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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Las tres acusaciones que se hicieron contra Cristo.
Homilía k043002a, predicada en 20010328, con 12 min. y 25 seg. 
Transcripción:
Se va acercando el final de la Cuaresma, estamos en la cuarta semana, nos queda esa próxima semana, la quinta, y entraremos en la que llamamos la Semana Mayor, la Semana Santa. Dios no quiere imponerse por la fuerza en nosotros. La única fuerza que Dios quiere usar con nosotros es la fuerza del amor. Y por eso la Palabra nos prepara para que tengamos el alma dispuesta, un alma que se quiera dejar amar por Dios. De modo que, en esa semana, Semana Mayor o Semana Santa, nosotros estemos dispuestos a dejarnos amar, dispuestos como cera muy blanda para que Dios imprima su figura, su imagen en nosotros, reviviendo, reanimando lo que nosotros verdaderamente debemos ser, porque Él es nuestro Creador y nosotros somos su imagen.
Se va, pues, aproximando el final de la Cuaresma y las lecturas que vamos encontrando nos presentan, cada vez más, esos conflictos dolorosos, complejos que vivió nuestro Señor Jesucristo al final de su ministerio. Se trata de polémicas, se trata de discusiones de Cristo con las autoridades judías de la época, y es importante asomarnos a esas discusiones por dos razones. Primera, para que tengamos una idea más clara de cómo fue la muerte de nuestro Señor Jesucristo, ¿por qué sucedió?, ¿de qué se le acusaba?, ¿qué se le recibió y qué se le rechazó? Es importante conocer el contexto de la muerte de Cristo para conocer el tamaño del amor que llevó a Cristo hacia la muerte.
En estos días van a aparecer varias de esas discusiones, casi todas tomadas del Evangelio de Juan, polémicas, acusaciones, respuestas de Cristo. Son evangelios densos, son textos que nos invitan a profundizar en aquello que rodeó la muerte de Cristo. ¿Qué circunstancias se dieron?, ¿de qué fue acusado?, ¿por qué no se le aceptó? Recordemos que, en el momento de la cruz, uno de los malhechores, que estaba ahí crucificado, dijo: -Pero lo nuestro es justo porque nosotros hemos obrado mal. En cambio, este no ha hecho nada. Cristo es el inocente y llevado a la muerte. ¿Por qué, por qué sucede así? Sabemos que es para salvación nuestra, que es para perdón de nuestros pecados. Pero, ¿por qué ese modo de tratar a un inocente?, ¿por qué esa acusación contra Cristo? Necesitamos escuchar con particular atención y amor las lecturas de estos días para ir tomando, poco a poco, esos elementos que rodearon la muerte de Cristo. Es importante conocer este ambiente que rodeó la muerte de Cristo, repito, en primer lugar, para saber del amor, para saber qué amor tuvo Cristo y por qué y cómo se dio el despliegue de ese amor.
En segundo lugar, es importante conocer este contexto por aquello que dice el mismo Evangelio de Juan en otro lugar: «Si me han perseguido a mí, los van a perseguir a ustedes. Si me han odiado a mí, los van a odiar a ustedes». Conocer la muerte de Cristo no es conocer historia, es conocer las entrañas de Dios en su misericordia y es conocer también la entraña de pecado que tiene el mundo. Y es necesario conocer las dos cosas, es necesario saber de esa maldad profunda que hay en el mundo, no para asustarnos, no para llenarnos de odio o de venganza, sino para saber cuál es la condición nuestra como discípulos de Cristo.
Ser discípulo de Cristo, es ser discípulo de un rechazado. Ser discípulo de Cristo es ir detrás de uno que fue torturado, que fue asesinado. Ser discípulo de Cristo es ir detrás de un perseguido. Hay que conocer esa persecución, persecución que adquiere distintas formas a lo largo de la historia. No estamos en los tiempos del Imperio Romano, cuando se llevaba a los cristianos a que lucharan contra las fieras, o mejor dicho, que fueran devorados por las fieras, ya no estamos en esos tiempos. No es esa la persecución, pero conocer la manera como el mundo rechaza a Cristo, es conocer también la manera como el mundo se aleja, la manera como el mundo rechaza, la manera como el mundo se distancia de la vida del cristiano y de la propuesta de nosotros los cristianos.
