Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los mandamientos marcan la ruta para descubrir nuestras limitaciones y a través de éstas se descubre que hay un Dios que nos ha amado sin medida.

Homilía k033012a, predicada en 20160302, con 6 min. y 2 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de la misa de hoy está tomada del capítulo cuarto del Deuteronomio. La segunda lectura, es decir, el Evangelio, está tomado del capítulo quinto de San Mateo. Hay algo que tienen en común estas dos lecturas, nos hablan de los mandatos, los mandamientos, la ley. Hay algunos por ahí, que andan diciendo que ya lo de la ley no se necesita. Hay algunos que andan diciendo que nosotros, los que ya conocemos el amor de Dios, no necesitamos de los mandamientos, eso era para el tiempo de los judíos, eso es para el tiempo del Antiguo Testamento, ya nosotros estamos en la era nueva, estamos en la nueva era del Amor y, por consiguiente, para nosotros no es esa historia de mandamientos, porque la ley asfixia, porque la letra mata, porque esa alianza ha quedado invalidada.

Pero, en el capítulo quinto de San Mateo lo que dice Cristo es distinto. Dice que Él no ha venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. Y cualquier cosa que sea simplemente cancelar los mandamientos, pues eso es abolir, no hay otra manera de llamarlo. Y Cristo dice: «Yo no he venido a abolir». Además, en el mismo evangelio de Mateo, encontramos varias escenas en las que Cristo no solamente muestra un respeto por la ley, sino que Cristo también muestra que su propia predicación es más exigente que la ley de Moisés, bastante más exigente. Así, por ejemplo, la ley de Moisés decía que, no adulterarás. Y Cristo dice, la cosa es más seria, dice Cristo, no es simplemente que no adulteres en tus obras, si en tu corazón ya consentiste el deseo de adulterar, ya has pecado. A mí me parece que eso no es la actitud, eso no es ablandar la ley.

Si lo miramos en términos puramente legales, lo que hace Cristo es poner un estándar más alto, lo que hace Cristo es poner las cosas, si se quiere, más difíciles. Entonces yo no sé por qué anda gente diciendo que en el Nuevo Testamento ya no importan los mandamientos, cuando los ejemplos que nos dan los propios evangelios y en particular San Mateo, es que la exigencia ahora es mayor, ya no es solo las obras o las palabras, ahora es también las intenciones lo que haya en tu corazón. Así que, no vengas a decir que las cosas ya quedaron atrás, ya eso quedó superado, no vengas a decir eso. No es lo mismo llevar a plenitud la ley que suprimir la ley. Y hay muchos que, queriendo predicar o diciendo que predican el evangelio de Cristo, en últimas lo que hacen es suprimir la ley, no hacen algo distinto.

¿Por qué es importante?, ¿por qué tiene un valor permanente la ley? La ley tiene su valor innegable en el hecho de que nuestra conciencia necesita referencias externas claras, objetivas, necesita referencias suficientemente nítidas, porque si no, lo que nosotros terminamos haciendo es quedándonos con las palabras del Nuevo Testamento, pero llenando esas palabras de nuestros propios vicios, como aquellos que dicen: -Como lo único que importa es amar, entonces yo puedo amar a varias mujeres, o yo puedo amar de manera homosexual, o yo puedo amarme solo a mí mismo, o yo veré a quien amo. Que nadie se meta con mi amor, porque mi amor es mío y yo defino lo que yo entiendo por amor.

Mientras nosotros estemos pensando que el amor es algo como una especie de plastilina o de caucho que yo puedo deformar, entonces en vez de traerme salvación, esa palabra se convierte en un pretexto y en una venda que no me deja ver mi propio pecado. Mientras estemos en riesgo de pecado, necesitamos algo más que unos cuantos lemas y unas cuantas palabras, necesitamos una claridad, una nitidez, y esa claridad es la que nos dan los mandamientos. Por supuesto, los mandamientos no son toda la historia, San Agustín tiene una frase muy importante, dice: «La ley se nos dio para que aprendiéramos a suplicar la gracia». San Agustín no nos dice, la ley se nos dio para que luego negáramos la ley, dice: se nos dio la ley para que suplicáramos la gracia, es decir, el auxilio divino. A través de esa ruta que nos marcan los mandamientos, descubrimos nuestra propia limitación. Pero a través de nuestra propia limitación, descubrimos que hay un Dios que nos ha amado sin medida, y ese, ese sí que es un gran descubrimiento.

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