Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Todos tenemos pecados y Jesús quiere liberarnos de ellos porque esa es la peor ceguera, es la peor muerte, es la peor parálisis.

Homilía k042022a, predicada en 20230321, con 6 min. y 47 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy nos presenta la curación de un hombre paralítico. Que Jesús haga una curación no es algo extraño. Los evangelios nos cuentan múltiples milagros de sanación, de curación realizados por Cristo. Pero hay dos características que yo creo que hacen muy particular este milagro. Primero, la pregunta que realiza Cristo porque Cristo le pregunta a este hombre ¿Quieres quedar sano? y esa pregunta parece un poco extraña. Uno podría decir como responden los millennials hoy, obvio. Obvio que quiero quedar sano. Pero es que resulta que no es obvio. Y ese punto nos tiene que llamar la atención.

No todo el que está enfermo quiere quedar sano. Es increíble y le voy a demostrar eso. Mire usted, por ejemplo, lo que sucede en algunos conflictos matrimoniales. Hay personas que están heridas. Lamentablemente no debería suceder, pero es así. Están heridas por problemas, por conflictos que han tenido en la pareja. Y uno podría pensar la persona que está herida pues quiere quedar sana. No siempre, hay personas que están heridas pero que han hecho de su herida una especie de fuerza para la pelea, porque sienten que la confrontación sigue y sienten que quedar muy sanos, que quedar digamos recuperados, curados, les quitaría la fuerza para pelear. No quieren sanarse porque quieren seguir teniendo esa gasolina, esa fuerza que les da la rabia y la rabia depende de sentirse heridos.

Entonces date cuenta que a veces convertimos a la rabia, a la ira, como en una especie de gasolina y esa gasolina no queremos que se nos acabe y por eso no queremos quedar sanos. Ese es un ejemplo de una persona que no quiere quedar sana porque quiere seguir teniendo su rabia. Otras personas no quieren quedar sanas porque su enfermedad o su situación hace que los compadezcan. Eso también he conocido yo. Personas que están en una situación, sea de pobreza o lo que sea. Mire que esto por ejemplo, lo he visto en mi país y en otras partes. La persona que está en la mendicancia, entonces pues pide, pide dinero en las calles. Yo he conocido casos de personas a las que les han ofrecido ayuda, por ejemplo, para que trabajen, no, la persona no quiere trabajar. La persona quiere seguir teniendo su misma situación para seguir produciendo compasión, porque incluso eso le reporta más dinero. No quiero decir que sea el caso de todos, pero que existen esas personas existen, también en el plano emocional, eso existe.

La persona que se victimiza, la persona no quiere quedar sana porque quiere seguir siendo víctima. De hecho, esto nos lleva a un tema muy profundo y es el tema del uso político, de la victimización en nuestros días. Hay situaciones históricas muy complejas, por ejemplo, de los indígenas en Australia o de indígenas en Canadá, o de personas afrodescendientes en Estados Unidos, y muchas de estas personas por supuesto que han sufrido abusos y han sufrido daños por parte de la sociedad, por parte de los gobiernos, algunas veces por parte de la Iglesia. Pero hay una cierta mentalidad de mantener el lenguaje de víctima todo el tiempo. Víctima, víctima, igual sucede ahí. Instrumentalización política. En el caso de mujeres, de personas homosexuales, a que te sientas víctima víctima todo el tiempo para que estés siempre en actitud de protesta y siempre tengas un crédito a tu favor.O sea que la pregunta de Cristo por supuesto que no es trivial y la pregunta de Cristo hay que hacerla también a nuestro propio corazón. ¿De verdad quiero quedar sano? lo cual significa que voy a dejar de ser víctima, lo cual significa que voy a dejar de tener rabia para tal vez desquitarme de alguien o vengarme de alguien.

Y luego el otro punto que hay que destacar muy brevemente, es como Jesús le dice a este hombre no peques, no peques más, no sea que te suceda algo peor. Y esto es importante porque este hombre llevaba una vida de sufrimiento, claro, con su parálisis y con su frustración. Pero Cristo le dice no peques, no sea que te suceda algo peor. O sea que había pecado en esa persona. Y no es el único caso. Cuando bajaron a aquel paralítico que te acuerdas, quitaron unas cosas, unas tejas, una cubierta del techo y bajaron al paralítico. Lo primero que le dijo Cristo fue, tus pecados son perdonados, con lo cual estaba indicando que había pecado en él. O sea que quitémonos la idea de que una persona porque ha sufrido, está libre de pecado.

Pecado tenemos todos, y Cristo quiere que todos seamos en primer lugar liberados de nuestros pecados. Porque esa es la peor ceguera, porque esa es la peor muerte, porque esa es la peor parálisis. Enseñanzas profundas que nos deja Cristo con este milagro del paralítico junto a la piscina de Betesda.

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