Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Jesucristo, baja a curar!

Homilía k041012a, predicada en 20200323, con 14 min. y 21 seg.

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Transcripción:

Hermanos queridos, seguramente sabemos que hay tres virtudes que destacan en la vida cristiana: la fe, la esperanza y el amor. Y podemos decir que las lecturas de hoy son como una catequesis sobre la importancia de la fe y de la esperanza. Y sobre cómo esa fe y esa esperanza finalmente nos dan la victoria y nos llevan a la alegría. La fe y la esperanza.

La fe destaca sobre todo en el texto del Evangelio, donde aquel hombre que tenía a su hijo enfermo, lleno de angustia, pero también lleno de fe, lleno de dolor, pero también lleno de fe, fue donde Jesús. Fíjate lo que estoy diciendo. Tenía angustia. Cuánto sufriría ese papá viendo a su niño tan enfermo. Tenía angustia, sí, pero tenía fe. Tenía dolor, sí, pero tenía fe. Y aquí aprendemos la primera lección importante.

La fe no es para cuando se te pase la angustia. La fe no es para cuando se te pase el dolor. La fe no es para cuando las cosas van divinamente bien. La fe se muestra, se fortalece y da sus frutos más preciosos cuando pasamos por la angustia, cuando pasamos por el dolor, ahí, sobre todo ahí, brilla la fe.

Hay algo que también debemos destacar aquí. Este hombre fue donde Jesús se puso en camino hacia Jesús. La fe te pone en camino hacia el Señor. En su casa él tenía una tragedia. En su casa él tenía a su niño enfermo. Él no se queda en el lugar de la tragedia, en el lugar de la enfermedad, sino que se pone en camino. Él vivía en Cafarnaún y se pone en camino hacia la ciudad donde estaba Jesús en ese momento, Caná de Galilea. Sí, la misma ciudad donde sucedió el milagro de la transformación del agua en vino. Entonces tenía angustia, tenía dolor, pero no se quedó en su casa con su angustia y con su dolor. Se puso en camino. Hizo algo para encontrarse con Jesús.

Date cuenta de que la fe no es un puro sentimiento. Date cuenta de que la fe nos pone en movimiento, hay que hacer algo. Cuando veo que miles de personas están buscando estos espacios de oración. Así sea una Misa transmitida por Internet, usted hermano, que me está viendo y su familia, cuando usted está haciendo esto, cuando usted está separando este tiempo, usted se está poniendo en camino para encontrarse con Jesús. No se quede simplemente, perdóneme la expresión no quiero ofender a nadie, pero no se quede simplemente echado en su cama. No se quede simplemente recostado en su sofá. No, no tomemos la postura del derrotado. No tomemos la postura del perdedor. Nuestra postura es en camino. En camino para buscar a Jesús. En camino para decirle a Jesús te necesito.

Volvamos a las palabras que Él, que este papá con su niño enfermo pronuncia, fue a verle, le pedía que bajase, a curar a su hijo, que estaba muriéndose. Baja a curar. Ven a curar. Esa tiene que ser también nuestra oración. Ven a curar, Señor. Estamos viviendo tiempos de epidemia. Vamos a pedirle eso al Señor. Mira nuestra oración. Yo sé que somos pecadores, pero nuestra oración, puede hacer milagros.

A ver ¿quién era este hombre? Dice un funcionario real. Las palabras son precisas. Funcionario real. ¿Tú sabes qué significa eso? Real quiere decir que pertenecía a la corte del Rey. Y el rey era un impostor. Un hombre pervertido, degenerado por el vicio cruel y supersticioso llamado Herodes. El mismo que había matado a Juan el Bautista. Y este, el que viene a pedirle a Jesús la curación de su hijo. Trabaja para Herodes. Es un funcionario de Herodes. Eso es lo único que puede significar funcionario real. Distinto si fuera un funcionario del Imperio Romano. Existe una pequeña probabilidad de que también hubiera sido eso. Pero es que la expresión rey en los Evangelios siempre hace alusión al rey de Israel. Al César lo llama César o lo llama emperador, pero no lo llama rey. Así que funcionario real quiere decir que este hombre trabajaba para Herodes.

¿Sabes lo que eso quiere decir? Herodes el que mató a Juan el Bautista, el gran profeta del cual dijo Jesucristo no ha nacido uno más grande que Juan. Y Herodes mató a ese, a ese gran profeta. Herodes era un corrupto. Herodes era un pervertido. Herodes era un hombre marcado por la brujería y la superstición por la crueldad. Y este funcionario trabajaba para Herodes. Y sin embargo va donde Jesús. Entonces yo digo si alguien que trabaja para Herodes va donde Jesús, ¿Por qué no podemos ir nosotros? Por qué no podemos ir aunque sean muchos nuestros pecados, aunque sean muchos nuestros errores, aunque sean tantísimas nuestras caídas. ¿Por qué no podremos ir donde Jesús para decirle baja a curar?

Pidámosle eso a Jesús. Para nosotros incluso significa más, porque sabemos que nuestro Señor está glorioso en el cielo. Estamos seguros de que Él reina glorioso en los cielos. Baja a curar. Hazte presente, le pedimos a Jesús. Hazte presente en los hospitales. Hazte presente, Señor, en aquellos que están solos, solos sufriendo la enfermedad, algunos agonizando. Baja a curar. Si este funcionario que trabajaba para un pervertido tuvo el valor de ir donde Jesús, vayamos también nosotros. Vamos a pedirle a Jesús que baje a curar. El camino lo escogerá Jesús. Él sabrá cómo y por dónde. Él lo sabrá.

