Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

No somos relativistas ni rigoristas, sino de Jesús, llamados a vencer el pecado y vivir en santidad. Esto se alcanza no por la ley, sino por Su sacrificio que nos justifica y nos da el Espíritu Santo.

Homilía k033023a, predicada en 20260311, con 8 min. y 25 seg.

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Transcripción:

Hermanos queridos, uno de los temas que suele necesitar más aclaraciones, más explicación es la relación entre la ley de Moisés y la predicación de Cristo, o si lo quieres de otra manera, la ley de Moisés y el Evangelio. No es tan fácil descubrir esa relación porque aquí nos movemos un poco como en dos extremos. En un extremo hay personas que dicen: -Mira todo lo que tenía que ver con la ley de Moisés, ya todo eso quedó superado, ya todo eso es tiempo pasado, ya todo eso quedó atrás. Ahora nosotros únicamente tenemos el mandamiento del amor. Y apenas pronuncian la palabra amor, pues resuena en su boca otras dos palabras, o mejor dicho, otros dos pensamientos.

Un pensamiento que dijo San Agustín, pero que se suele interpretar pésimamente es «Ama y haz lo que quieras», pues la persona que dice ama y haz lo que quieras, entonces dice pues todo consiste en amar y, por consiguiente, yo no tengo que preocuparme de tantos mandamientos, no tengo que preocuparme, por ejemplo, de si dije una mentirita o si tuve relaciones con mi novia, o si no fui a la misa, o si tal vez, estoy utilizando anticonceptivos, a Dios no le interesan esas cosas, esa postura no, a Dios no le interesan esas cosas. A Dios lo único que le interesa es como el centro, mi opción fundamental y mi opción fundamental es por el amor, que hay imperfecciones, que hay cosas que tal vez podrían ser mejor, pues sí, pero eso no le preocupa a Dios. Eso, Dios únicamente le interesa el amor. Y San Agustín dijo: «Ama y haz lo que quieras», entonces ya me quedo tranquilo con eso. Esa es una manera de pensar.

Además, añaden otra frase, que es una frase muy propia de nuestra cultura actual, y es esa frase de que, amor es amor, que incluso, se cita mucho en inglés. Y es una foto, una foto, es que estoy pensando en las fotos que he visto con esa frase, «Love is love», ¿no? Y entonces te hablan de cómo el amor es el que cobija todo y con esa frase pues te justifican prácticamente cualquier relación. Los famosos divorciados vueltos a casar o la gente que tiene relaciones con personas del mismo sexo: -Mira, amor es amor. Yo soy tolerante, yo soy mente abierta, yo estoy en el Evangelio, yo no estoy en esas cosas tan estrechas de la ley. Todo esto pertenece a una determinada manera de pensar que se sintetiza diciendo, la ley de Moisés quedó atrás, eso ya está superado. Nosotros estamos en una realidad diferente.

Otros, en cambio, pueden caer en una especie de rigorismo. Yo me he encontrado gente en redes sociales que hace problema casi por cualquier cosa. Mira que, si para decir el Padre Nuestro en la Misa, que si la gente que está en la asamblea, típicamente laicos, si los que están en la asamblea, en la Misa, los laicos pueden o no pueden levantar las manos cuando dicen el Padre Nuestro, y discuten y discuten eso que si es que si no es; que si la misa en latín vale más que la misa en español. Y bueno, toda esa tendencia que está ahí pendiente, pendiente de cómo es que son los requisitos, los cánones, las rúbricas y a eso lo llamamos rigorismo. Entonces, están esas dos posturas, una postura la vamos a llamar relativismo, porque en el fondo es relativismo, aunque ellos dicen que tienen en el centro de la palabra amor, y la otra es el rigorismo.

