Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Detalles aparentemente pequeños de una curación realizada por Cristo nos muestran la profunda transformación que Él trae a nuestras vidas.

Homilía k042015a, predicada en 20170328, con 24 min. y 6 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, al escuchar la Palabra de Dios, es Él mismo el que nos está alimentando y enseñando. Y lo mismo que en un banquete, la Palabra tiene también detalles. Lo propio de un banquete no es solamente que haya comida, sino que sea comida agradable y que alimente. Es muy difícil comer una comida mal preparada. El Espíritu Santo ha preparado para nosotros este banquete de la Palabra y por eso está lleno de los detalles que solo Dios podía poner.

Con esta reflexión inicial les estoy invitando a que siempre estemos atentos a los detalles de la palabra, porque en esos detalles está la huella del amor con el que Dios quiere alimentarnos. Hoy, por ejemplo, quiero traer la atención de ustedes a tres detalles del Evangelio tomado del capítulo quinto de San Juan. Primero Jesús le pregunta a este hombre paralítico ¿quieres quedar sano? eso es algo extraño, parece que la pregunta sobra. Si una persona está postrada como este hombre que lleva tanto tiempo, se supone que quiere quedar sano, pero Cristo no lo supone, Cristo lo pregunta y entonces nosotros podemos buscar una respuesta. Por qué Cristo hace una pregunta que parece tan obvia.

En segundo lugar, nos damos cuenta que Cristo al curar a esta persona, le dice toma tu camilla y échate a andar. Y también eso despierta una pregunta, porque esa camilla es la que ha acompañado durante años y años de miseria, de frustración, de tristeza a ese pobre hombre. Y Cristo le dice llévate tu camilla. Quizás lo primero que podía desear este hombre era olvidarse de su camilla, porque esa camilla había sido su desgracia, había sido su tristeza, había sido su frustración. Pero Cristo le dice que la lleve.

En tercer lugar, nos damos cuenta que después de sucedido el milagro, Cristo se escabulle en el bullicio del sitio allá en Bethesda. Por qué parece que Cristo se está escondiendo después del milagro. No había una razón por lo menos obvia para esconderse. Por qué Cristo parece ocultarse entre la multitud.

Entonces tenemos tres preguntas. La primera pregunta es ¿por qué le pregunta al paralítico si quiere quedar sano? La segunda pregunta es ¿por qué lo pone a cargar la camilla que ha sido su gran humillación? Y la tercera es ¿por qué parece que Cristo huye o se esconde entre la gente? No tenemos una respuesta absolutamente segura a cada una de estas preguntas, y yo no planteo estas preguntas aquí como un puro ejercicio intelectual o de erudición. Las preguntas que quedan abiertas al reflexionar en la Escritura son como caminos a través de los cuales el Espíritu Santo nos invita a crecer y nos invita a saborear. Saborear la dulzura del amor. Entonces intentemos, fiándonos del Espíritu Santo, intentemos dar algunas respuestas a las tres preguntas.

Cristo le pregunta a este hombre si quiere quedar sano. Como ya dije, el primer impulso es decir que la pregunta sobra pero tal vez la pregunta no sobra. Hay personas que no quieren estar sanas. Hay personas que no quieren sanarse, En las cosas del cuerpo la mayor parte de la gente sí quiere sanarse. Aunque eso también tiene su distinción pero en muchas cosas del corazón la gente no quiere sanarse. Esa ha sido mi experiencia. Hay personas que tienen, por ejemplo, un odio y no quieren sanarse de ese odio. Quieren seguir en ese odio. Quieren seguir en ese resentimiento, en ese rencor. De las cosas más duras que yo le haya oído a una persona joven, una mujer relativamente joven, ella decía, en muchos momentos de mi vida lo único que me ha levantado es el odio, porque no me voy a dejar de nadie. Una mezcla de soberbia y de rencor. Yo trataba de hablarle en términos de perdonar, de sanarse. No, no quiero sanarme, esa rabia que tengo es mi fuerza. No solamente hay personas que no quieren sanarse, hay personas a las que les interesa enfermar, a otros.

Por ejemplo, el marxismo como sistema, está basado en inyectar odio. Es muy importante inyectar odio. No aliviar las tensiones de la sociedad, sino exacerbarlas hasta producir un levantamiento de la clase proletaria de la clase pobre contra los ricos. Una campaña que tuvo clarísima Hugo Chávez desde el primer momento de su acceso al poder fue sembrar odio, un odio que no se curará fácilmente y un odio que está todavía vivo en Venezuela. Él no quería que hubiera paz, él quería que la gente tuviera odio, odio hacia los políticos, odio hacia las empresas, odio hacia los yanquis, odio. Y las personas que están matriculadas en el marxismo no quieren salir de ese odio porque ese odio es su motor. Pregúntale a un guerrillero en combate si quiere bajar el odio, no, necesito de ese odio para matar eficazmente, lo mismo dirá el paramilitar. Hay personas que están sumidas en la tristeza y no les interesa salir de la tristeza. No quieren salir de la tristeza, ¿por qué? eso es extraño, ¿por qué no quieren salir de la tristeza? no quieren salir de la tristeza porque la tristeza se les ha convertido como en una cobija en la que se envuelven, una cobija de autocompasión. A mí todo me sale mal. A mí nadie me quiere. A mí todos me rechazan. Y debidamente arropados en esa cobija de autocompasión, se sienten bien. Es su manera de acariciarse. Así como hay personas que tienen costumbre de acariciar su cuerpo, por ejemplo, para excitarse, pues hay personas que acarician su ego, acarician su yo, lo miman, y por eso necesitan de esa tristeza porque la autocompasión es la cobija con la que se han acostumbrado a vivir. No quieren salir de eso. Hay personas que no quieren salir de la confusión o no quieren salir de la ignorancia.

