Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Solamente la verdad crea unidad.

Homilía k051002a, predicada en 19980330, con 6 min. y 39 seg.

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Transcripción:

La frase enigmática que tiene Jesús en este evangelio a partir del versículo doce de ese Capítulo Octavo es: Mi testimonio es válido porque sé de dónde he venido y a dónde voy. Las palabras de Jesús en el Evangelio de Juan suelen ser misteriosas. Encierran como un enigma. Parecen no dirigirse directamente al tema que se está conversando. Pero estas salidas de Jesucristo contienen preciosas enseñanzas. Y si nosotros, con la gracia del Espíritu podemos entender ese pensamiento que nos deja Jesús, habremos logrado un poco más, un grado más en la comprensión de su misterio. Un poco más de luz. Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es válido porque sé de dónde he venido y a dónde voy. Luego manifiesta que ha venido del Padre.

Y cuando le preguntan ¿Dónde está el Padre? Pues el Padre está donde está Él. Y me conocéis a mí, ni a mi padre. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi padre. Y sin embargo, son dos. Porque dice: Está escrito en vuestra ley que el testimonio de dos es válido. Estos textos, dicho entre paréntesis, han sido muy importantes para el conocimiento y para el enunciado del misterio trinitario. Son dos, y sin embargo el que conoce al Hijo, conoce al Padre. Pero volvamos a lo que Jesús dice: Mi testimonio es válido porque sé de dónde he venido y a dónde voy. Jesús, en el Evangelio de Juan, sobre todo en este evangelio, muestra al mismo tiempo la grandeza y la relatividad del pueblo judío. Por ejemplo, a la samaritana le dice abiertamente: La salvación viene de los judíos. Pero a los judíos que se sienten orgullosos del templo les dice: Destrúyanlo y yo lo reconstruyo en tres días. Jesús se presenta como un judío, plenamente judío, pero al mismo tiempo como alguien que relativiza el judaísmo. Algo parecido sucede aquí, le dicen los fariseos, argumentando desde la ley: Si tú das testimonio de ti, tu testimonio no es válido. Ese texto no es un razonamiento de ellos.

Ellos están aludiendo a un texto del Pentateuco donde se dice que para que el testimonio sea válido tienen que ser por lo menos dos o tres. Pero así como Jesús se va a la esencia de la ley del sábado y muestra que el Hijo del Hombre es mayor que el sábado y que el sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado. Así como Jesús se vaya al núcleo de lo del sábado, aquí se va al núcleo de esa prescripción de que haya dos o tres. ¿Qué era lo que se pretendía con eso de que el testimonio fuera de dos o tres? ¿Qué era lo que se pretendía entonces? Se pretendía que se llegara a la verdad. Se pretendía que, como muestra la primera lectura en aquella historia dramática de los viejos y Susana. Dos personas no pueden ponerse completamente de acuerdo en la mentira. Siempre hay un momento en el que los que trabajan juntos para el mal se separan, porque en el fondo, cada uno pretende su interés. Lo que hay de fondo, de fondo, entonces, es que la mentira no tiene unidad. Solo la verdad crea la unidad. La mentira no tiene unidad.

Y por eso, si nosotros tomamos el testimonio de dos o tres, lo que estamos diciendo es solo la verdad tiene unidad. Los mentirosos no pueden llegar a ponerse de acuerdo en todo, porque finalmente el pecado se destruye a sí mismo. Pero esa es la sentencia que dice el joven Daniel: El ángel del Señor te va a partir por medio. Eso no es solo una descripción espectacular del castigo que le viene encima. Es una manera de decir has roto tu unidad. La mentira te destruye, la mentira te resquebraja, te rompe por dentro, Has perdido tu unidad. Ya no eres uno, te has roto porque has mentido. De manera que el espíritu de esta ley de que estaba en el Pentateuco. Cuando se habla de dos o tres, lo que se quería decir era eso solo la verdad tiene unidad, y por consiguiente, cuando se pregunta a dos o tres no se pueden haber puesto de acuerdo en todo. Jesús dice: Mi testimonio es válido porque sé de dónde he venido y a dónde voy. Él ha venido de la fuente misma de la verdad, y Él mismo expresa y manifiesta esa verdad.

De manera que cuando nos encontramos con la fuente de la verdad, las muletas, los instrumentos, los requerimientos, como eso de los dos o tres testigos, ya no tienen nada que hacer. Eso como el sábado y como las demás prescripciones judías eran solo herramientas, instrumentos, muletas provisionales, andamios provisionales para buscar el querer de Dios. Pero cuando Dios está manifestando plenamente, cuando Dios está mostrando plenamente esos testigos adicionales. Y el sábado, el templo y la ley. Todo debe quedar de lado, porque ahora es Dios el que se está mostrando. Por eso les dice Jesús: Este es el testimonio que realmente vale. Porque esta es la plenitud de la revelación del Padre.

Pues vamos a coger nosotros ese testimonio, vamos a recibir ese testimonio, vamos a leer en la vida de Cristo todo lo que se puede saber del Padre Celestial. Podemos decir que Cristo es Dios dicho en lenguaje humano. Pero es todo Dios, ya no queda más por decir. Y por consiguiente, en la meditación, en la lectura, en la adoración del misterio del Verbo Encarnado, encontramos toda la teología que saben los ángeles, encontramos toda la sabiduría, los abismos de sabiduría de que se gozan los cielos. Que el Señor nos dé ojos para leer este este libro, oídos para escuchar este testimonio y para gozarnos en la verdad infinita del Verbo hecho carne.

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