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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Busquemos a Cristo para creerle y perseverar en la oración por quienes necesitan de Él, para que se acerquen a su amor, le den un sí resuelto y juntos le demos la gloria y alabanza.
Homilía k041013a, predicada en 20210315, con 5 min. y 6 seg. 
Transcripción:
De las muchas y muy hermosas lecciones que podemos tomar del Evangelio de hoy. Capítulo cuarto de San Juan. Hay una que quiero subrayar, el poder de la oración de intercesión. Este Evangelio nos presenta a un papá que ora por su hijo. Le pide a Jesús que cure a su hijo y luego cree en la Palabra que Cristo le dice. Tu hijo se ha curado. Es un hombre que busca a Cristo, ora a Cristo, persevera en Cristo y le cree a Cristo. El milagro se realizó.
Observemos esos cuatro verbos que hemos Utilizado. Este hombre busca a Cristo, ora a Cristo, persevera en su oración, persevera en Cristo y luego le cree a Cristo. Son los pasos que también nosotros hemos de dar en nuestra propia oración por otras personas.
Y hay algo que me llama la atención y aquí me apoyo en San Pablo. San Pablo dice a una comunidad cristiana. Aunque tengáis mil maestros, solo tenéis un padre. Yo os engendré para Cristo. Con lo cual nos está indicando este apóstol que además de la paternidad biológica, existe también la paternidad espiritual. Nosotros, independientemente del estado de vida que cada quien tenga. Somos llamados a engendrar para Cristo.
Cuando tú le hablas a una persona, cuando tu testimonio, tu oración, ayudan a una persona para que vuelva a Dios, para que se acerque a Dios, tú estás siendo como un padre espiritual o una madre espiritual para esa persona, y hay que saber que la fuerza que engendra a esa persona para Cristo es ante todo la fuerza del mismo Dios que obra en tu oración. Es la fuerza de Dios obrando en ti. Esto quiere decir que a través de nuestra oración nosotros podemos ayudar a engendrar para Dios a esas personas que son tan queridas por nosotros.
Piensa en este momento mientras estoy hablando. Piensa en este momento en alguna persona que tú sientes que se está apartando de Dios. Puede ser un amigo tuyo. Puede ser tu propio hijo según la sangre. Puede ser un compañero de trabajo o de estudio. Es una persona que se encuentra envuelta en las tinieblas. Una persona que tiene una enfermedad peor que las enfermedades del cuerpo. Una persona que está siendo herida por el enemigo. Y tal vez la persona no solo lo permite, sino que lo busca. Tú y yo conocemos personas así.
Hoy el Evangelio nos invita a buscar a Cristo, pedirle a Cristo, perseverar en Cristo y creerle a Cristo, mientras oramos con amor por esas personas a las que amamos. Pero sobre todo, queremos que se sientan y se sepan, se reconozcan amadas por Jesús. Para eso necesitamos la fuerza de una oración que viene de Dios. Porque lo más hermoso le dijo Dios a Santa Catalina de Siena es que las oraciones que Él escucha son las oraciones que Él mismo despierta con su fuego en nosotros.
Pidamos a Dios ese fuego para ser verdaderos orantes, para buscar a Cristo, orar a Cristo, perseverar en Cristo y creerle a Cristo. De modo que aquellas personas que son importantes para nosotros lleguen a acercarse al verdadero amor, lleguen a encontrarse genuinamente con el Señor, lleguen a darle ese sí resuelto, puedan levantarse de su postración y puedan un día junto con nosotros, darle la gloria y la alabanza al único que la merece, nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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