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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo puede juzgarnos porque ha sido como nosotros, Él sabe qué es ser humano; porque es oferta de salvación, al ser nuestro Salvador puede ser nuestro único juez y porque no podemos negar que lo conocemos y no podemos negar su Palabra y su luz.
Homilía k043016a, predicada en 20210317, con 7 min. y 56 seg. 
Transcripción:
Seguramente nos hemos dado cuenta que, los textos del Evangelio para las misas de estos días, están siendo tomados de manera consistente del Evangelio según San Juan. Y déjame decirte que esa tónica va a seguir. El Evangelio de Juan nos va a acompañar en la mayor parte de lo que queda de esta Cuaresma y también va a estar presente con bastante abundancia en el tiempo pascual.
En el día de hoy, encontramos una parte de esas tensas conversaciones, muchas veces discusiones que Jesús tiene con distintos judíos, particularmente con autoridades judías. Y hoy aparece una frase que es profunda, pero que no la vamos a dejar de reflexionar, Jesucristo dice que el Padre, Dios Padre no juzga, sino que le ha dado al Hijo toda la potestad de juzgar. Esto es lo primero que hay que subrayar, la importancia del verbo juzgar. Muchas personas se quedan en un nivel completamente superficial en lo que tiene que ver con el verbo juzgar. Únicamente se quedan con aquella frase de, quién soy yo para juzgar. Y apenas nos oyen opinar de cualquier manera sobre un comportamiento inmoral, de inmediato dicen, no juzgues, no juzgues. Y eso es todo lo que ellos saben del verbo juzgar.
Pero resulta que, si esa manera de ver el verbo juzgar fuera correcta, entonces uno tampoco podría decir nada cuando una persona roba, cuando una persona abusa de otro, cuando una persona se queda con los dineros del pueblo porque es un corrupto o cuando una persona destruye la fama de otro, también ahí tendríamos que quedarnos callados y vamos a ser coherentes. Y también ahí uno tendría que decir, no juzgues, no juzgues, eso es absolutamente superficial, es una interpretación parcializada y acomodaticia.
La verdad es que el verbo juzgar es un verbo muy importante y muy bello en la Biblia, porque juzgar significa pronunciar sentencia sobre el camino o el destino de una persona. Y ahí se entiende por qué Cristo nos dice en su respectivo contexto que no juzguemos, lo que Cristo está diciendo no es que queda prohibido opinar sobre el comportamiento de otras personas, porque ya sabemos que Cristo mismo nos mandó corrección fraterna. Y cómo puede darse corrección fraterna si yo nunca le puedo hablar a nadie de lo que está haciendo mal, es absurdo. Dar una opinión razonada, caritativa, sobre lo que otra persona está viviendo, no es juzgar, es corrección fraterna y es algo que Cristo nos ha mandado. Juzgar, en cambio, es un verbo muy importante, ya lo dije, y es un verbo que tiene que ver con pronunciar sentencia sobre el destino, sobre el desenlace de una persona. Y eso es lo que yo no debo hacer, yo no debo tomar el lugar de Dios para asegurar en dónde o cómo va a terminar una persona, solo Dios lo sabe. Esa es la parte que le debo dejar a Dios, de lo demás no nos dejemos confundir por nadie, por favor.
Pero ahora viene lo del texto de hoy ¿por qué dice Cristo que Dios Padre no es el que juzga, sino que ha otorgado al Hijo toda la potestad de juzgar? Es una pregunta muy densa, pero ya dije, no la vamos a esquivar. Intentemos responder y encontraremos por lo menos tres respuestas. Tres respuestas profundas útiles. La primera, observa que Cristo puede juzgarnos porque, dice la carta a los Hebreos que Él ha sido en todo como nosotros, menos en el pecado, y también que, Él aprendió sufriendo a obedecer. La humillación y el sufrimiento de Cristo, y, ante todo, su participación en nuestra misma naturaleza humana, hace que Él, Él y solamente Él, ni el Padre, ni el Espíritu Santo, Él puede decir que conoce por experiencia propia lo que es nuestra naturaleza. A veces, cuando queremos que una persona no opine sobre nuestra vida, decimos, es que tú no sabes lo que yo estoy viviendo. Pues Cristo es uno que sí sabe lo que estamos viviendo y que, en cierto sentido, ha llevado esa experiencia de vida humana hasta el extremo más profundo y a la vez más sublime, el extremo de la cruz. De manera que Cristo sabe qué es ser humano, Cristo lo conoce bien.
En segundo lugar, aquello de que Cristo es el que puede juzgarnos tiene que ver con el hecho de que Él es la oferta de salvación. Vamos a mirarlo con esta imagen muy sencilla, imaginémonos una persona que le ofrece ayuda a otra persona, por ejemplo, Álvaro le ofrece ayuda a Roberto. Álvaro le dice a Roberto: -Mira, aquí estoy yo para colaborarte. Aquí estoy yo para colaborarte. Sé que tienes un examen muy difícil, pero aquí estoy yo. Mira, lo que necesites, aquí estoy yo, de verdad, llámame cuando quieras. Nos ponemos de acuerdo, cuenta conmigo. Aquí estoy. Así es Cristo con nosotros. Y luego resulta que Roberto rechaza toda esa ayuda y pierde su examen. Es indudable que a Roberto lo primero que le llega a la mente es, todas las ofertas de salvación que Álvaro le ofreció. Es lo mismo que sucede con nosotros, El que un día será nuestro juez es el que hoy es nuestro Salvador y por eso Él, que se ha ofrecido y es el único Salvador y Redentor, es el que puede ser nuestro único juez.
Y en tercer y último lugar, nosotros podemos decir con razón que no hemos visto a Dios Padre. A Dios Padre nadie lo ha visto. Eso nos lo dice, por ejemplo, el Evangelio de San Juan. Pero Cristo, en cambio, sí que está presente y sí que es visible. Y en ese sentido, nosotros no podemos desconocer a Cristo, porque se ha hecho visible entre nosotros, «el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos visto su gloria». De modo que nosotros no podemos negar que conocemos a Cristo. Y eso de que no conocemos a Cristo, eso es bendito, eso es bendito, pero es también un llamado a nuestra responsabilidad, porque eso implica, necesariamente implica, que no podemos negar la Palabra de Cristo, la luz de Cristo en nuestras vidas. Así que, hemos aprendido que significa el verbo juzgar. Hemos visto porque es tonta esa expresión superficial de, no juzgues, no juzgues, no juzgues. Y, sobre todo, hemos visto lo que es tan bello, porque Cristo, nuestro Señor es primero nuestro Salvador, pero también nuestro Juez.

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