Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Nuestras carencias nos desesperan y amargan, llevándonos a pecar empeorando nuestra situación pero Cristo nos libera, nos da nueva vida y nos pide no pecar más.

Homilía k042016a, predicada en 20180313, con 7 min. y 19 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy ha sido tomado del capítulo quinto de San Juan. Nos presenta el tercero de los grandes signos o milagros que este evangelista nos cuenta y que está escrito para que nuestra fe haga un camino, el camino de los discípulos. Efectivamente, el Evangelio de Juan tiene una estructura preciosa que a lo largo de siete grandes señales o siete grandes milagros nos va conduciendo a una plenitud de fe que será la plenitud de la Pascua. Es toda una pedagogía, es todo un camino el que tenemos ahí.

Estamos en este momento en el tercero de los grandes signos, el tercero de los milagros de Cristo, que sucede en la persona de un hombre paralítico, un hombre que de hecho llevaba treinta y ocho años de parálisis y que además tenía una amargura en su corazón. Había fama, efectivamente, de que en ese lugar, en esa piscina, sucedían milagros, pero este hombre nunca alcanzaba el milagro. Porque resulta que la señal de que iba a suceder el milagro era que el agua se movía. O por lo menos esa era la creencia popular. Y como éste era paralítico, no podía moverse ágilmente, cuando el agua se movía, no llegaba a tiempo. Entonces, como era paralítico, necesitaba el milagro, pero como era paralítico nunca llegaba a tiempo para el milagro. Eso se parece a lo que muchas personas viven en otros campos.

Por ejemplo, una persona necesita dinero, va al banco para que le presten dinero y el banco dice como usted no tiene dinero, no le prestamos dinero. Así le pasaba este paralítico. Como usted es paralítico, entonces no hay milagro para curar su parálisis, porque usted no llega a tiempo y no llega a tiempo porque está paralítico. Te das cuenta de que es un círculo vicioso que llena de amargura a este hombre.

Pero viene Cristo a romper ese círculo vicioso. Y esta es la parte que más nos interesa, porque nuestra vida está llena de muchos de esos círculos viciosos. Nuestra vida está marcada muchas veces por eso, porque soy pobre, no consigo dinero para poner un negocio que me saque de la pobreza, puesto que soy ignorante, entonces no puedo encontrar las estrategias para aprender cómo salir de mi ignorancia puesto que estoy solo. Me lleno de amargura que hace que la gente se aleje, entonces quedo más solo. La vida nuestra, la vida de muchos de nosotros, ha estado marcada por esa clase de círculos viciosos. Por algo dijo Cristo al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Esas palabras de Cristo que están en otro lugar del Evangelio, nos ayudan a descubrir lo que usualmente sucede en esta tierra. Usualmente lo que sucede es exactamente eso, que la persona que está mal tiene menos oportunidades y por consiguiente su condición se vuelve peor. Eso sucede con el dinero. Eso sucede con el conocimiento. Eso sucede con muchas otras cosas, porque el bien sirve para conseguir más bien, mientras que el mal hace que uno carezca de los recursos para salir de su mal.

Lo que quiero destacar con esto es que la situación de ese hombre se parece a la situación de muchas personas. Probablemente la situación de muchos de nosotros. Quizás nosotros no estamos sufriendo o no hemos sufrido de la misma parálisis que tenía ese señor, pero nosotros hemos sido presos de otro tipo de círculos viciosos como los que ya he dicho. Aquella persona que es introvertida y como es introvertida, entonces no tiene las habilidades sociales para tratar de hacer amigos. Y cuando intenta hacer amigos la cosa resulta mal y entonces se vuelve más introvertido. Ese es un círculo vicioso.

Y así con muchas otras cosas como lo que ya dije de la persona pobre que va al banco. Bueno, y ¿qué es lo maravilloso? toda esta es una noticia triste, ¿dónde empieza la buena noticia? pues la buena noticia es que Cristo rompe ese círculo. La buena noticia es que Cristo comprende nuestra miseria y es Cristo el que rompe el círculo vicioso. Es Cristo el que rompe esa condición y le dice a este hombre con una palabra resuelta, con una palabra potente, le dice toma tu camilla y échate a andar. Es decir, se acabó, se acabó la prisión de tu parálisis, se acabó el círculo vicioso. Ahora empieza para ti otra historia. Es Cristo el que rompe el círculo. Es Cristo el que abre una oportunidad nueva. Esa es la gran enseñanza.

Pero hay algo más que hay que destacar aquí. Al final del Evangelio, Cristo le dice a este hombre no peques más. Oigan la frase no peques más, no sea que te suceda algo peor, no peques más. Si volvemos a leer el pasaje, nos damos cuenta que hasta ese momento no se había hablado nada de que este hombre fuera un pecador. Pero Cristo, que tiene esa mirada penetrante y que conoce lo que hay en el corazón humano, se da cuenta de que hay pecado, seguramente, pecado que surge de la amargura de este hombre metido en su círculo vicioso, es decir, metido en su condición triste. Estoy paralítico y quiero curarme, pero para curarme tendría que no estar paralítico, lo cual es absurdo, por supuesto. Entonces este hombre ha dejado que la amargura se adueña de su corazón, ha dejado que la envidia se adueñe de su corazón. Otros tienen y yo no, otros logran y yo no. Muy posiblemente tristeza destructiva, amargura espantosa, envidia profunda, han hecho mella en este corazón. Y Jesucristo quiere que este hombre salga de eso.

O sea que la enseñanza completa es, muchos de nosotros estamos metidos en círculos viciosos, llamamos círculo vicioso a esa realidad humana que, primero, por las carencias que tiene, queda en pésima disposición para salir de las mismas carencias que tiene. Segundo, la gran mayoría de nosotros en esas condiciones nos llenamos de decepción, de desesperación o de amargura, y así pecamos y empeoramos todavía más nuestra situación. Tercero, el único que nos saca de ese círculo vicioso y el único que nos libera de esa amargura es Jesucristo. Y Él, al liberarnos, nos advierte ahora ya no peques más, ahora ya no más. Ha empezado una nueva vida para ti.

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