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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Brilla la justicia de Dios cuando Susana, casta mujer, es rescata de una condena a muerte que no merecía. Brilla aún más la misericordia del Señor cuando una adúltera es perdonada y salvada por Cristo.

Homilía k051006a, predicada en 20110411, con 4 min. y 17 seg.

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Transcripción:

Estamos empezando con pie derecho, la semana quinta de Cuaresma y en este lunes dos mujeres aparecen como protagonistas en los textos de la Misa. En el primer caso, Capítulo Trece del profeta Daniel, tenemos a una mujer inocente condenada a muerte. La intervención del joven profeta Daniel la rescata de esa condición desesperada. La historia en sí misma es como una pequeña novela. Esta mujer era muy deseada por dos magistrados de aquella época. Eran encargados de administrar justicia, pero ellos mismos cometían multitud de injusticias, favoreciendo únicamente su provecho y su placer. Estos dos ancianos corruptos quieren abusar de una mujer recta llamada Susana. Sin embargo, Susana grita con todas sus fuerzas cuando va a ser abusada y entonces ellos pretenden extorsionarla diciéndole que si no admite ser abusada la van a acusar de adulterio y así lo hacen. Se trata ya no de lograr el placer que ellos pretendían. Se trata de vengarse de ella, porque la castidad de Susana ha puesto una barrera en las pretensiones arrogantes e impuras de estos hombres indignos. Así pues, Susana iba a ser condenada injustamente a muerte. Y Daniel, con una estrategia muy sencilla pero muy eficaz, logra desenmascarar este engaño. Se salvó esa vida, termina diciendo el texto de Daniel.

Y otra vida se salva en el Evangelio de hoy Es la vida de una pecadora. Sí, Susana era una mujer recta. Pues la del Evangelio de hoy Capítulo Octavo de San Juan, es una adúltera. Y, sin embargo, también esta vida se salva. Y yo creo que ese perdón que le da Cristo también con una estrategia muy sencilla, diciendo a los que la perseguían: El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Esta mujer que resulta perdonada y salvada de algún modo representa el poder de la misericordia salvadora de Dios.

Es decir, que del texto de la primera lectura podemos aprender cómo Dios es justo. Pero del texto del Evangelio podemos aprender cómo incluso más allá de su justicia está su compasión, está su misericordia. Y de aquí tenemos que aplicar algo a nuestra vida. Tenemos que recordar que en nuestra vida también se cumple esa justicia de Dios. Muchas veces uno no la ve. Susana, por ejemplo, cuando iba siendo conducida para ser ajusticiada. Sin duda lo único que hubiera podido decir si alguien la hubiera entrevistado es, Dios es injusto. Pero fíjate cómo al final, en el desenlace de los acontecimientos, brilla esa verdad misteriosa de Dios, esa justicia de Dios.

Así que estas lecturas nos invitan a no precipitarnos juzgando a las personas y mucho menos juzgando a Dios. Pero luego está el mensaje de la misericordia, una característica profundamente divina. Y creo que cada uno de nosotros tiene alguna historia de misericordia que contar. Nuestro Dios no solamente es justo. Nuestro Dios es compasivo y su compasión es la que marca la gran diferencia en nuestras vidas. Justicia y misericordia de Dios, que son como carriles por los que debe avanzar nuestra vida cristiana.

Estuvo contigo Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores.

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