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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo realiza y en él se muestran las obras de Dios: ¿cómo entenderlo?

Homilía k043011a, predicada en 20150318, con 12 min. y 47 seg.

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Transcripción:

El evangelista San Juan nos invita a entrar en la profundidad del misterio de Dios. Hoy, por ejemplo, en el pasaje del Evangelio está muy clara la relación entre el Hijo y el Padre. Son tantos aspectos que nos destaca el evangelista, que realmente uno tendría que detenerse, ir mirando casi frase por frase para ver qué significa eso de juzgar, que significa el ver las obras, que significa el escuchar, porque todos estos verbos los presenta el evangelista, mostrándonos que la Fuente es el Padre, pero que todo lo que está en el Padre se realiza en el Hijo.

De todas esas frases, quiero invitarles a que meditemos un momentico solo en una. Dice el evangelista que: «el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace y le mostrará obras mayores que esta para vuestro asombro. El Padre ama al Hijo, el Padre le muestra todo lo que Él hace y le mostrará obras mayores que esta para vuestro asombro». A ver, tratemos de captar esa frase que es una hermosura porque nos está mostrando un aspecto de la vida de Cristo que, yo no veo, creo que en ninguna otra parte de la Biblia. Por eso, vale la pena subrayarlo hoy, que el Padre ama al Hijo, eso lo sabemos. Luego dice, el Padre muestra al Hijo todo lo que Él hace. Bueno, ya eso es como una novedad. Le mostrará obras mayores para asombro de los discípulos, esa frase es extraña. El Padre le muestra al Hijo obras mayores de las que ellos habían visto hasta ese momento, para asombro de los discípulos. O sea, cuáles son esas obras a las que está haciendo referencia a Cristo, son obras que el Padre le muestra a Cristo, para asombro de los discípulos. Por favor, captemos lo que se está diciendo. Obras que el Padre le muestra al Hijo, pero para asombro de los discípulos.

Uno diría, si se las muestra al Hijo, sería para asombro del Hijo. La única explicación posible es que aquí Cristo se está refiriendo a aquellas obras que Él mismo realiza. O sea, Cristo está diciendo que las obras que Él mismo realiza son obras que el Padre le muestra al Hijo, mire esa profundidad. Y vuelvo a decir la frase, las obras que el hijo realiza son las obras que el Padre le muestra al Hijo. Es decir, que Cristo al mismo tiempo, está realizando las obras y está contemplando lo que el Padre realiza. Las obras son, al mismo tiempo, obras del Padre que le muestra al Hijo, y obras que el Hijo realiza. Solo así se puede entender esa frase que aparece en el Evangelio de hoy, que el Padre le mostrará obras mayores al Hijo para asombro de los discípulos. El Padre le muestra obras mayores al Hijo cuando el Hijo la realiza, y es solo cuando el Hijo la realiza, cuando los discípulos quedan asombrados.

Efectivamente, aquí estamos en el capítulo quinto de San Juan y dos de los más grandes milagros del Evangelio de Juan están por suceder. Está por suceder la curación del ciego de nacimiento, que está en el capítulo nueve, y está por suceder la resurrección de Lázaro, en el capítulo once. Entonces, ¿qué es la curación del ciego de nacimiento? Es una obra preciosísima que el Padre le muestra al Hijo, y es una obra preciosísima que el Hijo realiza, de modo que los discípulos quedan asombrados. Otro tanto se puede decir de la resurrección de Lázaro.

