Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Dios de los mandamientos es el Dios que ya Moisés supo cercano y que se ha hecho cercanísimo, Dios-con-nosotros, a través de su Hijo Jesucristo.

Homilía k033011a, predicada en 20150311, con 6 min. y 16 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy está tomada del libro del Deuteronomio en el capítulo cuarto, lo que nos encontramos son las palabras de Moisés, que exhorta vivamente, amorosamente al pueblo de Dios para que escuche los mandatos y para que cumpla los mandatos del Señor. Primera cosa que hay que subrayar, debe empezarse por la escucha, escucha los mandatos, leyes y preceptos que el Señor te da. Ese escuchar, no es simplemente recibir instrucciones, no es como el capataz que le dice al obrero: -Usted si entiende bien lo que le he mandado para que haga el día de hoy. No se trata de comprender solamente unas instrucciones, una receta que luego hay que poner en práctica.

La escucha de los mandatos de Dios, la escucha de las leyes de Dios es nuestra manera de entrar en contacto con ese Dios. Por eso, observemos lo que dice en la segunda parte, ese texto tan hermoso del libro del Deuteronomio, nos dice: «¿Hay alguna nación que tenga sus dioses tan cercanos como está el Señor nuestro Dios, siempre que le invocamos?» Fíjate en la idea de cercanía, el Señor nos habla, nosotros lo invocamos. El Señor está cerca, el Señor se hace presente a través de sus justos, sabios y fecundos mandamientos, son los mandamientos que dan vida.

Sin esta idea de la cercanía, sin esta idea de la proximidad de Dios, nos quedaremos siempre pensando que los mandamientos son simplemente instrucciones. Instrucciones que, desde la distancia, instrucciones que, desde un cielo lejanísimo, caen a nuestra vida como imposiciones que limitan nuestra voluntad como frenos a nuestras apetencias. Y por supuesto que, desde esa óptica, Dios aparece como un obstáculo para el ser humano, Dios aparece como un freno para la libertad humana, Dios aparece como una especie de competencia, alguien que compite con el hombre. Por supuesto, con esta visión tan equivocada de Dios, lo único a lo que vamos a llegar es a que hay que quitarse a ese Dios de encima.

Y esta es la postura que han tomado unos cuantos ateos. Si miramos, por ejemplo, a un Jean-Paul Sartre o si miramos a un Federico Nietzsche, las actitudes de ellos fueron: -Mira, si queremos llegar a un pleno humanismo, si queremos afirmar el ser humano en su plenitud, lo primero que hay que hacer es quitar al hombre, quitar a Dios perdón. Si queremos afirmar al hombre quitar a Dios. En otro plano, lo han dicho también otras personas, este famoso científico colombiano, Rodolfo Llinás, lo ha dicho varias veces para progresar en la ciencia, para que el país avance, quitar a Dios, quitar la religión. ¿De dónde viene esa manera de hablar? Pues tiene su origen en la imagen de que Dios, desde la distancia, está mandando unas instrucciones que son finalmente impedimentos a nuestra voluntad y a nuestro desarrollo.

Todo cambia cuando descubrimos al Dios cercano, y si lo pudo decir Moisés, si Moisés que solo conoció a Dios en esas experiencias impresionantes y, al mismo tiempo, majestuosas y sobrecogedoras del Monte Sinaí, si Dios puede hablar de ese modo a Moisés, y si Moisés nos dice que Dios está tan cerca, ¿qué diremos nosotros? Nosotros cristianos, ¿qué tendremos que decir?, nosotros que tenemos al Emmanuel, nosotros que tenemos a Cristo, nosotros que tenemos al Dios con nosotros. No, no tenemos un Dios distante que desde la distancia nos grita sus preceptos para limitar nuestra voluntad. Tenemos el Dios cercanísimo que conoce nuestras miserias, que ha experimentado tentación, que sabe de dolores, varón de dolores, acostumbrado a sufrimientos, lo llama proféticamente Isaías. Ese es el que nosotros conocemos y ese que nos conoce desde dentro, desde dentro de nuestra realidad, nos muestra un camino, nos da unas pistas, nos indica por donde.

Lejos de esa idea tonta, de esa idea errónea, de esa idea blasfema de Nietzsche o de Sartre, del Dios lejano que impone su voluntad sobre la nuestra, lo que tenemos que afirmar es, este Dios cercano, este Dios que sabe quiénes somos y que desde nuestra realidad nos muestra también un camino para que lleguemos a la plenitud de su felicidad, a la plenitud de la experiencia de estar en Él y con Él, ser plenamente lo que podemos ser. Ese es el Dios en el que creemos, el Dios que ha apostado por nuestra plenitud porque nos ama y el Dios que nos conduce a esa plenitud precisamente en la comunión con Él.

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