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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo no quiere que nos quedemos en una fe que continuamente está reclamando pruebas, sino que avancemos en ella esperando con certeza la confirmación de nuestra petición.
Homilía k041009a, predicada en 20180312, con 6 min. y 32 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy está tomado del Capítulo Cuarto de San Juan. Nos presenta el segundo milagro de Cristo, según la narrativa que lleva este evangelista. Porque una cosa interesante en el Evangelio de Juan es que los signos, como los llama él, los milagros de Cristo, van teniendo una secuencia, y si uno está atento al conjunto del Evangelio, se da cuenta que Juan finalmente nos presenta un total de siete signos. Muchas veces nos habla del poder de Cristo, pero ha escogido unos signos específicos que son particularmente revelatorios, signos que nos cuentan de un modo muy especial quién es Jesucristo y qué ha venido a hacer en nuestra vida. El primero de esos signos o milagros, como los llamamos nosotros, fue la conversión del agua en vino en las bodas de Caná. Lo que aparece en el Evangelio de hoy es el segundo de estos signos. ¿Y cuál fue? ¿En qué consiste? ¿Qué verbos aparecen aquí? Me refiero a los verbos porque dentro del lenguaje humano los verbos son los que nos acercan más directamente a lo que sucede, para describir lo que está sucediendo. Siempre utilizamos verbos y por eso es una gran idea cuando nos acercamos a un pasaje bíblico, subrayar ¿Cuáles son los verbos que van apareciendo? Pues dos verbos que son muy importantes en el pasaje de hoy y que de hecho son muy importantes en todo el evangelio de Juan, son el verbo ver y el verbo creer. La enseñanza grande que trae San Juan sobre estos dos verbos se puede condensar en la siguiente frase El ver conduce al creer, pero es más perfecto creer sin ver. Seguramente asociamos esta enseñanza. Esta frase la asociamos con una escena que aparece al final del Evangelio. Todos recordamos al apóstol que tuvo dificultades en creer en la resurrección. El apóstol Tomás y la frase que le dice Jesucristo a Tomás es: porque me has visto, has creído, dichosos los que sin ver crean. Y también en el mismo Evangelio, un poco antes, cuando Pedro y Juan van a visitar la tumba. Entonces aparece esta frase referida a San Juan: vio y creyó. Es decir, es claro en el Evangelio que el ver y el creer están relacionados. ¿Ver qué? Ver las señales del amor de Dios. Ver las señales de su poder. Ver las señales de su sabiduría, de su misericordia. Ver estas señales y a partir de las señales. Por eso Él las llama señales, signos. A partir de estas señales, descubrir a su autor. Ese es el camino de la fe. El camino de la fe debe ser ese, o por lo menos empieza siendo, haciendo ese. Uno descubre las señales de Dios. Uno revisa su propia vida. Uno revisa lo que Dios ha hecho en la vida de uno y va descubriendo señales, y a partir de esas señales va descubriendo la sabiduría, la bondad, el poder de Dios y así llega a una fe. Pero luego podríamos decir que está otro nivel. Hay que pasar a otro nivel. Y ese otro nivel es, aunque llegue el momento en el que no tengas esas señales. Entonces, guiado por tu experiencia previa, has de ejercer absoluta y plena fe. Ese es como el nivel más perfecto de la fe. La fe empieza con ese camino que va del ver al creer, pero luego hay que pasar al otro nivel, aunque la evidencia sea contraria. Yo sé, porque ya conozco que hay un Dios y porque conozco el amor de Dios. Ya sé que ese Dios está conmigo y que ese Dios no me va a dejar. Eso es lo que sucede también en el pasaje de hoy. Fíjate cómo Jesús hace este reproche: Como no veáis signos y prodigios, no creéis. El reproche de Cristo está dirigido a aquellos que pretenden siempre encontrar una demostración de que Dios está. Es decir, los que se quedan solo en el primer nivel, los que están continuamente reclamando signos. Y entonces dice el Señor Jesucristo que hay que pasar al otro nivel. Pero de hecho, este funcionario real, el que le está pidiendo el milagro a Cristo, llega a ese nivel porque ese hombre le dice a Cristo que quiere esta curación para su Hijo. Y Jesús lo recibe con esas palabras que en cierto sentido son duras. Pero luego le dice solamente le dice: Tu hijo está curado. Ahí no hay ningún signo, en ese momento, ninguno. No aparece nada. Simplemente está la palabra desnuda de Cristo. Y este hombre cree en esa palabra. Este hombre se apoya en esa palabra. Este hombre no cuestiona lo que Cristo le dice. Y entonces el milagro sucede y entonces la maravilla se cumple. Y entonces viene un crecimiento todavía mayor en la fe. O sea que fíjate la dinámica tan preciosa que nos está enseñando el evangelista. Uno llega a la fe porque primero ve signos y llega a creer y luego si pasa al nivel superior, es decir, si apoyándose en la desnuda Palabra de Dios, uno permanece en la fe, entonces llega a descubrir también una nueva confirmación. Y eso es lo que le ha sucedido a este funcionario. Y eso es lo que quiere Cristo que suceda también en nosotros. Que no nos quedemos en una fe que está continuamente reclamando pruebas. Que seamos capaces de arriesgar un poco más y con absoluta certeza vendrá esa confirmación que nos llevará incluso a un nivel superior de fe. Fue lo que sucedió en este pasaje bíblico y estoy seguro que es lo que Cristo quiere que suceda en nuestras vidas.

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