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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
No le tengamos miedo a lo que Cristo exige porque su exigencia es también su providencia y su mandato es también su gracia.
Homilía k042018a, predicada en 20200324, con 4 min. y 29 seg. 
Transcripción:
Los Evangelios nos cuentan de varios milagros que Cristo hizo realizando la curación por medio de un signo. Recordemos, por ejemplo, que a un sordomudo le metió los dedos en los oídos y dice con la saliva le tocó la lengua. En el caso de otro que estaba ciego de nacimiento, Cristo hizo barro y se lo untó en los ojos y así lo curó. En el caso de un leproso, el leproso le dijo si quieres, puedes curarme y Cristo dijo quiero y lo tocó. Algo que leproso no había pedido, lo tocó y así lo sanó. En varias ocasiones Cristo utiliza estos gestos que de alguna manera enriquecen el significado del milagro.
Pero en el Evangelio de hoy, tomado del capítulo quinto de San Juan, no aparece ninguno de esos gestos. No aparece nada en ese evangelio lo que encontramos es que Cristo realiza el milagro solamente hablando, es su palabra, su simple pero poderosísima palabra. Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. No lo toca, no le da la mano, no utiliza otro signo exterior, sino solamente la Palabra. Cuando Cristo utiliza gestos adicionales, como por ejemplo esto que hemos dicho de hacer barro con la saliva o cosas así. Hay una enseñanza, pero eso no significa que cuando él hace el milagro con su sola palabra, no haya también una enseñanza en ese hecho particular. Qué puede significar esto de hacer un milagro con solo su palabra. Hay por lo menos dos interpretaciones y son muy bellas. Quiero compartirlas con ustedes.
La primera, si tú recuerdas en el capítulo primero del primer libro de la Biblia, es decir, el Génesis, cómo sucede la creación, se describe la creación como un fruto de la Palabra poderosa de Dios. Dice que Dios dijo haya luz y hubo luz. La Palabra es la que realiza el portento. La palabra es la que realiza el milagro al realizar sus milagros, Cristo, con su sola Palabra, nos está enviando un mensaje muy poderoso. Además del mensaje de la sanación y la salud, nos está mostrando que Él, lo mismo que el Dios Creador, transforma las cosas con su sola Palabra. Esa es la primera interpretación.
Y la segunda que quiero compartirte es también muy bella. Muchas veces Cristo nos manda cosas, cosas que nos pueden parecer excesivas, que nos pueden parecer muy pesadas. Por ejemplo, cuando nos dice que perdonemos a los enemigos. O cuando dice lo que Dios ha unido no lo separe el hombre. O cuando dice sean perfectos como su Padre celestial es perfecto. Son palabras muy, pero muy exigentes. Y uno puede creer que esas palabras simplemente quedan en el campo de lo inalcanzable. Pero cuando vemos que la Palabra de Cristo es tan eficaz, también entendemos que Él mismo que lo manda lo hace posible. Es decir, que Él no nos deja simplemente con un mandamiento exterior para que nosotros digamos pero y ahora qué voy a hacer para llegar allá. Él, que me da ese mandamiento me da también la fuerza para realizar ese mandamiento. Y por eso no debemos dudar de lo que Él nos manda. Este pensamiento poderoso es transformante.
No le tengamos miedo a lo que Cristo manda, a lo que Cristo exige, porque su exigencia es también su providencia, y su mandato es también su gracia.

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