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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Aunque dolorosa, es necesaria la meditación sobre las raíces de la tenaz oposición que Cristo enfrentó: así limpiamos nuestras propias raíces.
Homilía k043009a, predicada en 20140402, con 4 min. y 39 seg. 
Transcripción:
Una de las tareas duras pero necesarias de la Cuaresma es entrar en el misterio de la muerte de Cristo. A nosotros nos interesa llegar a ese misterio que es doloroso, que es desagradable, porque tenemos que comprender en qué sentido esa muerte es la superación del pecado, y tenemos que entender también, cómo nuestros propios pecados, de alguna manera, hacen estéril el regalo de la gracia, el regalo de la vida divina en nosotros. Por eso, esta cuarta semana de Cuaresma es un tiempo de examen bastante profundo, no muy amable, no es lo más agradable, pero sí es necesario.
Encontrábamos en el pasaje de ayer, cómo los enemigos de Cristo quieren sacar un pretexto de la desobediencia del sábado, que Cristo haya curado a un paralítico, un hombre que llevaba 38 años padeciendo su enfermedad, que ese hombre llevara todo ese tiempo sufriendo y que ahora haya sido curado, eso no les interesa, eso no mueve su corazón, ese hecho no golpea con suficiente fuerza su conciencia. En cambio, que el hombre curado lleve una camilla en día sábado, ahí está el pretexto para atacar a Cristo.
Hoy encontramos en este pasaje, también del capítulo quinto de San Juan, encontramos otra faceta más, otro argumento falso, pero argumento que tratan de construir los enemigos de Cristo en contra de la obra que Él realiza, quieren acabar con Cristo porque Cristo considera a Dios su Padre. Y a mí me parece que el pasaje de hoy es fundamental, porque muestra hasta qué punto ese hecho, el hecho de la filiación divina es absolutamente crucial en el proceso contra Jesús: «Siendo hombre te haces igual a Dios». Ellos interpretan, y en eso están correctos, ellos interpretan que, si Cristo está llamando con esa confianza a Dios, su Padre, se está haciendo igual a Dios.
Esto hay que tenerlo en cuenta porque, hay muchos que consideran que la muerte de Cristo es simplemente un hecho social, un hecho económico, que Cristo entraba en colisión con los intereses económicos o con los intereses de la clase dirigente. Pero, por lo menos, en el Evangelio de Juan es muy difícil presentar esa clase de argumentación, porque más bien lo que vemos es que Cristo, en el momento de hacer favores y de compadecerse del ser humano, se compadece de los enfermos, sean ricos o sean pobres, ese no es el argumento real.
Más bien, el odio hacia Cristo proviene de un motivo esencialmente religioso: -Este hombre se hace igual a Dios, Dios no puede estar tan cerca, Dios no puede ser tan accesible, Dios no puede ser tan cercano, este no puede ser Dios. Lo mismo que aquellos hombres, aquellas autoridades judías de ese tiempo, rechazan a Cristo por ese motivo, así también muchos otros estudiosos a lo largo de los siglos, han venido a negar la divinidad de Cristo: -No puede ser que Dios sea tan cercano, no puede ser que esté ahí y que no lo comprendamos, no puede ser que Él haya hecho tanto por nosotros, no puede ser eso.
Qué importante llegar a estos pasajes para preguntarnos por el propio don de la fe, para preguntar en dónde está nuestra fe y para preguntar si estamos dispuestos a aceptar un Dios que ha llegado a tales extremos, un Dios que ha hecho tanto por nosotros.

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