|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
No le digamos a Dios simplemente vamos a obedecer sino vamos a amar y que este amor nos conduzca a la perfecta unidad con Él.
Homilía k043015a, predicada en 20190403, con 5 min. y 22 seg. 
Transcripción:
Estamos en la cuarta semana de Cuaresma. Puede decirse que, acercándonos poco a poco a su desenlace en el Triduo Pascual, iremos notando en las lecturas de los Evangelios cómo cada vez más Cristo se ve enfrentado a sus enemigos. Podemos decir que, sin ninguna violencia, los textos del Evangelio nos van llevando a la contemplación de la muerte del Señor, cómo los acontecimientos, la fuerza de los acontecimientos y, sobre todo, la coherencia de Cristo, conduce finalmente al sacrificio redentor.
Pero en esta ocasión, lo que quiero destacar del pasaje de hoy, que ya dije creo, es del capítulo quinto de San Juan, lo que quiero destacar es una frase que aparece dos veces. Dice Cristo: «Yo no actúo por mi cuenta». El Hijo, dice Cristo, no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Y luego, hacia el final del pasaje, encontramos una expresión muy semejante: «Yo no puedo hacer nada por mí mismo. Según le oigo, juzgo y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la de Aquel que me ha enviado». Estas son expresiones de Cristo, y yo quiero destacar, sobre todo, aquello de «Yo no hago nada por mi cuenta. Yo no puedo hacer nada por mí mismo». Por alguna razón, este texto me hace recordar lo que un tiempo después va a decir Jesús a sus apóstoles. Efectivamente, en el capítulo 15 de San Juan, el mismo Evangelio, dice el Señor a sus apóstoles: «Sin mí nada podéis hacer, sin mí nada podéis hacer». Vaya, una expresión fuerte.
Entonces fíjate que, lo que nos está presentando el Evangelio de hoy, es el testimonio de Cristo que nos está diciendo «sin el Padre yo nada puedo hacer». Y después Cristo dice a sus discípulos «sin mí ustedes no pueden hacer nada». Se nota la conexión, en esa conexión ¿qué hay? De un modo superficial, uno podría decir, una obediencia perfecta. No digo que eso sea superficial, sino que es apenas la superficie de algo todavía más profundo. Uno podría decir, ahí se nota la completa voluntad de Dios realizada en Cristo, ahí se nota que Él realmente asume la voluntad del Padre. Eso está bellísimo, pero hagamos todavía otra pregunta, y esa obediencia ¿no es una especie de despersonalización? Una persona que dijera, yo no hago nada por mi cuenta. ¿Eso qué es?
Vamos a hablar de una manera un poquito dura. Eso no sería como convertirnos en robots, robots que no tienen iniciativa, robots que simplemente hacen lo que se les manda para aquello para lo que fueron programados allá en el computador. ¿Ese es el ideal de la vida cristiana? Por eso digo que, hablar de obediencia es necesario, pero se queda corto, porque realmente va mucho más allá de lo que usualmente entendemos por obediencia. Tal vez la palabra apropiada es unión. Es la unión entre el Hijo y el Padre, y es la unión entre los discípulos y el Hijo. Una obediencia sin unión es servilismo, es la que podríamos llamar obediencia de robot, es puro servilismo.
En cambio, una obediencia que proviene de la unión es una expresión de amor. Piensa tú, por ejemplo, de un hombre que se ha ganado un gran premio. Su gran premio es un viaje a Escandinavia, todos los gastos pagos. Pero es un viaje para una persona, y él es casado. Y entonces él dice, es que yo no quiero ir sin mi mujer. ¿Por qué? Porque la ama, porque le hace falta, porque quiere estar con ella, porque disfruta infinitamente más si ella está. Entonces ¿qué quiere decir eso? Es servilismo. No, es amor, es unión. Así que el gran mensaje, repito, no es simplemente vamos a obedecer. El gran mensaje es, vamos a amar y que el amor nos conduzca a la perfecta unidad.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|