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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo es el verdadero templo del que brota agua que lava, perdona, sana y restaura.
Homilía k042006a, predicada en 20120320, con 4 min. y 37 seg. 
Transcripción:
El agua es reconocida por los científicos, pero primero por nuestra experiencia personal como fuente de vida. Por ejemplo, en las investigaciones que se han hecho con satélites o sondas espaciales en un planeta como Marte, la primera búsqueda es, hay agua, porque asociamos el agua con la vida y por consiguiente, un mundo totalmente carente de agua es un mundo que difícilmente podemos imaginar cómo vivo. Por lo menos con la forma de vida que nosotros conocemos sobre esta tierra. El agua aparece también en el Capítulo Treinta y siete del profeta Ezequiel como dando vida y renovando la vida con una característica muy interesante. Esta es agua que sale del templo de Dios. Dios en su templo no solamente está renovando al pueblo, sino que desde el templo está renovando el mundo. Una enseñanza muy útil para nosotros, porque entre otras cosas, esto significa que la fe no debe quedarse guardada o escondida en el lugar de oración. Nuestra fe tiene que salir como ese río impetuoso para renovar todo lo que nosotros somos. Nuestros lugares de estudio, de descanso, de deporte, de trabajo, tienen que ser renovados por esa agua que nosotros tomamos del santuario de Dios. El agua vuelve a aparecer hoy en el pasaje del Evangelio. Esta vez ha sido tomado del Capítulo Cinco de San Juan. Se trata de una piscina llamada Betesda, con una característica muy extraña para la cultura hebrea. Era una piscina que tenía cinco portales y el número cinco es bastante ajeno a la cultura hebrea. Pero esta característica ha servido porque los investigadores, los arqueólogos, han encontrado precisamente en Jerusalén los restos de este lugar, dando así una prueba muy interesante de la historicidad del cuarto Evangelio, el Evangelio de Juan. Pero lo que se cuenta es que un hombre paralítico desde hace treinta y ocho años está cerca de esa piscina. Y había como una especie de tradición bordeando en la superstición. Se suponía que el agua se ponía en movimiento en ciertos tiempos del año o en ciertos días, y cuando el agua estaba en movimiento, era agua que tenía poder para curar. Pero este hombre estaba en una situación absurda, precisamente porque su problema era que no podía moverse. Pues entonces tampoco podía acercarse a la piscina cuando el agua se movía y por consiguiente, no podía curarse. Su enfermedad lo mantenía prisionero y no podía curarse. Pero Jesús le da la curación, mostrando que la fuente del agua viva es Él mismo. En el mismo Evangelio de Juan está esa frase; El que tenga sed, que venga a mí y beba. El templo donde se ofrece el verdadero sacrificio es Cristo. Por eso a él lo nombramos como sacerdote, víctima y altar. Y de este altar que es Cristo brota el agua de la vida. También el evangelista Juan nos cuenta que al perforar el costado de Cristo, ya muerto en la cruz, salió un torrente de agua viva. Pues que esa agua de vida nos sane. Que esa agua de vida nos renueve y que nosotros mismos, transformados por el amor de Cristo, podamos anunciar el mensaje de salvación a muchos hermanos.

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