Y la pregunta es ¿cómo funcionamos ahí los cristianos? Es decir, ¿qué es lo que nosotros debemos opinar sobre ese tema? Porque la verdad, y esto hay que decirlo claramente, ninguna de esas dos posturas corresponde realmente al Evangelio de Jesucristo, ninguna de esas dos. Las cosas no son ni de una manera ni de la otra. Para darnos cuenta que el laxismo o el relativismo, es decir, esa postura que elimina los mandamientos, que esa no es, pues démonos cuenta que, como en el Evangelio en un momento dado hay un joven que le pregunta a Cristo: ¿Qué tengo que hacer para ganar la vida eterna? Y la primera respuesta de Cristo es: -Cumple los mandamientos. Y el muchacho le dice: ¿Cuáles? Y, ¿adivina qué? Cristo le recita los diez mandamientos de una manera resumida, pero le está recordando los diez mandamientos. Entonces, esto quiere decir que para Cristo eso tenía una importancia fundamental, tanto que era como el primer paso para la vida eterna. Nosotros no podemos despreciar ese pasaje, nosotros no podemos utilizar la Biblia simplemente para ir tachando los pasajes que no nos gustan o que no nos interesan. Y en el Evangelio que se lee el día de hoy, pues Cristo también dice, dice abiertamente, que Él no vino a abolir la ley, sino a darle plenitud.

Tampoco Cristo es de la actitud rigorista, porque el mismo Cristo también nos dice que la actitud de los fariseos es una actitud falsa, y los fariseos eran los rigoristas de esa época. Y Cristo les dice: -Miren, ustedes están colando mosquitos, pero ustedes se tragan camellos. Es decir, lo más importante lo descuidan. O sea que Cristo no era ni un laxista, relativista ni tampoco era rigorista fariseo. La clave está en la palabra plenitud, mis hermanos. Cuando Cristo dice que Él ha venido a traer plenitud, ¿qué quiere decir esa palabra plenitud? Pues lo vamos a explicar aquí en dos frases muy sencillas.

Primera, que lo que quería la ley de Moisés es lo mismo que quiere Cristo, y lo que quería la ley de Moisés es la victoria sobre el pecado. Lo que quería la ley de Moisés es nuestra plena reconciliación con Dios. Lo que quería la ley de Moisés, que está en el libro Levítico, dicho expresamente es, ustedes van a ser santos, porque yo, el Señor, soy santo y los he escogido para que sean míos. O sea que, la ley quería superación del pecado, la ley quería que nosotros nos reconciliáramos con Dios, la ley quería que nosotros viviéramos en santidad y eso es lo mismo que quiere Cristo. En ese sentido hay una continuidad, pero aquí viene la segunda parte.

La ley de Moisés era incapaz de lograr esa meta, tenía esa meta que es la misma meta de Cristo, es decir, superación del pecado y reconciliación con Dios y vida en santidad. Tenía el mismo propósito de la ley de Moisés, pero, atención, con una novedad maravillosa y esa novedad maravillosa es que Cristo sí da la fuerza y da la fuerza, porque Él dice: «Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo». Él da la fuerza porque Él es el que merece y da a nuestros corazones el don del Espíritu Santo. De manera que es la gracia de Cristo la que hace posible que nosotros alcancemos lo que no alcanzaba la ley.

Resumen, nosotros no somos ni relativistas ni nosotros somos rigoristas, ninguna de las dos cosas. Nosotros somos de Cristo, y ser de Cristo ¿qué significa? Significa que nosotros queremos lo mismo que quería la ley de Moisés. Es decir, nosotros queremos que el pecado sea vencido, que nos reconciliemos plenamente con Dios y que llevemos una vida en santidad. Pero la ley no lograba eso porque no tenía la fuerza interior, porque no podía cambiar el corazón. Cristo sí lo logró con su sacrificio que nos justifica ante el Padre y con el don del Espíritu Santo. Así que, nada de extremos en este tema tan importante, nosotros vamos a vivir en santidad y justicia todos nuestros días, como lo propone la Biblia. Amén.

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