo dé testimonio de mí mismo, mi testimonio vale porque yo sé de dónde vengo y sé a dónde voy. Y luego dice Ustedes no saben de dónde vengo ni a dónde voy. Y añade Ustedes juzgan con criterios mundanos.
Son frases profundas, son frases densas y con la ayuda del Espíritu Santo queremos entenderlas antes de que termine esta Cuaresma. ¿Qué nos está diciendo Jesucristo? Yo creo que esas tres frases las podemos entender mejor si relacionamos las últimas dos. Cristo dice Ustedes no saben de dónde vengo ni a dónde voy y ustedes juzgan por criterios mundanos. Lo que dice en griego es kata sarka, que quiere decir según la carne, una expresión que alude a juzgar únicamente por apariencias. O en otras circunstancias, juzgar por los propios gustos, juzgar por lo que me conviene, juzgar por la moda del momento. Todo esto está incluido en la expresión juzgar según la carne, kata sarka o lo que traduce en muchas Biblias juzgar con criterios mundanos.
Cuando nosotros juzgamos con criterios mundanos, en realidad desconocemos la verdad profunda de esa otra persona. Seguramente has escuchado esa expresión. Hay que ponerse en los zapatos de la otra persona. Hay que conocer la realidad de la otra persona. Básicamente, Cristo está diciendo lo mismo. Está diciendo Ustedes no conocen mi realidad, ustedes no conocen mi verdad profunda, porque ustedes no conocen de dónde vengo ni a dónde voy. De hecho, los fariseos estaban seriamente equivocados con Cristo, porque ellos pensaban que Cristo era de Galilea, cuando en realidad había nacido en Belén de Judea. O sea que hasta en ese aspecto puramente externo, material, mundanal, estaban equivocados con respecto a Jesucristo.
Lo que está diciendo el Señor es que ellos se equivocan al juzgarlo. Porque en realidad no lo conocen, no conocen en profundidad ni su historia ni su camino. No conocen en profundidad su origen. Si no conocen su origen siquiera en esta tierra, mucho menos conocen su origen eterno. Porque sabemos que Él es eterno como el Padre. Él es la Palabra que se ha encarnado. Entonces de ahí podemos sacar una enseñanza útil para nosotros. De ahí podemos sacar una conclusión, y es que evidentemente el origen de nuestras equivocaciones al juzgar está en que desconocemos demasiado de las otras personas.
Así como los fariseos desconocían todo, casi todo sobre Cristo, así nosotros desconocemos mucho sobre las otras personas y por eso cuando pretendemos condenar, nos equivocamos. Eso no significa que no tengamos una opinión clara sobre qué es lo bueno y qué es lo malo. Si yo veo, por ejemplo, una persona que está golpeando a un niño inocente, yo sé que eso está mal hecho. Yo no sé cuál es la historia de esa persona y por qué se porta así con ese niño, pero yo tengo plena claridad de que lo que está haciendo está mal. Es decir, Cristo, con este tema de juzgar o de no juzgar, Cristo no nos está invitando a que nosotros caigamos en una especie ¿cómo lo llamaría yo? Caigamos como en una especie de laxismo y que todo da lo mismo.
Pero ahora si vamos con la frase del principio, dice el Señor Mi testimonio vale porque yo conozco de dónde vengo y a dónde voy. Esa autoposesión, esa claridad que Jesucristo tiene sobre sí mismo, esa profunda claridad que Cristo tiene sobre sí mismo. Sobre su origen en Dios y sobre cómo en Dios, a través de creación, tiene su origen cada ser humano, cada persona. Eso es lo que le da verdad a los ojos de Cristo. Y esa verdad que hay en los ojos del Señor, esa verdad es la que nos ayuda a descubrir por qué en Él las palabras tienen esa fuerza. Porque Él dice Mi testimonio es verdadero. Su testimonio es verdadero ¿por qué? porque su mirada es absolutamente clara. Es una mirada que recorre hasta la profundidad de su propio origen en Dios y hasta la profundidad de su propia misión de darle la gloria a Dios y de traer la reconciliación a la especie humana. ¡Cuánta verdad! ¡Dios mío, cuánta densidad hay en esto que nos enseña!
Básicamente son dos cosas. Primero, tengamos mucho cuidado con las opiniones que damos de las otras personas, porque es demasiado lo que desconocemos de ellas. Y segundo, acerquémonos a la mirada luminosa de Cristo, porque Él nos conoce, porque Él conoce nuestra verdad, porque Él conoce su propio origen en Dios y Él conoce también nuestro propio origen. Y por eso la Palabra que Él nos da es una palabra cargada de verdad, es una palabra cargada de luz, y por eso Él puede decir Yo soy la luz del mundo.

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