Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo da los signos, pero al tiempo no quiere que nos quedemos en ellos, quiere que los superemos; que encontremos en Él nuestro cimiento y a saber que el confía en el Señor no queda defraudado.

Homilía k041014a, predicada en 20220328, con 4 min. y 56 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos. El Evangelio según San Juan. Podemos decir que es el Evangelio de los signos. Esta palabra es tan importante en este Evangelio que él no utiliza propiamente la palabra milagro, sino que para Juan los milagros son en realidad signos.

Hay una comparación que se ha repetido muchas veces y que es muy bella. Es la de un hombre sabio con un grupo de discípulos que con su dedo muestra la luna. Pero hay algunos que se quedan mirando el dedo y no miran la luna. Eso es lo que San Juan quiere enseñarnos, que no nos quedemos mirando los milagros. Que no nos encerremos en los milagros. Sino que veamos hacia dónde apunta el milagro.

Por ejemplo, ¿Qué nos quiere enseñar el milagro? ¿Qué nos dice de Dios el milagro? ¿Qué nos muestra de nuestra realidad el milagro? Por ejemplo, piensa, cuando Dios sana a un paralítico es algo absolutamente prodigioso. Es algo precioso. Pero al mismo tiempo esa parálisis física nos está hablando de otra parálisis interior que seguramente tenemos. Y es posible que muchos de nosotros, bondad de Dios, no tenemos parálisis física, podemos movernos sin problema nuestro cuerpo. Pero qué tal que estemos paralíticos espiritualmente. Nuestros ojos físicos pueden ver. Bendito sea Dios. Pero ¿qué tal que estemos ciegos de otra manera? Esa es la importancia de la teología de los signos en San Juan.

Por supuesto, estoy comentando esto porque el Evangelio de este día está tomado de San Juan, y ese Evangelio nos cuenta uno de esos signos. De hecho, Juan va llevando la cuenta de los signos y al final le resultan siete, que es un número perfecto. El último gran signo, te anticipo, es precisamente la cruz. El hecho de que el Hijo de Dios entregue su vida por nosotros es el signo de los signos. Es el signo por excelencia.

Pero en el Evangelio de hoy aparece el segundo de esos signos. Según la cuenta de San Juan. El primero fue cuando convirtió el agua en vino. El segundo es el que aparece hoy. Y hay algo muy hermoso que nos enseña este milagro o este signo de hoy, y es el poder que tiene la fe. Observemos que un hombre de gran importancia se nos dice que era un funcionario real, tiene un hijo enfermo, y entonces va donde Cristo.

Y Cristo al principio se queja. Esa queja de Cristo es importante, porque observa, Cristo da los signos, pero al mismo tiempo quiere que no nos quedemos en los signos, que no quedemos atrapados por los signos. Él nos da, pero Él quiere que lo superemos. Entonces Cristo se queja un poco, es decir, corrige, purifica la intención, pero luego le dice tu hijo está curado. Y este hombre creyó. Eso es lo maravilloso, creyó. Lo maravilloso es que abrió su corazón a la fe. Eso es lo maravilloso. Lo maravilloso es que se apoyó en Jesucristo. Y el que se apoya en Cristo puede levantarse a una vida nueva. Y el muchacho estaba curado.

Hoy esta palabra nos invita entonces a no quedarnos en los signos, pero eso sí, a apoyarnos en Jesucristo, a encontrar en Él nuestro cimiento y a saber que el que confía en Él jamás quedará defraudado. Amén.

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