Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Para los judíos, se conoce a la persona conociendo su origen. Cristo afirma que sin conocer al Padre, que ha hablado desde antiguo, no se puede conocer a Cristo.

Homilía k051009a, predicada en 20140407, con 5 min. y 40 seg.

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Transcripción:

La escena de hoy en el Evangelio tomado del capítulo octavo de San Juan. Como tantos otros pasajes de este Evangelio, es un poco misteriosa, sobre todo por la manera como Cristo responde a la objeción que ponen los fariseos. Es la siguiente, tú estás dando testimonio de ti mismo y, por consiguiente, tu testimonio no vale. Vamos a reconocer que esa es una objeción razonable. Si una persona pretende acreditarse simplemente por el uso de sus propias palabras. Yo soy esto, yo valgo tanto, yo puedo tanto. Pues esas palabras no nos dicen demasiado. En general, solemos tomar un poco de distancia frente a las personas que dicen cosas demasiado grandes de sí mismas y lo que Jesús está diciendo con su Palabra y con su propia misión es supremamente grande.

El Evangelio de hoy, por ejemplo, comienza con aquello que dice Jesucristo Yo soy la luz del mundo. Esas parecerían las palabras tal vez de de un loco, o de un soberbio, o de un vanidoso. Y por ese lado atacan los fariseos diciéndole hombre, lo que usted diga de sí mismo, pues eso, qué tanto valor tiene. Por eso digo que aunque es una objeción amarga y hasta cierto punto malintencionada, tiene algo de razonable. La respuesta de Cristo es bien extraña. Jesús dice mi testimonio de mí mismo, sí vale. Porque yo sé de dónde vengo y a dónde voy. Ustedes no saben ni de dónde vengo ni a dónde voy.

Y esa respuesta yo creo que nos deja perplejos a nosotros, como tal vez dejó perplejos a los fariseos. Para comprender lo que Cristo estaba diciendo, hay que meterse un poquito en el ambiente cultural de aquellos judíos. Para ellos, la manera de conocer quién es una persona es conocer su familia. De hecho, esa mentalidad permanece bastante también en nuestra época, allá en el Medio Oriente. En el mundo judío y en el mundo musulmán eso permanece bastante. La pregunta de dónde es alguien. Es decir, ¿de qué pueblo? ¿de qué región? ¿de qué clan? ¿de qué familia? Es la pregunta fundamental para saber, por ejemplo, si se puede hacer negocios con esa persona o para saber si hay que tomarla en serio o para saber, incluso si hay que tenerle miedo.

Esta clase de preguntas las responden los semitas, las responden los judíos, básicamente mirando la familia, mirando el origen Y dos personas distintas que digan las mismas cosas. Pues si son de familias diferentes son recibidas de modo diferente. El que viene de una familia de confianza, aunque traiga propuestas muy extrañas, será bien recibido. El que viene de una familia con la que hay mucho distanciamiento, aunque traiga algo aparentemente seguro, será recibido con desconfianza. Es en esa línea en la que creo que debemos entender lo que dice Cristo.

Ustedes no saben cuál es mi familia. Ustedes no saben cuál es mi Padre y como no saben cuál es mi padre, no saben si yo soy digno de fiar. Como ustedes no conocen mi Padre, entonces ustedes no conocen la calidad que tienen mis promesas, ni tampoco conocen los tesoros que puedo ofrecerles. Porque desconocen mi familia, porque desconocen mi mi Padre. Y entonces ellos le preguntan ¿y dónde está tu Padre? Y Él dice. Es que ustedes no conocen a mi Padre ni me conocen tampoco a mí. Parece como un círculo vicioso.

Pero las palabras de Cristo no son simplemente un juego de palabras. Es que el Padre de nuestro Señor Jesucristo, ya se ha ido revelando a través básicamente de la Sagrada Escritura. Entonces, conocer al Padre es conocer esa Palabra, es conocer esa Alianza, es conocer esa riqueza. Y a medida que uno va conociendo quién es el Padre, entonces va conociendo que ese Padre quiere darnos a su Hijo y va conociendo que ese Padre puede darle a ese Hijo una potestad de un nombre sobre todo nombre. Ese es el camino que no han hecho los fariseos, pero es el camino al cual somos invitados nosotros. Conocer al Padre y conocer al Hijo.

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