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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La ley de Moisés era insuficiente, incapaz de llevarnos a la plenitud de la salvación; a esa plenitud solo nos lleva Cristo y solo con Él la ley alcanza su verdadero fruto.

Homilía k033016a, predicada en 20200318, con 7 min. y 2 seg.

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Transcripción:

Hay dos preguntas claves que uno puede hacerse con respecto al Evangelio de la Santa Misa de hoy, del capítulo quinto de San Mateo. En primer lugar, ¿cómo es eso que dice Cristo que Él no ha venido a abolir la ley, sino a darle plenitud? Lo hemos comentado en otras ocasiones, pero es bueno repasarlo aquí, ¿qué quiere decir dar plenitud a la ley? Y segundo, ¿por qué o en qué sentido dice Cristo que el que se salte uno de estos mandamientos, aunque sea el más pequeño, será el más pequeño en el reino de los cielos?, ¿por qué es tan grave saltarse esos preceptos de la ley? Supuestamente esa ley de Moisés, pues no es que quede abolida, pero en cierto sentido queda superada.

Entonces, ¿qué quería decir Cristo? Debemos recordar, para hallar una respuesta, que el Evangelio según San Mateo definitivamente fue redactado y se dirigió, en primer lugar, a una comunidad que tenía un gran componente judío. Este elemento es importante para entender por qué resulta clave el tema de la ley. Vamos con la primera pregunta ¿qué quiere decir esto de llevar la ley a plenitud? Pues llevar a plenitud la ley, indica que logre su propósito. Una ley que no logra su propósito, aunque esté muy bien escrita en un papel o en piedra, es, como dicen en España, papel mojado, eso vale nada. La ley solamente llega a plenitud cuando alcanza su propósito. Y nosotros nos damos cuenta por textos, especialmente de Jeremías y de Ezequiel, que la ley de Moisés no cumplía su propósito, y todavía más, no podía cumplir su propósito.

Cuando Cristo dice que él lleva la ley a plenitud es porque lo que quería la ley, pero no podía conseguirlo, es lo que la vida cristiana, la vida que nosotros recibimos de Cristo, vida que está ante todo en la gracia del Espíritu Santo, esa vida nueva que nos da Cristo, es la que sí alcanza lo que no podía dar la ley de Moisés. Entonces, la plenitud de la que nos habla Cristo, es el fruto que la ley de Moisés no podía tener. Y la razón no es tan difícil de comprender, la ley de Moisés era fundamentalmente una ley externa, era una ley que desde fuera mostraba, esto es bueno y esto es malo, esa era la ley de Moisés. Y precisamente, en cuanto mostraba lo bueno y lo malo, en cuanto mostraba, esto es lo que hay que hacer y esto es lo que hay que evitar, tenía, por supuesto, un propósito perfecto, un propósito bendito.

Pero, aquí viene el punto, esa ley no nos daba la fuerza necesaria para realizar ese bien y para evitar ese mal. Y por eso, como dice muchas veces San Pablo, especialmente en su Carta a los Romanos y también en la carta a los Gálatas lo sugiere, esa ley terminaba siendo simplemente un dedo acusador, un dedo que nos estaba diciendo: -Obraste mal, obraste mal, obraste mal, el castigo viene para tu vida. Por supuesto, eso no es una ley que pueda llevar a plenitud, esa no es la plenitud de la ley. Entonces, ¿qué significa que Cristo lleve la ley a plenitud? Significa que, con Cristo, el verdadero propósito de la ley sí puede alcanzarse.

Y ¿qué quiere decir aquello que dice Cristo de no saltarse los preceptos pequeños? Es que, cuando uno piensa en llevar la ley a plenitud, uno puede tener una tentación que es muy peligrosa, y esa tentación es despreciar la ley. Por eso, él se refiere a los mandamientos pequeños. Cuando nosotros despreciamos lo que Dios nos ha dado para nuestra salvación, realmente nos estamos poniendo en serio riesgo de perder esa misma salvación. Entonces, el problema grave de saltarse los mandamientos de la ley, que es un modo metafórico de decir despreciar, eso no vale. Ese menospreciar la ley, eso es lo que significa saltarse los mandamientos de la ley. Y cuando uno se salta los mandamientos, es decir, cuando uno desprecia los mandamientos, está despreciando al que dio esos mandamientos.

Entonces, ¿qué es lo que nos corresponde como cristianos, tenemos que cumplir todos los detalles de la ley de Moisés? Algunos cristianos confundidos, en la época de San Pablo, por ejemplo, tenían esa idea y por eso mandaban que los cristianos incluso se circuncidaran y cumplieran todos los preceptos de la ley de Moisés. No, Cristo no nos está enviando a repetir todos los preceptos de la ley de Moisés. Nos está enviando a no menospreciar esos mandamientos y, por consiguiente, a descubrir cuál es el verdadero lugar de esos mandamientos. Esos mandamientos no rigen para nosotros. Nosotros, por ejemplo, no tenemos que ofrecer el cordero pascual, tomar un animalito de un año, degollarlo. No, eso no lo tenemos que hacer, eso no rige para nosotros. Pero una cosa es que ese mandamiento no rige para mí y otra cosa es que yo desprecie ese mandamiento como si no hubiera venido de Dios, como si no fuera un don precioso de Dios que, en su momento, y dentro del conjunto de la historia del pueblo de Dios, tenía tanto para darnos. De hecho, como dice San Pablo, la ley era como un pedagogo que nos estaba conduciendo hacia Cristo.

En resumen, la ley de Moisés era insuficiente, la ley de Moisés era incapaz de llevarnos a una plenitud de salvación, a esa plenitud solo nos lleva a Cristo, y solo con Cristo la ley puede alcanzar su verdadero fruto. En ese sentido, solo así podemos decir que Cristo da plenitud a la ley. Y, en segundo lugar, aunque esos mandamientos de Moisés claramente tenían una función pedagógica y temporal, no podemos despreciarlos, no podemos despreciar el lugar que ocupan dentro del plan de Dios, porque estaríamos despreciando a Dios. Así que demos gracias a Dios por lo que dio la ley de Moisés, pero entendamos que nosotros estamos llamados a un régimen nuevo. Ese régimen que Cristo ha traído a nuestra vida.

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