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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Pidamos a Cristo que nos ayude a confiar primero en Él, y luego experimentemos sus maravillas.
Homilía k041007a, predicada en 20160307, con 5 min. y 22 seg. 
Transcripción:
El Evangelio del día de hoy está tomado del Capítulo Cuarto de San Juan. Encontramos un milagro. Esto no es extraño en los Evangelios. Ciertamente el poder de Cristo se derrama con abundancia sobre los más necesitados. En todos los Evangelios es así, y por eso no es extraño que aparezca un milagro, una curación. Pero hay algo que me llama la atención del texto que nos encontramos hoy y yo quisiera explicar lo que descubro en este texto con una comparación con un instructor en un gimnasio. En muchas partes del mundo los gimnasios se han vuelto populares, lugares donde la gente hace ejercicio físico para mejorar su salud y también para mejorar su figura. En muchos de estos sitios de ejercicio corporal hay instructores. El papel del instructor es múltiple. Tiene que evaluar la condición de la persona que llega al gimnasio y tiene que proponerle lo que a veces llaman rutinas, es decir, series de ejercicios que pueden cumplir los objetivos de salud o de estética de esa persona. Con todo el amor y respeto hacia Jesús, yo digo que también Jesucristo es como un gran instructor, solo que el gimnasio que Él nos propone y los ejercicios que Él quiere traer a nuestra vida, más que ejercicios corporales, son ejercicios espirituales. Digo esto por lo que descubrimos en el Evangelio de hoy. Observemos cómo se desarrolla la escena. Llegan algunos diciendo de parte de un funcionario real: Mi hijo se está muriendo. Es una necesidad viva. Es, podríamos decir, un dolor evidente. Pero la frase de Cristo es un poco fuerte, es un poco dura. Dice Jesús: como no veáis signos y prodigios, no creéis. Esa frase parece más una queja o un lamento que una disposición para servir. Sin embargo, Cristo no se limita a hacer esa denuncia, sino que dice a aquellos que buscan la curación del niño, les dice: vuelve, tu hijo está curado. Observemos, por favor, con cuidado la secuencia de las palabras de Cristo. Cristo primero dice: Como no veáis signos y prodigios, no creéis. Podríamos decir que esa es la condición en la que muchas personas se encuentran, es decir, que buscan fundamentalmente que Dios les conceda sus favores, les resuelva sus problemas. Y si Dios me funciona, si Dios hace lo que yo necesito o a veces lo que yo quiero, entonces voy a considerar a Dios mi amigo, y entonces voy a creer en Él. Evidentemente, la persona que obra así está obrando con una fe sumamente interesada y sumamente infantil, y lo que hace Cristo es darle la vuelta a esta situación diciendo: ahora vamos a hacerlo al revés, ahora vas a creer primero y luego vendrán las señales. Tú estás acostumbrado en tu fe infantil, tú estás acostumbrado a que primero se te hacen los favores y después así, sí, creo. Ahora vamos a cambiarlo. Ahora va a ser al revés. Ahora vas a empezar por creer y después vendrán las señales. Te das cuenta que lo que Cristo le está pidiendo a este Señor, el que tiene el Hijo enfermo, lo que Cristo le está pidiendo al funcionario real, es un nivel más alto. Cristo lo quiere llevar a un nivel más alto. Así como un buen instructor de gimnasio dice: no nos vamos a quedar en el trote suave toda la vida, tienes que mejorar tu nivel, tienes que subir tu nivel. Eso es lo que Cristo está diciendo: Tienes que subir tu nivel. ¿Y cómo pone Cristo al funcionario a que suba su nivel? Ya que estás acostumbrado a que primero son los favores y luego verás si crees. Ahora vamos a cambiar, ahora vas a creer primero y después de que tu ejerzas fe, entonces van a venir las señales. Gracias a Dios este funcionario real subió a ese siguiente nivel. Este funcionario efectivamente creyó en la palabra de Jesucristo y ciertamente llegaron maravillas a su vida. Que Cristo también nos ayude a dar ese paso, a poner en primer lugar la fe, a poner en primer lugar la confianza, para luego experimentar las maravillas del Señor.

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