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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
A pesar de que el pecado hunde sus raíces hasta lo más profundo, Dios abre caminos inesperados para que éste se denuncie y la victoria sea del Señor.
Homilía k051013a, predicada en 20170403, con 5 min. y 6 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy ha sido tomada del capítulo número trece del libro del profeta Daniel. Es una historia que uno recuerda muy bien, aunque solo la haya escuchado una vez, porque es la historia de cómo se rescató una vida inocente. Además, es una historia que tiene que sonarnos bastante cercana. Sí, hemos oído, como creo que es el caso de todos nosotros. Sí, hemos oído tantas, pero tantas veces la palabra corrupción.
Porque finalmente, de lo que se trata aquí es de cómo una mujer inocente llamada Susana, fiel esposa de su esposo, fue acusada de adulterio o de intento de adulterio, y fue acusada precisamente por los que estaban tratando de violentarla. Estaban tratando de violarla. Es decir, que no solamente querían hacerle daño, sino que al no lograr el daño de la violación entonces quieren lograr sobre ella el daño de una acusación injusta y eventualmente de la muerte.
Y eso es lo que creo que vale la pena subrayar aquí. Hasta dónde llega la corrupción. Porque estos hombres que pretendían abusar de la buena mujer llamada Susana eran jueces. Es decir, se supone que tenían el encargo de administrar justicia en nombre de Dios. Pero utilizan su posición de responsabilidad y de autoridad como una cortina para esconder la podredumbre de la corrupción de su corazón. Porque en el fondo, lo que querían hacer con Susana es lo que ya habían hecho muchas otras veces con muchas otras mujeres inocentes, aprovecharse de ellas, valiéndose de que finalmente el pueblo le daría credibilidad a los jueces que se apoyaban mutuamente y en su complicidad lograban muchas cosas.
El tema central de la primera lectura, es cómo la corrupción va penetrando todo. Va llegando a todas partes, va llegando al gobierno, va llegando a la justicia, va llegando a los ricos, a los poderosos, a los entendidos, a los letrados, a los intelectuales, porque todas esas características las tenían estos hombres. Eran efectivamente de buena posición de autoridad. Eran gente respetable, eran gente con estudios, tenían los estudios que se podía tener en aquella época y ellos que tenían esas características, pues ya ves cómo utilizaron lo suyo simplemente para beneficio propio y de la manera más asquerosa y repugnante posible.
O sea que el tema es la corrupción. Y cuando salen esta clase de pasajes en la Biblia siempre hay dos pensamientos que me visitan. Primero, darnos cuenta de cómo la Palabra de Dios de verdad retrata lo que sucede en la realidad de la vida. Es decir, no es una cosa bonita, simplemente. La Biblia no es una colección de historias edificantes de personas que logran cosas imposibles. La Biblia está mostrando lo que nosotros, seres humanos reales, sufrimos en nuestra vida real.
Pero lo segundo es que en pasajes como el de hoy aparece esa novedad de Dios. El pecado tiene la característica de repetirse. El pecado no tiene creatividad, porque en el fondo el único que es autor de genuina novedad es Dios, que es Creador. En la Biblia el verbo crear está reservado únicamente para Dios. Solo Dios es Creador. Los demás son repetidores y el pecado en concreto es el reciclaje de lo mismo y de lo mismo. Tú miras los pecados que se cometían en Roma, los pecados que se cometían en Esparta, los pecados que se cuentan aquí en el libro de Daniel. Y te das cuenta de que el corazón humano es podrido de formas muy semejantes.
Por ejemplo, eso de utilizar el poder para abusar de la gente inocente con el único objetivo de deleitarse, el autor del crimen. Eso es de toda la vida. Entonces la enseñanza es doble. Primero, que nos demos cuenta de cómo el pecado hunde sus raíces y cómo el pecado tiene una capacidad de penetración que realmente asusta. Pero, por otro lado, cómo Dios abre caminos, caminos inesperados para que finalmente el pecado quede denunciado y para que la victoria sea suya. O sea que al mismo tiempo es un mensaje de realismo y un mensaje de inmensa esperanza.

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