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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Qué es dar plenitud a la Ley de Moisés? ¿Y qué sería abolirla, en cambio?

Homilía k033009a, predicada en 20140326, con 5 min. y 44 seg.

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Transcripción:

Una manera provechosa de meditar la Palabra de Dios es entrar en diálogo con el Libro Santo, un diálogo lleno de veneración, de amor, un diálogo sellado por la fidelidad a la Iglesia y por la acción del Espíritu Santo, pero un diálogo. Si ese Libro Santo es una palabra, es el comienzo también de una conversación, y normalmente, cuando queremos conversar, hacemos preguntas y también ofrecemos respuestas. Así pues, hagamos preguntas, en el caso del Evangelio de hoy, nos dice Jesús en el Evangelio de Mateo: «Yo no he venido a abolir la ley, Yo he venido a darle plenitud». Es evidente que esa manera de hablar, viene a responder una acusación, una objeción que seguramente venía en aquel tiempo de los escribas y de los fariseos. Porque escribas y fariseos tenían bastante esa idea de que la fidelidad estricta a la ley, y la obediencia estricta a la ley, era el camino para que Dios pudiera reinar, para llegar al Reino de Dios.

De manera que, el mensaje de Jesús tenía que parecerles, por decir lo menos, sospechoso. ¿Qué es lo que quiere este hombre, finalmente? Pero Jesús dice: «Yo no he venido a abolir, Yo he venido a dar plenitud». Siguiendo lo propuesto antes, hagamos preguntas, ¿qué significaría abolir?, y ¿por qué Cristo dice que no ha venido a abolir la ley?, y ¿qué quiere decir dar plenitud? Me parece un poco más sencillo empezar por esta segunda pregunta. Dar plenitud a la ley es lograr el bien que la ley quería alcanzar, pero que no pudo alcanzar. Es decir, hay un fracaso de la ley de Moisés, ese fracaso está bien documentado en la palabra de los profetas. Por eso se habla, especialmente en Ezequiel y en Jeremías, se habla: «Escribiré mi ley en vuestros corazones». Y también se habla de una nueva alianza, no como la alianza que sellé con vuestros padres, dice el profeta.

O sea, es evidente que la ley buscaba algo bueno, pero es evidente que no lo alcanzó. Cuando Cristo dice que ha venido a darle la plenitud a la ley, va en esa dirección. La propuesta de Cristo, la Palabra de Cristo, el ejemplo de Cristo, la gracia de Cristo, la acción del Espíritu que Cristo ha merecido para nosotros, hace posible ese bien que estaba anunciado por la ley, que era incluso esclarecido por la palabra de la ley, pero que resultaba inalcanzable en los términos de la simple ley de Moisés. Eso es lo que quiere decir darle plenitud a la ley, porque Cristo con su Palabra, con su ejemplo, pero sobre todo, con su gracia, esa gracia abundantísima en el sacrificio de la cruz hace posible que se llegue ese bien, se llegue a ese bien que la ley prometía.

En segundo lugar, ahora miremos qué sería abolir la ley. Abolir es declarar inválido o declarar inútil o declarar inaplicable, y en cualquier caso significa eliminar. Eliminar la ley significa quitar el bien que la ley había alcanzado, porque la ley se había logrado un bien, no había logrado todo el bien, pero sí había logrado un bien y el bien que había logrado la ley, la ley de Moisés especialmente, se nota en los mandamientos. El bien que había logrado la ley, era el aclaramiento de nuestra conciencia sobre lo bueno y lo malo. La ley había conseguido eso, entonces, abolir la ley significa hundir la conciencia moral en el caos, significa someter nuestra vida a las tinieblas y convertir la existencia humana únicamente en un juguete de pasiones, en un juguete de oportunismos o en la jungla del más fuerte. Por eso Cristo dice que no ha venido a abolir la ley, porque hay un bien de la ley que no se puede perder y es la claridad en la conciencia. Pero, ha venido a dar plenitud a la ley, porque lo que no podía la ley de Moisés, sí lo puede la gracia de Cristo, a quien sea la gloria por los siglos. Amén.

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