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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Al descubrir cómo Dios ha tenido paciencia y misericordia con nosotros, aprendemos a mirar con compasión a los demás. El amor y la misericordia recibidos nos capacitan para perdonar.
Homilía k032018a, predicada en 20260310, con 6 min. y 33 seg. 
Transcripción:
Uno de los regalos más hermosos que puedes darle a tu corazón en esta Cuaresma es emprender el camino del perdón. De eso trata el Evangelio de hoy. En un momento Pedro estaba como saturado. Pedro, el apóstol, estaba como saturado. Sentía que estaba llegando a su límite y por eso le preguntó a Jesús Oye, yo, ¿Cuántas veces tengo que perdonar? Muy posiblemente hizo esa pregunta porque él mismo estaba sintiendo que su límite ya estaba muy próximo. Es decir, ya he perdonado mucho, ya no me queda como, mucha más paciencia, ya creo que tengo que tomar las cosas por mi propia mano. Voy a ver qué voy a hacer. Ese es como un poco la idea que quizás estaba en el corazón del apóstol Pedro. ¿Cuántas veces tengo que perdonar? Podemos imaginarlo así como, como llegando a su límite. Como que ya no aguanto mucho más. Bueno, eso era lo que estaba viviendo Pedro y sin duda se parece mucho a lo que otras personas, muchas personas, quizás cada uno de nosotros, pues también ha vivido. Y es esa realidad de que la paciencia se nos acaba, la generosidad se nos acaba el perdón se nos acaba. No es fácil. Y el que diga que es fácil, yo creo que no conoce de qué está hablando. Entonces la pregunta es ¿Cómo podemos ampliar la capacidad de perdón? Porque Pedro le dijo a Jesús Mira, yo puedo perdonar hasta siete veces. Jesús le amplía la capacidad de perdón. Me gusta ese lenguaje, me gusta. Jesús amplía la capacidad de perdón. Tu capacidad de perdón existe y la mía también. Pero normalmente nuestra capacidad de perdón es pequeña. Tenemos una capacidad pequeña y lo que Jesús hace es ampliar esa capacidad de perdón. Nos lleva mucho más allá. Piensa el cambio entre siete veces y setenta veces siete. Pues por lo pronto en números ese es el cambio, como entre siete y cuatrocientos noventa. Pero más allá de los números, de lo que se trata aquí es de que Dios nuestro Señor, amplía tu capacidad de perdón. Y ¿Cómo lo hace? ¿Cómo se logra eso? ¿Cómo puede uno ensanchar el corazón? Pues la parábola que nos presenta Cristo es para eso, para que nosotros aprendamos que sí se puede ampliar la capacidad de perdón. Y la respuesta en el fondo es muy sencilla, muy corta, muy concreta. ¿Sabes de qué se trata? Descubre cuánto te ha perdonado Dios. Descubre lo que Dios ha hecho por ti, la paciencia que ha tenido contigo. Y ese descubrimiento no es tan fácil como parece. No es simplemente que uno diga Sí, es verdad, Yo me he confesado muchas veces o, yo he cometido grandes errores. ¡No! Mira, descubrir al Dios que perdona es descubrir cómo Dios ha mirado mi miseria, es descubrir mi barro. Y cuando descubro mi barro, cuando descubro mi miseria, entonces descubro cuánta paciencia ha tenido Dios conmigo. Pero atención que esto sigue. Cuando descubres tu barro, también descubres el barro de tu hermano, porque todos estamos hechos del mismo barro. Entonces, si todos somos hechos del mismo barro, cuando tú descubres tu miseria, descubres que tu hermano también, también tiene esa misma miseria, ese mismo barro. Y esa es la clave para ampliar la capacidad de perdón. No es solamente decir Dios me ha perdonado mucho. Por supuesto que eso es cierto, pero es que ahí hay una trampa mental. Cuando uno dice Dios me ha perdonado mucho, inmediatamente empieza a perdonar, empieza a pensar bueno, pero es que hay pecados que yo no he cometido. Yo, por ejemplo, nunca maté a nadie. O tal vez otra persona dirá, yo nunca aborté. O alguien dirá, yo nunca me metí con el matrimonio de otra persona. En cambio, esta persona, esta mujer sí se metió. Este sí hizo lo que yo no hice. Por eso ese recurso de decir simplemente: Yo soy un pecador y Dios me ha perdonado mucho, no es suficiente. Y la razón por la que no es suficiente es porque cuando uno dice esas palabras en el fondo sigue teniendo la esperanza de que los pecados de los demás sean los pecados terribles, porque ellos son los descuidados, los narcotraficantes, los comunistas, los guerrilleros, los violentos, los orgullosos, los explotadores, y yo no he sido nada de eso, por ejemplo. Por eso el verdadero sentido de la parábola de Cristo es, descubre tu barro, descubre tu miseria y cuando descubras tu miseria, descubrirás también el barro de tu hermano y descubrirás que el mismo Dios, que ha tenido paciencia y amor, misericordia contigo. Es el Dios que quiere y puede tener esa misericordia con tu hermano. Y así el perdón que tú le das a tu hermano no es un esfuerzo de tu corazón. Como diciendo bueno, yo que soy tan buenecito, pues te voy a pasar esta otra, entonces te voy a conceder esto. No, no, no va a ser eso, va a ser algo mucho más bello, va a ser algo mucho más grande. Vas a descubrir que hay un diluvio de misericordia que brota del corazón de Dios y que ese diluvio ha inundado tu corazón con su amor y que a través de ti quiere también llegar a otros. O como dice una predicación que tuve hace unos años. Perdonados para perdonar. El amor nos ha alcanzado para que nosotros, con ese amor, lleguemos también a los demás. Piénsalo, porque es de lo más bello que te puede suceder en Cuaresma.

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