Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Contraste y complemento entre la Ley y los Profetas: el templo como punto de llegada y como punto de partida.

Homilía k042012a, predicada en 20150217, con 8 min. y 37 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Los judíos del tiempo de Cristo resumían el Antiguo Testamento, lo que nosotros llamamos el Antiguo Testamento y que ellos llamaban las Escrituras. Lo resumían con esta expresión la ley y los profetas. Cuando ellos decían la ley y los profetas se estaban refiriendo a todas las Escrituras, es decir, las que había hasta ese momento, lo que nosotros llamamos el Antiguo Testamento. Y es interesante entonces comparar en algunos puntos esto de la ley y los profetas, por ejemplo, con el templo.

Mientras escuchábamos la Primera Lectura de Ezequiel, yo me estaba acordando de lo que dice la ley sobre el templo. Especialmente en el Deuteronomio, el templo se mira como un punto de llegada, es el lugar donde tienen que celebrarse los sacrificios, es el lugar a donde deben ir los peregrinos, es la cumbre, por así decirlo. Y desde esa cumbre hay que invocar a Dios para recibir sus misericordia, su bondad. De modo que para la ley, el templo es el punto de llegada.

En Ezequiel, sobre todo en el pasaje que hemos oído que es bastante conocido del Capítulo Cuarenta y siete en Ezequiel, fíjate que el templo se convierte en el punto de partida. Del templo sale la bendición, del templo sale la sanación, del templo sale la libertad, en el templo se restaura la vida. De modo que toda la grandeza del templo no se queda encerrada en el templo. Sino que llega incluso hasta el lugar más muerto que ellos conocían. En Tierra Santa, existe ese depósito de agua inmenso que se llama el Mar Muerto, y el nombre tiene una razón de ser. Es tanta la acumulación de sales minerales en ese lugar que no es posible prácticamente ninguna forma de vida, por lo menos de lo que uno está acostumbrado a ver en los lagos o en los mares, eso no existe allá, por eso se llama Mar Muerto.

Pero el agua que sale del templo, la bendición que sale del templo tiene tanta fuerza de vida que rescata hasta el Mar Muerto. ¡Esto es admirable! Y esto nos está mostrando cómo para Ezequiel el templo es el punto de partida. Hagamos entonces ese contraste. Para el Deuteronomio, el templo es el lugar donde se recoge todo, se recoge el pueblo, se recoge la ofrenda, se recogen los sacrificios. Para Ezequiel, el templo es el punto de partida de todo. De modo que del templo sale la bendición, del templo sale la sanación, del templo sale la vida nueva.

Podemos encontrar esa misma imagen en el verdadero templo que es Jesucristo. Todo va hacia él, pero también todo comienza en él. Nos dice la Carta a los Colosenses, nos dice también la Carta a los Hebreos con un lenguaje parecido. Todo existe para él, pero también todo existe por él, por él y para él. Todo existe por él, porque en él tiene su comienzo, el plan de Dios, en él tiene su comienzo, la vida nueva, en él tiene su comienzo, la bendición. Pero todo existe para él, porque todos nuestros esfuerzos adquieren sentido solamente en él.

Entonces, esto que estamos diciendo del templo y la comparación con la ley y los profetas, lo podemos aplicar a Cristo, que es el verdadero templo, es el lugar a donde vamos, en donde se hace perfecta nuestra ofrenda, en donde adquiere sentido nuestro sacrificio. Pero es también el manantial que nos sana, que nos renueva, que nos da vida. Ahora hay que aplicar eso mismo al cristiano. Nos dice San Pablo que nosotros somos templos del Espíritu Santo. Eso quiere decir que también nosotros necesitamos recibir y necesitamos dar. Recibimos el Evangelio, damos el evangelio, recibimos la bendición y somos bendecidos, pero también damos bendición, y también nosotros bendecimos. Es hermoso pensar que cada uno de nosotros es lugar de la ofrenda.

Dice San Pablo en el Capítulo Doce de la Carta a los Romanos que el sacrificio de nuestra vida, el sacrificio de nuestro cuerpo, ese es el culto propio del cristiano, o sea que en nosotros, como en el templo, se ofrece un sacrificio. Y ese sacrificio precisamente es la búsqueda continua de la voluntad del Señor, que muchas veces lleva a la abnegación y la renuncia de nuestros caprichos y la superación de nuestras tentaciones. Entonces en nosotros se realiza ofrenda, y en la medida en que cada uno de nosotros se convierte en lugar de ofrenda, lugar de sacrificio, templo donde se presenta verdaderamente el culto a Dios, también cada uno de nosotros se convierte en bendición.

El apóstol San Pedro resume la vida de Cristo en el Capítulo Décimo de los Hechos de los Apóstoles, diciendo: Él pasó haciendo el bien. Es decir, Jesús era como un manantial abundante de bendiciones. Y hay algunos santos de los que se dicen cosas parecidas. A mí me impacta mucho lo que se dice de una mujer, Catalina de Siena. Uno de los elogios más grandes que se han hecho de una mujer santa después de la Virgen, se dice de Catalina: Nadie se acercó a ella sin volverse mejor. Es decir, esta mujer se volvió una bendición, se volvió un manantial. Ya se tratara de niños, de jóvenes, de adultos, de enfermos, de hombres, mujeres, matrimonios, sacerdotes, ella era un manantial, era un volcán de bendición. Se parecía al templo de Ezequiel. Yo creo que es una imagen hermosa.

El templo de Israel, el templo que es Cristo. Y cada uno de nosotros como lugar donde sucede la bendición y lugar desde el cual Dios derrama bendición en su pueblo.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM