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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Uno de los males de nuestro tiempo es que buscamos un amor que exprese unión pero queremos seguir conservando toda nuestra independencia.
Homilía k043010a, predicada en 20150318, con 5 min. y 55 seg. 
Transcripción:
El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo quinto de San Juan. El estilo literario de este evangelista es más complejo de lo que uno piensa en una primera lectura, utiliza palabras sencillas y por eso, uno puede equivocarse pensando que el mensaje es evidente, pero luego se da cuenta que la manera como escribe San Juan es con una estructura que, casi podríamos llamar en espiral. Es decir, Juan va refiriéndose a las mismas palabras una y otra vez, pero cada vez que vuelve a mencionarlas, las carga de un contenido más rico. Palabras como vida, luz, señal, ver, amar, permanecer y muchas otras, son palabras que a lo largo del texto de San Juan se van llenando de una riqueza, se van llenando de un contenido sencillamente asombroso. Por eso, aunque el texto que hemos oído no es ni demasiado largo ni demasiado corto, yo quiero concentrarme solo en una pareja de nociones, de conceptos, la palabra unión y la palabra dependencia.
Observemos que, en el texto que hemos escuchado, Cristo se muestra al mismo tiempo en una plena unión con Dios Padre y en una completa dependencia con Dios Padre. Está unido completamente al Padre y, a la vez, depende completamente del Padre. Observemos cómo aparece la unión, está en el hecho de que el querer de Dios Padre se realiza a través del Hijo. El juzgar, el juicio de Dios Padre se realiza a través del Hijo. El Padre da vida y el Hijo da vida. Es decir, las obras mismas de Dios son las obras que se hacen presentes en el Hijo de Dios, y esto es grandioso, esto es lo propio de la unión. Pero luego tenemos una serie de expresiones que hablan de la completa dependencia, por ejemplo, dice Jesús: «El Hijo no puede hacer nada por su cuenta que no vea hacer al Padre». Luego dice también, por allá, un poco más adelante, dice aquí: «El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió». Es decir, que Cristo está completamente en obediencia o en dependencia de Dios Padre. Y a la vez, Cristo está completamente unido a Dios Padre.
¿Por qué destaco estas dos palabras unión y dependencia? Porque a nosotros nos gusta mucho la idea de unión, que es lo propio del amor, pero nos gusta poco el término dependencia porque nos fascina, en cambio, la palabra independencia. Es decir, que nosotros vivimos una especie de contradicción porque queremos los bienes del amor, pero al mismo tiempo, queremos una completa independencia, esto se nota mucho en el matrimonio. A la gente le fascina la experiencia de estar en amor, de amar y de ser amados, eso, eso les fascina y es muy explicable. Y la gente siempre está buscando, ¿dónde encontraré yo, alguien que me quiera? Es decir, nos fascina la unión, sentir que alguien está con nosotros. Pero luego, teniendo pareja, cada uno quiere mantener su espacio, cada uno quiere mantener su independencia. Es decir, yo sigo conservando mis derechos, yo sigo conservando mis amigos, yo sigo conservando mi privacidad, yo sigo, incluso, manejando mi dinero. Y es una gran contradicción, fíjate, queremos al mismo tiempo un amor intensísimo que da unión y una independencia completa que implica separación, es una contradicción nuestra.
El Evangelio de hoy nos muestra, en cambio, cómo en Cristo las cosas son mucho más lógicas y sencillas. El verdadero amor termina implicando, es natural, verdadera dependencia. Amar es aprender a depender. Amar es aprender que el otro tiene poder, tiene importancia, tiene influencia en mi vida. Si no le damos ese tono de realismo al amor, seguiremos en la contradicción en la que vemos a tantos matrimonios que terminan luego destruyéndose, es que desde el principio había una tensión que no estaba resuelta. Te repito, la gente quiere amar muchísimo, pero quiere, al mismo tiempo, ser independiente, eso no puede funcionar. Cristo nos muestra cuál es el verdadero camino. Ante todo, en nuestra relación con Dios, verdadera y profunda unión implica verdadera y real obediencia, así nos lo conceda el Señor.

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