¿Qué tiene que ver esto con nosotros? Yo creo que hay una palabra que nos puede ayudar a ver la relación entre este pasaje y nosotros, es la palabra protagonista. Muchas veces al hacer las cosas tenemos la tentación de ser protagonistas, de sentir que somos nosotros los que estamos obrando. Lo extraño del lenguaje que utiliza San Juan, es que nos presenta a Cristo como el realizador de las obras y como el contemplativo de las obras. Es decir, Cristo está haciendo las cosas y el Padre le está mostrando lo que el Hijo está haciendo, es casi loco, ¿no? Cristo hace las cosas y cuando las está haciendo, el Padre le está mostrando lo que el Hijo está haciendo. Es algo así como sentir que Cristo está tan unido, tan sumergido en la corriente de amor y salvación del Padre que, aunque el Hijo obra, al mismo tiempo, es como si estuviera conociendo al Padre en lo mismo que el Hijo hace. Es decir, Cristo obra, pero no se considera protagonista. Yo digo que esa es la imagen de un perfecto siervo de Dios, esa es la imagen de un verdadero amigo de Dios. Es obrador, realizador, pero es contemplativo, no se considera protagonista. En lo que está haciendo, está conociendo al Padre.

¿Qué comparación podríamos utilizar para esto tan extraño? Alguien que obra y al obrar conoce al Padre. Bueno, a ver, pensemos, por ejemplo, en un artista. Pensemos, por ejemplo, en un violinista. Tiene que tocar una pieza que es especialmente difícil, que requiere toda su habilidad, toda la agilidad de sus músculos, casi le parece imposible llegar a tocar algo tan bello, pero tan exigente, y, sin embargo, lo logra. Puede decirse que ese violinista se conoce cuando alcanza esa perfección y al conocerse, pues conoce el talento, la fuerza, los dones que Dios le ha dado.

Nosotros solo llegamos a conocer lo que nosotros somos cuando hacemos lo que nos parecía imposible, cuando hacemos aquello que incluso a nosotros mismos nos causa como extrañeza. Yo no sabía que yo era capaz de, yo no sabía que yo podía llegar a eso, era algo que me parecía imposible. Yo no sabía que podía hablar en otro idioma, que podía saltar esa distancia, que podía tocar esa pieza, que podía lograr eso. Es decir, la riqueza de nuestro propio ser está velada a nuestros ojos, y solo en el momento de la exigencia, en el momento de la prueba, llegamos a conocer quiénes somos en verdad. Y si luego, reconocemos que nuestro propio ser es donación, es regalo de Papá Dios, entonces descubrimos a Dios nuestro Padre cuando obramos eso que parece imposible.

Un santo que hablaba de esto era San Josemaría, el fundador del Opus Dei. Él, cuando empezó ese camino que luego se volvió Opus Dei, él no se imaginó lo que Dios le iba a pedir, él no se imaginó a cuántos lugares tendría que viajar, él no se imaginó qué nivel de exigencia tendría que poner sobre su propio corazón, su ánimo, su oración, su cuerpo, no se lo imaginó. Luego, pasando los años, él decía: -Si yo hubiera sabido todo lo que me iba a tocar, hubiera retrocedido, acobardado. Él no podía imaginarse todo lo que venía, no podía imaginarse todo lo que Dios iba a hacer a través de él. En realidad, esa es la experiencia de cada santo. Y esa es la experiencia del Santo de los Santos, que es Cristo.

Nosotros no sabemos de qué somos capaces, nosotros no sabemos de qué modos puede utilizarnos Dios. Mucho menos sabemos lo que puede faltar todavía más adelante, para asombro nuestro, como dice Cristo, eso no lo sabemos, solo Dios lo sabe. Pero a medida que vamos entrando en esos caminos, si no nos robamos el protagonismo de Dios, nos vamos conociendo a nosotros mismos y vamos conociendo al Señor. Qué reto tan grande, pero tan bello el que nos plantea Cristo, ser realizadores de la voluntad de Dios, pero al realizarla, reconocernos simplemente, como contemplativos de lo que Dios está haciendo, Él es el único protagonista. Esta es solo una de las joyas que tiene el pasaje de hoy. Misterio profundísimo de la Trinidad, misterio bellísimo de la unión entre el Padre y el Hijo, misterio del que nosotros, en cierta medida, entramos a hacer parte, gracias a que por el Espíritu, llegamos a ser también hijos en el Hijo.

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