Efectivamente, nos dice el libro Eclesiástico Dios también hizo al médico y por eso yo conozco un monasterio de clausura. Nuestras amadas Dominicas Contemplativas del monasterio de Santa Inés, a unos cuantos kilómetros de aquí de Bogotá. Están orando todos los días, pidiéndole a Dios que acelere la sabiduría, que aumente la sabiduría de médicos y científicos que están trabajando, buscando tratamientos eficaces, vacuna en contra de esta epidemia. Esa también es obra de Dios. Dios también obra a través de los médicos, de los científicos, incluso aunque no sean creyentes. Si Dios utilizó a Ciro de Persia, que no era judío ni tenía que ver con los judíos, ni creía en Yahvé. Si Dios utilizó a Ciro de Persia para bendecir a su pueblo, Dios puede utilizar hasta a los ateos los puede utilizar.

Pidámosle a Jesús con fe, baja a curar, baja, baja a curar. Esto se lo vamos a pedir con insistencia, con amor. Pero fíjate lo que dije antes. El funcionario tenía angustia, el funcionario tenía dolor, pero aunque tuviera angustia y tuviera dolor, fue con fe. Se puso en movimiento y fue con fe. Esa es la fe que vence. Y luego Jesús como que puso a prueba esa fe porque le dijo anda, tu hijo está curado y el hijo estaba a unos kilómetros. Ya dije, Jesús estaba en Caná, el niño estaba en Cafarnaún. Y Jesús le dice y este hombre creyó en la palabra de Jesús.

Y nosotros hoy vamos a ejercer fe, vamos a creer en la palabra de Jesús y vamos a creer que todo esto que está sucediendo está sucediendo para bendición. Y las incomodidades de la cuarentena son para bendición, y los dolores y las angustias son para nuestra conversión y son para bendición. Vamos a creerle a Jesús. Vamos a creerle.

El funcionario real creyó y vio el fruto de su fe. Hay algo curioso en el Evangelio según San Juan, amados hermanos. El Evangelio según San Juan trae muy pocos nombres, muy poquitos y con mucha frecuencia. Incluso si se sabe el nombre de la persona, no se dice. Para mí el caso más dramático es cuando Cristo estaba en la cruz. Al hablarle a la mamá no le dice mamá, no le dice María, la llama mujer. Es algo extraño, es algo un poco extraño.

En el mismo Evangelio de Juan, cuando Jesús se encuentra con María Magdalena, el primer saludo que le da estando ya resucitado, me refiero el primer saludo que le da es ¿mujer, por qué lloras? Y de hecho, un personaje muy importante en el Evangelio de Juan es el discípulo amado. Pero por ninguna parte se dice cuál es el nombre del discípulo amado. Una tradición que viene de la época de San Ireneo y aún de antes, dice que ese discípulo amado es el apóstol San Juan. O sea que es curioso cómo en el Evangelio de Juan muchas veces no se dice el nombre. Desde antiguo ha llamado la atención esto. Y la explicación más bella que yo conozco sobre por qué no se dice el nombre es para que tú y yo pongamos nuestro nombre ahí.

Aquí, por ejemplo, no se dice cuál es el nombre de este funcionario real. Es un funcionario real. Tampoco se dice el nombre de su niño. ¿Qué quiere decir eso? Si la interpretación es correcta, que nosotros hemos de poner nuestro nombre aquí y hemos de pensar que nosotros somos ese funcionario real. Es decir, que a veces hemos trabajado para el pecado, que a veces con nuestras incoherencias, con nuestras faltas, hemos trabajado para el pecado. Así como este trabajaba para Herodes. Tenemos que ponernos en el lugar del funcionario real y tenemos que ponernos también en el lugar de ese niño, ese niño que estaba muriéndose. Tal vez algunos de nosotros nos sentimos así.

Hace poco me escribió una persona que hizo brotar lágrimas de mis ojos. Me decía esta señora, Padre estoy sola y estoy en pánico. Pobrecilla, siente que se está muriendo como mucha gente. Entonces hemos de ponernos en el lugar del niño que está muriendo. Y hemos de ponernos en el lugar del funcionario real, así hayamos trabajado para el pecado en cierto momento.

Y ¿cuál será el fruto? El fruto nos lo da, nos lo dio por anticipado la primera lectura del profeta Isaías. Me alegraré de Jerusalén, dice Dios. Me gozaré de mi pueblo y ya no se oirán en ella gemidos ni llantos. Ya no se oirán gemidos ni llantos. Eso le vamos a pedir al Señor, como dijo también el salmo que Él cambie estas horas de dolor. Dice el Salmo tú cambiaste mi luto en danzas. Esta palabra tiene que cumplirse en nuestras familias. Que si hoy estamos así, acongojados y llorosos, un día podamos danzar, danzar para el Señor y proclamar su gloria. Si lo crees, hermano mío, no dejes de orar en estos días, no dejes de orar así como yo sigo orando y sigo pidiéndole al Señor baja. Baja a curar. Amén.

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