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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Responder a esta pregunta: ¿Por qué Cristo fue condenado a muerte?, no es tan sencillo, y las explicaciones sociológicas elementales no bastan.

Homilía k042009a, predicada en 20140401, con 4 min. y 35 seg.

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Transcripción:

Poco a poco, la liturgia de la Cuaresma nos va introduciendo en el misterio mismo del sacrificio de Cristo. Responder a esta sencilla pregunta ¿Por qué Cristo fue condenado a muerte? No es tan sencillo, no es una sola cosa, no es como algunos pretenden, un simple problema económico o político. Hay gente que quiere hacer una lectura política y económica del Evangelio diciendo simplemente se trata de que se metió con los intereses de la clase dominante. No es algo tan sencillo. De hecho, encontrábamos en el Evangelio de ayer que uno de los milagros que Cristo realiza es en favor de un funcionario real, diríamos uno de clase alta. Jesús no pone la restricción para sus milagros, la restricción de la clase social. No, las cosas no son tan sencillas.

Entonces ¿Qué puede haber sucedido? Pues es una serie de conflictos, es una serie de roces y de tensiones que se van agravando. Y en ese sentido, la liturgia de la Cuaresma, es decir, la exposición de la Palabra de Dios durante la Cuaresma, nos va ayudando a entrar en ese misterio, en esa red de tensiones y de complicaciones y de oposiciones que finalmente llegará a su punto culminante cuando los enemigos de Cristo logren atraparlo y lo lleven a la muerte. En el pasaje de hoy del Capítulo Quinto de San Juan asoma uno de esos temas. Se quiere presentar a Cristo como un enemigo de la ley de Moisés, como un desobediente. Esta será una de las estrategias de los enemigos del Mesías. Ellos tienen que demostrar, ellos quieren demostrar que Jesús es desobediente a la ley de Moisés.

Y para eso nada mejor que tomar el tema del sábado como en el pasaje de hoy. Se ve que Cristo sana a un paralítico y le dice: Toma tu camilla y vete a andar. Y este hombre curado toma su camilla. Entonces de ese hecho que tendría que ser un motivo para darle gloria y alabanza a Dios, de ese hecho se pegan los enemigos de Cristo para decir bueno, pues si este profeta pone a una persona a cargar una camilla, quiere decir que está rompiendo el sábado, está desobedeciendo lo que manda el sábado. Por supuesto, es algo ridículo, es una manera de pensar absolutamente miope y mezquina.

Pero ahí, repito, empezamos a aprender en dónde radica esa furiosa oposición, esa rabiosa oposición. Es el intento de los enemigos de Cristo de presentarlo como uno que es desobediente a la ley de Moisés y que por consiguiente no puede venir de Dios. Y si habla en nombre de Dios, pero no viene de Dios, entonces es un enemigo. Y si es un enemigo, hay que eliminarlo. Ahí nos damos cuenta un poco cuál es la estructura, llamémoslo así, del argumento que ellos tratan de construir. Estas lecturas no son las más amables, no son las más dulces para escuchar, porque en este y en muchos otros textos, realmente lo que vamos a ver es cómo se planeó, cómo se organizó la muerte de Jesucristo.

Pero no nos dejemos llevar simplemente por la tristeza. Más bien, descubramos en medio de ese complot, descubramos la fortaleza del amor de Dios, la constancia de su misericordia, y revisemos nuestro propio corazón para ver si en nosotros realmente hay acogida a Cristo, o somos de aquellos que buscan pretextos para quitarlo de en medio y para deshacerse de su Palabra que indudablemente mueve a conversión.

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