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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo es al mismo tiempo la señal y el camino que nos lleva hacia Dios mostrándonos quién es Él en realidad, cómo es verdaderamente y qué quiere de nosotros.
Homilía k041008a, predicada en 20170327, con 6 min. y 23 seg. 
Transcripción:
Hay un refrán que dice: Cuando el sabio señala hacia la luna, el necio se queda mirando el dedo. Creo que podemos relacionar ese refrán con el Evangelio según San Juan, porque una de las características de este evangelio es que no llama milagros a las obras prodigiosas de Cristo. A eso lo llama señales. En griego y en plural se dice, semilla. Para San Juan, los milagros de Cristo son ante todo signos o señales. Y cometeríamos un error si nos quedamos viendo solamente la señal, porque sería como quedarnos viendo únicamente el dedo y no ver a la luna, que es lo que está tratando de mostrar el dedo. Ahora bien, si los milagros de Cristo son como ese dedo. ¿Qué sería lo que corresponde a la Luna? Es decir, ¿Hacia dónde apuntan las señales de Cristo? ¿Qué es lo que Cristo quiere que nosotros veamos? Ese es exactamente es el propósito del Evangelio de Juan que nosotros no nos perdamos de lo que Cristo nos quiere mostrar a través de sus milagros. Hay tantas cosas bellas y tantas cosas simbólicas en el Evangelio de Juan. Por ejemplo, el evangelio de Juan no cuenta demasiados milagros, sino únicamente siete. Son siete señales. Y sabemos que dentro de la mentalidad judía, el número siete es muy importante porque es el número que indica la plenitud o la perfección. De modo que las siete señales de Cristo nos están mostrando que Él mismo es la señal plena. Él mismo es el signo total, el signo pleno. ¿Señal de qué? El mismo evangelio de Juan lo dice hacia el final. Uno de los discípulos le pregunta a Cristo le pide a Cristo: Muéstranos al Padre, y eso nos basta. Y entonces Cristo dice: El que me ve a mí, ve a mi Padre. De modo que Cristo es según las palabras que utilizará después San Pablo, la imagen visible del Dios invisible. También en el Evangelio de Juan encontramos otras expresiones como por ejemplo: Según lo que yo veo hacer a mi padre, yo hago. O esta otra: Las obras que yo hago son las obras que hace mi padre. De manera que las señales de Cristo lo que nos están mostrando es ¿Quién es Dios?, ¿Cómo es Dios? ¿Qué quiere Dios de nosotros? El pecado ha roto el encuentro con Dios, ha roto la comunión con Dios. Y Cristo, a través de las señales de su misericordia y su poder, está mostrándonos quién es en realidad Dios. Por eso también dice este evangelio de Juan en el Capítulo Diecisiete En esto consiste la vida eterna. Son palabras que Cristo le dice al Padre celestial. En esto consiste la vida eterna, en que te conozcan a ti y a tu enviado Jesucristo. O sea que Cristo es la revelación de Dios Padre, porque el pecado ha destruido nuestra capacidad de aceptar a Dios como verdadero Señor de nuestra vida, marcados por los miedos, marcados por los prejuicios. Nos mantenemos distantes de Dios. Dudamos de que Dios esté nuestra verdadera felicidad. Así, por ejemplo, muchas personas entran en desobediencia a los mandatos de Dios porque consideran que tienen derecho a ser felices a su manera. Ven en la religión y ven en la obediencia a Dios un impedimento para sus metas, un impedimento para su libertad, un impedimento para su felicidad. La imagen deformada que tienen de Dios hace que piensen que la ley de Dios. El querer de Dios, la voluntad de Dios, es un estorbo para su felicidad. Esta mentira tiene que desaparecer, y el que la hace desaparecer es Jesucristo, mostrándonos cómo es verdaderamente Dios. O sea que Cristo es al mismo tiempo la señal y el camino que lleva hacia Dios. En ese sentido, Cristo mismo tiene la estructura de lo que la Iglesia Católica enseña sobre los sacramentos. Es señal y es instrumento de la gracia divina. De hecho, es el sacramento original, por así decirlo, porque en él vemos y a través de él recibimos el amor de Dios nuestro Padre. Eso es lo que aparece en cada uno de los milagros de Cristo. Y esa es la razón por la que Cristo se expresa con tanta fuerza en el Evangelio de hoy. Por ejemplo, cuando dice: Ustedes dependen demasiado de las señales, dependen demasiado de los milagros. Invitándonos a ir más allá del dedo para encontrar en medio de la noche el esplendor de esa hermosa luna, es decir, para descubrir en medio de la dureza de la vida humana, el rostro bendito de Dios nuestro Padre, revelado en su Hijo Jesús.

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