Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

San Juan quiere que vayamos más allá de los hechos milagrosos o prodigiosos para que no nos encerremos en nuestros intereses.

Homilía k041006a, predicada en 20150316, con 5 min. y 39 seg.

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Transcripción:

El Evangelio del día de hoy está tomado del Capítulo Cuarto de San Juan. Hay que recordar dos cosas importantes sobre el Evangelio de Juan. La primera, que este evangelista no utiliza prácticamente la palabra milagro. Él utiliza más bien la palabra signo. Para San Juan, los que nosotros llamamos milagros son fundamentalmente signos o señales que nos invitan a ver más allá. Este es un mensaje muy importante que nos da San Juan. Un mensaje que precisamente nos quiere llevar de nuestro provecho y de nuestro mundo pequeño, nuestra necesidad inmediata. Quiere llevarnos a la esfera de la revelación de Dios. Lo que Dios quiere dar a nuestra vida.

Cuando uno se queda únicamente en el milagro, cuando uno se queda únicamente en la señal, en el fondo, uno se queda en uno mismo, se queda encerrado en su propio interés. Lo que a mí me sirve, lo que yo quiero, lo que a mí me conviene, lo que es mi plan. En cambio, cuando uno va más allá, cuando uno va más allá del signo, entonces empieza a descubrir que ese signo nos abre la puerta para llegar a conocer la voluntad de Dios, el querer de Dios, su propósito, que es siempre propósito de salvación, que es siempre propósito de bendición. Este es un dato importante del evangelio de Juan. El otro dato que hay que recordar es que para Juan, lo mismo que para tantos otros judíos, el número siete es un número muy significativo.

Recordemos que ya desde el Génesis la creación se describe en términos del número siete. Son siete los días en los que Dios realiza la creación y luego descansa. Y ese mismo número aparece varias veces en la Escritura, siempre como señal de algo que es pleno, algo que está completo. Especialmente en el libro del Apocalipsis aparece varias veces esta idea del número siete, pero también en los Evangelios, Por ejemplo, es muy triste la condición de María Magdalena, la cual, según la descripción de los evangelios, estaba poseída por siete demonios. Este número siete ahí quiere decir estaba completamente en el poder de las tinieblas.

En el Evangelio según San Juan, el número siete aparece como el total de las señales de Cristo. El primer milagro o la primera señal, como la llama Juan, es la transformación del agua en vino. Hoy, en el Evangelio que hemos escuchado, aparece la segunda señal, que es la curación del hijo de un funcionario romano. y así van sucediéndose un total de siete señales y la última, la última y la gran señal para Juan es precisamente Cristo en la cruz, que en el momento de morir, según nos dice Juan, entregó el Espíritu. De modo que la muerte de Cristo, aunque alguien diría que no tiene nada de particular como milagro, pues para San Juan esa muerte es la séptima, la definitiva, la gran señal. Son dos elementos importantes para aprender de este cuarto Evangelio.

Y fíjate cómo el contenido del texto de hoy nos lleva exactamente en esa dirección. Porque ese contenido nos está contando que este hombre, el funcionario romano, a pesar de que no tenía un signo, un signo completamente claro. Jesús le dijo: Tu hijo que está enfermo, ya está curado. Le dijo: Tu hijo está curado. Y este hombre, aunque no tenía un signo, dice el texto. Creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Es decir, este es el hombre que va más allá del signo, más allá de lo que podía ver con sus ojos. Eso es lo que el evangelista quiere. Porque cuando nosotros vamos más allá del signo, estamos yendo también más allá de nuestros intereses, más allá de nuestras conveniencias, más allá de nuestros planes. Y cuando vamos más allá de nuestros planes, estamos abriéndonos al plan de Dios.

Y fíjate la fecundidad de la fe de este hombre. Él empezó creyendo. Él creyó en la palabra de Jesús. Pero al creer de esa manera, más allá del signo, hizo posible que toda su familia llegara a creer. Ese es el mensaje que nos deja este precioso texto. Que apreciemos los signos de Dios, pero que vayamos más allá de ellos para encontrarnos mucho más, mucho más allá de nuestros planes, con el plan del que del que mejor nos ama.

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