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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
San Juan nos explica la relación entre el ministerio de Cristo y los orígenes de la persecución contra él.
Homilía k042008a, predicada en 20130312, con 5 min. y 8 seg. 
Transcripción:
En esta cuarta semana de Cuaresma estamos tomando algunos pasajes del Evangelio según San Juan. Así lo propone la Iglesia, que es madre y que es maestra, entre otras cosas porque la relación entre el ministerio que realizaba Cristo y la persecución que se vino encima de Cristo la describe San Juan de un modo realmente único. Y eso se nota particularmente en el texto de hoy, que está tomado del Capítulo Quinto de este Evangelio de Juan. A ver, Cristo realiza un milagro y ese milagro es bendición y alegría para la persona que lo recibe, un paralítico que queda curado. Pero ese milagro también es ocasión de antipatía, de suspicacia y de ataque de parte de los enemigos de Cristo. Por eso digo que Juan nos enseña muy bien cómo se da la transición entre las maravillas que realiza Cristo y la persecución que cae encima de Cristo. Esa parte yo creo que la describe muy bien este evangelista. Miremos un poco en qué consiste esta sanación. Se trata de un día sábado, se trata del día de descanso y Jesús se acerca a una piscina donde se supone que había muchos milagros. La gente tenía la idea de que cuando el agua se movía era que había como un ángel de Dios que estaba ahí, muy cerca, y el que primero llegaba a la piscina recibía aquel milagro que estaba buscando. Fíjate cómo es una creencia que raya realmente en la superstición. Pero hay algo muy chistoso ahí. Este hombre es un paralítico y resulta que para poder curarse tiene que llegar primero a la piscina, pero obviamente su parálisis se lo impide. Es decir, es la ironía del mundo la que aparece aquí, la ironía del mundo que se manifiesta en tantas otras cosas. Por ejemplo, como la persona que le pide un préstamo a un banco tiene que demostrarle al banco que tiene tantos bienes y tanto dinero y tanta gente que le preste que en realidad no necesita ese préstamo. Es decir, los bancos le prestan con mayor facilidad a los que no necesitan el dinero que a los que sí en realidad lo necesitan. Y esa, esa ironía se manifiesta en muchas otras cosas. Esto es también lo que dijo Cristo en una oportunidad; Al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará. Y eso es cierto, la persona que más necesita no es la que más recibe, sino con mucha frecuencia en la ironía del mundo, la persona que más necesita, es como ese paralítico que para curarse de su parálisis tendría que no ser paralítico. Es un juego de palabras, pero es una realidad lo que está viviendo él. En cambio, Cristo, Cristo obra de otra manera. Cristo quiere sanar, no al que más lo merece, no al que está mejor provisto para pagar el favor. Cristo tiene como único criterio ayudar al que realmente lo necesita. Y así es como cura a este paralítico. Obsérvese que el paralítico es un pecador. Y esta es la segunda vez en los evangelios que esto aparece paralítico, pero pecador. Jesús le dice al final; Vete y no peques más, no sea que te suceda algo peor. Cosa que también es interesante porque Cristo evidentemente muestra compasión hacia la situación de la persona, pero eso no significa que la trate como alguien bueno. No, no está diciendo Cristo que sea una persona buena. Más bien lo que está sintiendo Cristo y lo que es razón para el, obrar de Cristo es que esa persona lo necesita. Esa es la lógica que no entienden los adversarios, se agarran del detalle de la ley para acusar a Jesús porque sienten que su propia autoridad, la de ellos, que hasta entonces eran grandes figuras en el pueblo judío, sienten que su autoridad se está perdiendo. Y así, en razón de envidia, esa es la palabra clave, en razón de envidia y en razón de egoísmo, ese perder privilegios. Los enemigos de Cristo empiezan a mirar las obras de misericordia de Él como algo que les estorba y como algo que hay que suprimir a toda costa. Es como el primer anuncio claro, de lo que va a seguir sucediendo en la Cuaresma y que tendrá su desenlace dramático en la cruz. Ahí el Señor terminará de mostrar dónde está su gran misericordia y ahí aparecerá en toda su realidad el pecado del mundo.

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