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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Se debe obedecer con inteligencia
Homilía k033021a, predicada en 20240306, con 6 min. y 11 seg. 
Transcripción:
Una de las características más interesantes de la ley de Dios es que se dirige por igual a nuestra voluntad y a nuestra inteligencia, y eso también significa que nuestra manera de obedecer es obediencia con la inteligencia y con la voluntad. Vamos a tratar de explicar esto porque creo que está en el corazón del mensaje de las lecturas de hoy en la Misa.
¿Qué significa obedecer sin inteligencia? Obedecer sin inteligencia es obedecer como un robot, o tal vez, como como un animalito, si, por ejemplo, tengo un animal de carga, por decir algo, un burrito y le pongo encima a ese burrito unas cargas porque para eso es, entonces le pongo, qué sé yo, harina u otros alimentos, o le pongo cerámica o madera, el burrito no sabe para qué sirve eso, lo que él sabe es que eso pesa sobre su cuerpo, pero que con ese peso tiene que avanzar, esa es la obediencia del burrito. Es una obediencia sin pensar, es una obediencia sin comprender, es una obediencia sin sintonía. Porque la sintonía entre el querer de Dios y nuestro querer es, ante todo, sintonía en la inteligencia. Entonces, obedecer sin inteligencia es como obedecer a la manera de un robot, de un autómata, de un zombi, qué más te digo, de un animalito.
Y Dios no quiere eso, por eso fíjate que en la primera lectura del libro del Deuteronomio se destaca el aspecto de sabiduría y de inteligencia que tiene la ley de Dios. Yo creo que este es un elemento muy descuidado. Cuando nosotros hablemos de los mandatos de Dios, cuando nosotros hablemos del querer de Dios, también tenemos que hablar de la sabiduría de Dios, es decir, hay un por qué. Y en la medida en que comprendemos el por qué de lo que Dios manda, obedecemos con un mayor corazón, con una mayor convicción, con una mayor sintonía. Vamos a ver, por ejemplo, a ver un caso, un caso específico.
Dios nos dice en sus mandamientos que, a ver, hay que evitar la fornicación, hay que evitar el adulterio. A primera vista eso parece simplemente una prohibición. Es decir, este es un Dios complicado, amargado, puritano, mojigato. Este es un Dios que no nos deja disfrutar nuestro cuerpo como queremos disfrutarlo nosotros. Este es un Dios que le pone problema a nuestro cuerpo. Tú puedes hablar así si no has activado tu inteligencia, actívala. Actívala, piensa cuáles son las consecuencias de una vida libertina. Como alguien decía, de una manera muy aguda, la mayor parte de los hijos sin papá, son fruto del sexo irresponsable. Por no hablar de otros males, como son enfermedades venéreas, como es el daño psicológico y emocional que sufren sobre todo las mujeres, como es el número de millones de criaturas que han sido abortadas. Todo eso proviene de la irresponsabilidad, todo eso proviene de la supuesta libertad para hacer con mi cuerpo lo que se me dé la gana.
Entonces, cuando uno, en su sano juicio, cuando uno estudia el querer de Dios, porque hay que obedecer con inteligencia, ese es el mensaje que estamos dando hoy, que hay que obedecer con inteligencia, así como hay que obedecer con voluntad. Entonces, la voluntad es, es el motor que tú pones, es la fuerza que tú pones, es importantísimo. Se necesita voluntad, pero no solo se necesita voluntad, se necesita comprender. Entonces, si yo, refiriéndonos a este caso de la fornicación y el adulterio, si yo tomo en serio lo que significa respetar mi cuerpo y el cuerpo de otras personas, y me doy cuenta de los males que trae no respetar mi cuerpo y el cuerpo de otras personas, obedezco con mayor corazón, con mayor convicción, con mayor sintonía.
Y por eso, es interesante ver cómo en la espiritualidad propia del pueblo judío, no se habla solo de aprenderse los mandamientos o de hacerle caso a los mandamientos, sino que hay una expresión que es muy propia del auténtico judaísmo, la ley de Dios hay que estudiarla y estudiarla significa, activa tu inteligencia, activa tu inteligencia, para que obedezcas, no como un animalito, no como un robot, no como un zombi, sino para que obedezcas como un auténtico hijo de Dios, como una auténtica hija de Dios. Activa tu inteligencia y vive en la amistad con Dios. Amén.

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