Hace poco me encontré a una persona consagrada, a una mujer. Ella tiene sus votos, es consagrada a Dios, tiene un hermano sacerdote. Este hermano sacerdote está en una comunidad religiosa distinta de los misioneros de Cristo Maestro. Y resulta que esa comunidad donde está el hermano de mi amiga, es una comunidad que está pasando por una situación escandalosa, sobre todo desde el punto de vista doctrinal. Es una cosa escandalosa, tristísima. Y entonces le digo a mi amiga. Yo trataba de ser amable. Creo que no me salió bien. Yo trataba de ser amable y le digo estoy orando mucho por la comunidad de tu hermano. Él ya es ordenado sacerdote, pero yo sé que está en un lugar muy contaminado. La respuesta de mi amiga, una mujer consagrada es esta, yo nunca miro noticias de eso. Ella tiene tanto miedo de que su hermanito del alma tome un camino torcido que prefiere no saber. Prefiere no enterarse. Prefiere permanecer en la ignorancia. Es posible que el hermano de ella, por todos los problemas que tiene esta comunidad, ya esté torcido en la fe, es posible, pero ella no quiere saberlo.

Les he dado varios ejemplos que muestran que no siempre la gente quiere. Aquí en Bogotá he hablado con personas que trabajan con indigentes y con personas que hoy se llaman habitantes de la calle. Me decía un amigo, la gran dificultad es que muchas de estas personas aman la calle. Aman la calle. Viven así en los caños y en distintos lugares. No voy a decir que los programas que ha puesto el Gobierno son la última maravilla, pero sí han hecho cosas y la gente se escapa y vuelve a la calle. Quieren ese tipo de vida y sabemos que el drogadicto, pues con mucha frecuencia no quiere salir de su adicción.

Todo esto para demostrar que la pregunta de Cristo no es superflua. Y hoy Cristo nos está preguntando a nosotros porque hemos tenido prácticamente un día casi digo yo de retiro aquí. Y hoy Cristo nos está preguntando a nosotros, porque todos nos hemos dado cuenta de los problemas que tenemos y los pecados que tenemos. Y hoy Cristo nos está diciendo ¿quieres salir de tu parálisis?. Hace rato que tu vida espiritual está estacionada, estás detenido, te atascaste y hoy el Señor nos pregunta ¿quieres salir de ahí? porque Él respeta nuestra voluntad, lo cual es un misterio de misterios. No nos va a sacar a patadas, perdón, que se oye tan feo eso, pero no nos va a sacar con violencia. Él nos hace la pregunta ¿quiere salir de tu miedo? ¿quieres salir de tu rencor? ¿quieres salir de tu pecado? y si nosotros respondemos que sí, ese sí nuestro es el que abre la bendición de Dios.

Hoy es un día para decirle a Dios Sí, quiero salir de mi parálisis. Estoy paralizado en mi vocación, estoy paralizado en mi vida religiosa, en mi vida sacerdotal, en mi vida cristiana. Estoy paralizado en mi formación teológica. Estoy paralítico, pero sí quiero. El sí humano. Dios lo toma muy en serio. Donde mejor se nota esto es en la Santa Señora, la bendita Virgen. Fíjate cómo Dios no realiza la encarnación, sino solamente cuando ella dice sí, cuando ella dice sí, se abre la bendición, se abre la unción.

Segunda pregunta ¿por qué le pone a cargar la camilla?. La camilla puede significar muchas cosas y hay por lo menos tres respuestas a esa pregunta, como gracias a Dios nadie tiene afán, podemos compartir brevemente esas tres respuestas. La primera respuesta es ésta cuando uno ha cometido un error, que es el caso de todos nosotros. Cuando uno ha tenido una situación de pecado, que creo que es el caso de todos nosotros. Y uno va a empezar una vida nueva. La tentación es, yo dejo mi camilla, o sea, yo me olvido de mi pasado. Eso puede ser una buena idea. Hay una canción carismática por allá de la época antigua, como dicen, de las primeras que salieron, que decía, la cruz delante el mundo, atrás, sin retornar, sin retornar. Cristo mismo dijo el que pone la mano en el arado y mira atrás, no sirve para el reino de los cielos. O sea que en cierto sentido, lo pasado, superado está bien. Eso es en parte cierto, pero hay otro modo de ver las cosas también. Y es que si a uno se le olvida de qué lodazal lo ha sacado Dios, si a uno se le olvida la obra de piedad que ha tenido Dios para decir sé que te has encerrado en tu pozo de vicio, de rencor, de lo que sea. Sé que te has encerrado, pero aquí te saco. Por eso los profetas muchas veces le recordaban al pueblo, de dónde venía. Eso es cargar la camilla. Cargar la camilla es acordarme de dónde me sacó Dios. O tal vez de dónde me está sacando Dios. Recuerdas cuál fue el primer credo que tuvieron los hebreos, mi padre era un arameo errante, éramos pocos, fuimos a Egipto, fuimos oprimidos. El credo es siempre cargar la camilla. El credo es siempre recordar de dónde me sacó Dios. Y si uno recuerda de dónde lo sacó Dios, uno camina con más humildad y uno camina con más prudencia, porque el que se conoce en sus debilidades sabe lo que puede suceder.

