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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La obediencia no es una virtud popular hoy en día pero sí es algo que practicamos, sobre todo para seguir puntualmente las exigencias de la publicidad. En la Biblia la obediencia brota de una memoria agradecida por las obras del Señor.

Homilía k033005a, predicada en 20110330, con 3 min. y 58 seg.

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Transcripción:

Yo creo que hay palabras que son más difíciles de predicar que otras, por ejemplo, cuando se habla de perdón, casi todo el mundo es consciente que se necesita para esta vida, tanto perdonar como ser perdonados. Cuando se habla de amor, casi todo el mundo está de acuerdo en que necesitamos ser amados y que necesitamos también amar, tener a quien amar. Incluso si se habla de oración, un número muy amplio de personas, cristianas o no, estarán de acuerdo en que la oración tiene un lugar importante. En cambio hoy, las lecturas de la misa apuntan hacia un par de palabras, sobre todo una que es bastante antipática, tiene como poca popularidad, es muy necesaria, pero bastante difícil. Estoy hablando de la obediencia. Yo creo que la palabra obediencia en muchos oídos suena como un someterse, un rendirse, un perder. Parece que la obediencia es la condición de los perdedores, o de los incapaces, o de los menores de edad. En cambio, parece que lo propio del vencedor es la arrogancia, la imposición de la propia voluntad.

En el capítulo cuarto del Deuteronomio, Dios llama a la obediencia y Dios llama a una obediencia específica, y esta es la otra palabra que molesta, la obediencia de sus mandatos, de sus mandamientos, de su ley. Es muy interesante ver que nosotros tenemos esta actitud resistente frente a la obediencia y sin embargo somos muy obedientes en muchas cosas, por ejemplo, si la televisión nos dice que tenemos que cambiar de detergente, lo hacemos. Si la publicidad nos dice que hay que cambiar de carro, muchas personas lo hacen. Si nos dicen que ahora llegó un nuevo celular que tiene otras ventajas, pues mucha gente es capaz de endeudarse con tal de tener ese nuevo aparato. Es decir, que en el fondo sí somos obedientes, pero lo que ha cambiado es a quién obedecemos.

Y por eso, es interesante cómo termina la primera lectura de hoy, donde Moisés le dice al pueblo: -Acuérdate de lo que Dios ha hecho por ti, acuérdate de que Dios te ha liberado, te ha sanado. La memoria es muy importante para la obediencia, porque cuando yo sé que la persona que me está tratando es un médico, y es un médico bueno que me ha hecho mucho bien, si luego ese médico me dice que no puedo comer esto o que debo tomar este medicamento, entonces yo le hago caso. La obediencia está ligada a la memoria y por eso, si uno lleva memoria de las obras de Dios, uno entra en los caminos de la obediencia. O sea que en el fondo el mensaje de hoy no es simplemente, obedezcan a Dios, sino primero, recuerden quién es Dios, recuerden lo que Dios ha hecho en sus vidas, recuerden las manifestaciones de su sabiduría, de su poder y de su amor, y descubrirán que lo más sensato, que lo más hermoso, y por qué no decirlo, lo más alegre, es entrar en los caminos de la obediencia. Qué invitación extraña, pero cuán necesaria es. Estuvo contigo Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores.

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