Esta es la clave de lectura, me parece, para estos días que vienen, repite lo esencial, la mayor parte de las lecturas del Evangelio, sino todas, van a estar tomadas del Evangelio según San Juan. Casi todos o todas se refieren a discusiones de Cristo con los dirigentes judíos de la época, es decir, escribas, fariseos, sumos sacerdotes. Además, estas lecturas nos presentan el ambiente, la atmósfera, el contexto que rodeó el final de la vida del Señor Jesús y, por lo tanto, en cuarto lugar, estas lecturas nos presentan los motivos que llevaron hacia la muerte a Cristo y los motivos, podríamos decir para ese despliegue, para esa manifestación de amor que es la cruz del Señor y todo eso es útil para nosotros, para agradecer más lo que Cristo ha hecho por nosotros, pero también para saber en qué mundo estamos, para no hacernos ilusiones. Ya las persecuciones no son las de antes, pero eso no quiere decir que no haya persecución. Ese es, ese es como el estilo, esa es la consigna que tenemos que tener ahora que va llegando el final de la Cuaresma, porque nos quedan unos pocos días antes de la Semana Santa.
Y hoy aparece un motivo: -Llama a Dios Padre suyo, se hace igual a Dios. Hay que matarlo, se hace igual a Dios. Efectivamente, en el judaísmo había un celo inmenso por la unicidad de Dios, Dios es único, hay que guardarse de toda idolatría. Cristo llama a Dios Padre suyo, no solo está el problema de abolir el sábado, de presentarse por encima del sábado, está el problema de llamar a Dios, su Padre, y de hacerse igual a Dios. Quedémonos con esos elementos. Tres acusaciones aparecieron contra Cristo hoy. Primera, no respeta el sábado. Segunda, llama a Dios Padre suyo. Tercera, se hace igual a Dios. Tres acusaciones sobre esas tres acusaciones, ya tendremos ocasión de hablar con la bondad de Dios en otros momentos, pero por ahora quedémonos con esas tres acusaciones.
Fíjate, no respeta el sábado, ¿a qué llamaban ellos que no respeta el sábado? Pues es a lo que hemos visto en estos últimos milagros, que Jesús, por ejemplo, le dijo al hombre ese que estaba ciego de nacimiento, le dijo: «Vete a la piscina de Siloé y lávate». Jesús había hecho un poco de barro con su propia saliva. Entonces decían: -Ah, este no guarda el sábado porque hace barro el sábado. Es una cosa casi de reírse, ¿no? Este no guarda el sábado porque hace barro el sábado. Barro, fue un poquito de barro que hizo Cristo con la saliva y la tierra. Este no guarda el sábado, entonces, este no respeta la ley de Dios y este es un enemigo de Dios. ¿Qué tal ese razonamiento?
O lo de ayer, lo que escuchábamos en el Evangelio de ayer, le dice al paralítico: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar». Y entonces dicen: -Ve, lo puso a cargar la camilla, lo puso a hacer trabajo en un día sábado. Este no viene de Dios, porque, ¿qué tal eso de cargar una camilla el sábado? Una ceguera total frente al milagro, frente al amor, frente a la misericordia y un legalismo y unas ganas de buscar, de qué acusar a Cristo. Y luego, llama a Dios Padre suyo, se hace igual a Dios, tiene que morir. Tomemos esas acusaciones, mirémoslas en nuestro corazón. A lo largo de estos días vamos a ir hablando sobre ellas, qué hay detrás de esas acusaciones, y qué hay en el corazón de Cristo, también.

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