Observa la palabra que le dice Cristo a este paralítico y le dice mira, has quedado curado. No peques, no sea que te suceda algo peor. O sea, le está diciendo precaución. O sea, te salvaste de esa. Pero por favor, precaución. La camilla es el recordatorio de lo que Dios hizo por mí. En segundo lugar, la camilla también es una disposición de servicio, una interpretación totalmente distinta, segunda respuesta la camilla es una actitud de servicio. El Señor me ha salvado a mí y yo no dejo la camilla tirada, tengo que llevarla porque yo tengo que ayudar a otros. Entonces si el Señor me saca de un problema, me saca de un pecado, me saca de un vicio, yo tengo que tomar esa lección y tengo que llevar la camilla para ayudar a otros. Lo que a mí me sirvió un tiempo le puede servir a otro, en otro momento. Entonces el llevar la camilla en una segunda interpretación significa eso. Yo ya no lo necesito pero alguien lo puede necesitar. Entonces voy a ayudar a los demás.

La tercera interpretación, que es la que está más cercana al texto mismo que hemos oído. La tercera interpretación es que la camilla es la señal de la victoria del Hijo del Hombre, que es Señor del sábado. Los fariseos se disgustan porque este hombre carga una camilla en un sábado. Entonces están disgustados y acosan a Cristo a preguntas con el tema de la camilla, pero no se dan cuenta que llevar esa camilla no era un trabajo, que era una proclamación de la gloria divina. Un paralítico que carga su camilla es como un cristiano que dice miren lo que Dios ha hecho por mí. O sea que es una proclamación de gloria. La segunda pregunta entonces era ¿por qué Cristo lo pone a cargar la camilla? y las tres respuestas que hemos visto son para que no se nos olvide el pasado, no sea que recaigamos en él. Para que aprendamos que lo que a nosotros nos sirvió le tiene que servir a otros y nos movamos al amor, al prójimo.

Y en tercer lugar, para proclamar la gloria de Dios, esto es lo que Dios hizo conmigo. La tercera pregunta que hemos dicho, que es un detalle que nos dejó el Espíritu Santo en el pasaje de hoy. La tercera pregunta tiene que ver con el hecho de que Cristo parece escabullirse. Cristo se esconde o se desaparece entre la gente, y dice uno ¿por qué? y también esto tiene más de una respuesta. Pero para no prolongar mucho la reflexión, quedémonos con solo un modo de responder. No todos los lugares son apropiados para el encuentro que Cristo quiere con nosotros, porque finalmente Cristo quiere llevarnos a un encuentro personal con Él. Cuando uno piensa en que Cristo estaba así como refundido, decimos los colombianos, refundido entre la gente. Uno dice Cristo se fue. Pero si lo piensas bien, el desenlace del pasaje nos lleva a algo muy bello, dónde se vuelve a encontrar Cristo con el paralítico, se lo encuentra en el templo y es en el templo donde Cristo completa el milagro, donde Cristo afianza la obra de la gracia. O sea que el milagro puede suceder en lo exterior y en lo espectacular, pero el encuentro sucede en lo personal y en lo íntimo, y Cristo quiere llevarnos siempre a eso, a ese encuentro personal. El barullo, el ruido, el aplauso, el oropel, la multitud, muchas veces no son el mejor ambiente. Cristo quiere llevarnos a un encuentro más personal con Él.

Eso tiene mucho sentido, porque hay otros pasajes del Evangelio donde pasan cosas semejantes. Acuérdate, aquel sordomudo que fue curado por Cristo cuando le metió los dedos en los oídos. Y qué es lo primero que hace Cristo para el milagro, dice lo llevó aparte. O sea, Cristo de vez en cuando necesita eso, llevarnos aparte a la soledad, al silencio, al desierto, al templo, para decirnos, como solo él sabe decirlo. Tú, tú vales, Tú eres importante para mí. Tú no eres un número más de la multitud. Tú eres mi discípulo amado. Tú eres mi Hijo amado, Tú eres mi elegido. Y eso, pues, todos lo tenemos que oír. Pero yo creo que especialmente nosotros los religiosos, necesitamos salir un poco del barullo y necesitamos en silencio, en el templo, encontrarnos con el Señor para que Él con sus ojos termine de decirnos lo que empezó a hablarnos con su boca.

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