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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los mandamientos de Dios son para nuestro bien, han sido dados con gran sabiduría e inteligencia, vienen de un Dios cercano y requieren que recordemos lo que el Señor ha hecho por nosotros.
Homilía k033019a, predicada en 20220323, con 5 min. y 16 seg. 
Transcripción:
Apoyados en la primera lectura de la Santa Misa de hoy, capítulo cuarto del libro del Deuteronomio, vamos a hablar de cuatro, fácil de recordar, capítulo cuarto, y son cuatro características de los mandamientos de Dios. Porque si queremos reformar nuestra vida, si queremos enmendarnos, que es uno de los propósitos centrales, por supuesto, en la Cuaresma, enmendar nuestros errores, entonces, es evidente que necesitamos volver a la voluntad de Dios, volver a los mandamientos de Dios, hay que volver al Señor. Si no volvemos al Señor, pues entonces quiere decir que seguimos nuestros caminos retorcidos y se pierde, no solo el propósito de la Cuaresma, sino se pierde el sentido mismo de nuestra vida. Con esa convicción, con esa profunda convicción, veamos entonces por qué hay que acercarse a los mandamientos de Dios, y ahí es ahí donde aparecen estas cuatro características que quiero resaltar.
Lo primero es que los mandamientos son para nuestro bien. ¿Por qué nosotros le hacemos caso a un médico? Muchas veces los médicos nos imponen restricciones o nos proponen cosas que no nos resultan tan fáciles. Cuando le dicen a uno, por ejemplo, usted tiene que hacer más ejercicio, eso no es tan amable. Cuando le dicen a uno tiene que tomarse esta pastilla o tiene que ponerse esta inyección y es una inyección dolorosa. Pero, ¿por qué nosotros lo hacemos? Porque estamos convencidos de que es para nuestro bien. Cuanto más analices los mandamientos de Dios, quédate, por ejemplo, con los diez Mandamientos, más te darás cuenta de que, definitivamente, son para nuestro bien. Ese es el primer argumento.
Segundo, estos argumentos, estos mandamientos, perdón, han sido dados con gran sabiduría, con gran inteligencia. Es decir, estamos ausentes del capricho, no hay nada más fastidioso que tener que hacerle caso a una persona que manda algo porque sí, porque sí, porque yo mando, porque yo soy el que mando, porque yo quiero. En cambio, cuando uno descubre la inteligencia que hay, el otro día, por ejemplo, estaba reflexionando sobre la inteligencia de aquello de honrar a padre y madre, no como una especie de idolatría de los papás, sino como la capacidad de conectar con las riquezas de una tradición, de un pasado, de unas raíces. Y me ponía a analizar cómo ese mandamiento, que parece tan simple, tiene tanta profundidad. Por consiguiente, llegamos a una conclusión, los mandamientos están dados con sabiduría. Primero, entonces son para nuestro bien. Segundo, están dados con sabiduría.
Tercero, la tercera característica es que vienen de un Dios cercano. Otra cosa que yo creo que a veces hace muy fastidioso obedecer, es que a uno lo pongan a obedecer y lo dejen como se dice, solo con el problema. Si hay una frase antipática es: -Usted verá qué hace, usted verá. Esa frase es muy, muy fastidiosa, pero nos dice la primera lectura de hoy Deuteronomio, capítulo 4: «Ninguna nación tiene un Dios tan cercano como el nuestro». Y si eso no te convence, recuerda lo que nos dice Marcos, capítulo 16, del Señor resucitado: «Él cooperaba con sus apóstoles». Y Mateo, capítulo 28 dice: «Yo estaré con vosotros». El Emmanuel, el Dios con nosotros, nunca se ha alejado de nosotros.
Entonces, los mandamientos se vuelven seguramente demasiado difíciles si intentamos vivirlo solo con nuestras fuerzas. Pero si es un Dios cercano, un Dios que es el primero en poner el hombro. Porque Cristo criticaba a los fariseos: -Lían fardos pesados y luego no mueven un dedo. Obviamente, Cristo no va a repetir el mismo error, Él está con nosotros, Él pone el hombro junto a nosotros, es un Dios cercano.
Y cuarto argumento, o mejor dicho, cuarto elemento, digo mejor, de los mandamientos. Hay que tener en cuenta que los mandamientos requieren memoria, ¿a qué me refiero? No solamente a que te aprendas los mandamientos, sino a que recuerdes las obras de Dios. Recuerda sus proezas, recuerda lo que ha hecho por ti. Aliméntate de esa memoria y verás que es mucho más fácil hacerle caso a Dios, para tu propio bien.

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