Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El esquema general del Evangelio de San Juan--que nos acompañará en buena parte de lo que queda de Cuaresma--va así: las obras de Cristo - leídas como "signos" - que despiertan nuestra fe - para que lleguemos a tener vida.

Homilía k041015a, predicada en 20220328, con 8 min. y 3 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, a partir del día de hoy el Evangelio de San Juan va a tener un lugar prominente en las lecturas de la Cuaresma. San Juan es el evangelista que destaca el papel de los milagros de Cristo como signos y que presenta estos signos como el origen y también la confirmación de la fe. Me parece que, simplificando mucho, el planteamiento de San Juan es más o menos éste. Hay unas obras que realiza Cristo. Esas obras se convierten en signos para los que las contemplan, para los que las descubren. Esos signos despiertan la fe, y esa fe es la que trae vida eterna.

Hay distintos pasajes del Evangelio de Juan que muestran esta escalera que va desde las obras de Cristo a los signos que ve la gente, de ahí a la fe que tienen en sus corazones y de esa fe a la vida. Obras, signos, fe, vida. Ese último escalón es el que aparece al final del Evangelio de Juan cuando dice Todo esto se ha escrito para que sepan que tienen vida. Entonces conviene, ya que Juan nos va a acompañar en el final de la Cuaresma y luego la mayor parte del tiempo pascual. Conviene tener en cuenta esa escalera, esa secuencia. Las obras de Cristo, los signos, la fe y la vida.

En el Evangelio de hoy, por ejemplo, encontramos dos veces el verbo creer. Jesús le contesta a este funcionario real, anda, tu hijo vive. El hombre creyó en la palabra de Jesús. Luego se encuentra con los criados de su casa que le dicen ayer a la hora séptima, es decir, como a la una de la tarde lo dejó la fiebre. El padre cayó en cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho Tu hijo vive. Y creyó él con toda su familia. Entonces ahí está la dinámica entre el signo y la fe.

Hay una primera fe que tiene el funcionario cuando Jesús le dice Tu hijo vive. Y luego hay una segunda fe o un nuevo nivel de fe que el funcionario tiene cuando se da cuenta que efectivamente el hijo se curó. O sea que el funcionario ha crecido en la fe. De fe en fe. De la fe inicial a un nuevo nivel de fe, porque ha visto el signo. Claro que uno puede preguntarse y ¿esa fe primera de dónde le vino? de ese creer en Jesús.

Pues eso también nos lo dice el Evangelio. Efectivamente, dice cuando llegó a Galilea Jesús, los galileos lo recibieron bien porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta. En Juan es siempre esa dinámica el signo que despierta la fe. Entonces este funcionario no va a ciegas cuando se encuentra con Cristo, sino que acercándose a Cristo, se apoya en la noticia de los signos, le cree a Jesús, comprueba por sí mismo y crece en la fe. De una fe inicial a una fe más madura, una fe más crecida.

¿Cómo podemos aplicar esta enseñanza de San Juan a nuestra propia vida? De dos maneras principalmente. Primero, darnos cuenta de cuáles son los signos que Dios nos da a nosotros todos los días. En la naturaleza, en nuestros hermanos, en la voz de nuestra conciencia, en las mociones del Espíritu, en el testimonio de otros, en los sacramentos. Estar más atentos a los signos, ese es un modo.

Y segundo, que tiene mucho que ver con nuestra vocación académica. Darnos cuenta del terrible malentendido que hay en nuestra época, porque la mayor parte de las personas que se burlan de la fe o que critican la fe, creen que la fe es una especie de afirmación sin evidencia. Muchísimos científicos y más que científicos, cientificistas, critican la fe o se burlan de la fe diciendo que la fe es algo así como afirmar algo porque sí, porque yo creo, porque me parece, porque me consuela, porque es amable para mi corazón creerlo. Y por eso en el mundo cientificista siempre hacemos la distinción entre científico y cientificista.

En el mundo cientificista la fe se presenta como una afirmación caprichosa, mientras que la ciencia si es firme, la ciencia si se va a los hechos tanto del lado, llamémoslo así, comunista como del lado capitalista. Allí donde se niega la fe, siempre se presenta a la ciencia como lo que es verdaderamente firme y atenido a los hechos. Por eso Marx hablaba de su materialismo científico y por eso la ciencia en Occidente se ha convertido casi en una idolatría.

Pero uno se da cuenta que la perspectiva de San Juan es el antídoto perfecto para eso. Nuestra fe no es caprichosa. Nuestra fe no es porque me gusta o porque me parece, sino que nuestra fe es el florecer de la evidencia. Casi todo el Evangelio de Juan se podrá resumir en aquella frase que describe al discípulo amado en el sepulcro. Vio y creyó ver los signos y creer en aquel que nos ha dado esos signos. Así podemos, me parece, aplicar esta palabra a nuestra propia vida, hacerla realidad en nosotros y ayudar a que otros crean.

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