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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En la medida que comprendemos el porqué de lo que Dios manda le obedecemos con un mayor corazón, mayor convicción, obedecemos como hijos de Dios.
Homilía k032017a, predicada en 20240305, con 7 min. y 22 seg. 
Transcripción:
Las lecturas de la misa de hoy nos hablan del perdón. Bueno, propiamente nos hablan del arrepentimiento y el perdón. Por favor, no separemos estas dos palabras, arrepentimiento y perdón. Podemos decir que el arrepentimiento es el que le abre la puerta al perdón, porque nuestro Dios es un Dios capaz de perdonar y deseoso de perdonar. Pero hay una puerta que es necesario traspasar y es la puerta del arrepentimiento. De esto hablábamos en otra de las reflexiones de esta Cuaresma como el arrepentimiento hace posible la obra de la misericordia. Algo parecido es lo que estamos recordando en este momento que el arrepentimiento es el que hace posible el perdón.
Observemos que el arrepentimiento es un acto de sinceridad, es un ejercicio en el terreno de la verdad. Arrepentirse, lo fundamental del arrepentimiento no está en el sentimiento, que me siento muy mal, que me siento muy avergonzado. Lo más importante y lo transformante del arrepentimiento es la verdad, es decir, darnos cuenta de qué es lo que hemos hecho mal. Y por eso el arrepentimiento conecta muy directamente con el perdón y con el cambio, el perdón que esperamos recibir de Dios y también de los hermanos, y también con el cambio.
Pensemos, por ejemplo, en el caso tan complejo de una persona que ha sido infiel en su matrimonio. Es una herida brutal, profunda, que destruye, destruye el tejido de la relación. Pero ¿en qué puede consistir el arrepentimiento? no es solamente que la persona que fue infiel se sienta muy mal. No, más bien, lo que es importante ahí es tomar conciencia de cuál es el daño que se ha causado, de cómo es, lo mucho que se ha destruido y a partir de esa conciencia, a partir de esa verdad, ya vendrá el siguiente paso. ¿cuál será ese paso? el siguiente paso será hay mucho que reparar, hay mucho que reconstruir, hay mucho terreno que hay que recuperar y por consiguiente, también entender que esa recuperación, que ese camino, pues no va a ser algo instantáneo.
La persona que simplemente se siente mal, concentra toda su atención en cómo hago para sentirme bien o cómo hago para que tú te sientas bien. Mira, ya me arrepentí, ya te dije que sí, que me equivoqué. Ya, ya. No, toma conciencia date cuenta de qué es lo que has dañado, date cuenta de lo que has destruido. Piensa, por ejemplo, en lo que sucede cuando una persona tiene una quemadura grave. Hay tejidos enteros que se pierden y la reconstrucción es dolorosa y toma tiempo y requiere a veces trasplantes y requiere muchos procedimientos, mucha paciencia. Por eso el arrepentimiento. Quiero insistir en esto. Es un ejercicio en el terreno de la verdad. Pero hay todavía otra ganancia que trae esta perspectiva sobre el arrepentimiento. Si el arrepentimiento mío es un ejercicio en la verdad de lo que yo soy, es también un ejercicio que me permita reconocer la miseria y la necesidad, las deficiencias y las fragilidades de otras personas. Dicho de otra manera, a medida que voy conociendo mejor mi barro, voy conociendo mejor el barro humano, voy conociendo mejor el daño que nos hemos hecho, que nos hacemos continuamente los seres humanos.
Fíjate que un simple sentimiento es algo que no se puede transmitir. Si yo estoy súper feliz, Eso, yo no te lo puedo inyectar para que tú te sientas feliz. Si yo me siento muy triste por algo que hice mal, pues esa tristeza queda dentro de mí. Y no es que esté mal sentir, sentir es importante y de hecho en los pasos de la confesión siempre se habla contrición de corazón. Tiene que haber un dolor de corazón, pero lo que quiero destacar es la gran ventaja que tiene el arrepentimiento fundado en la verdad. Y es que cuando una persona práctica esa clase de arrepentimiento, no solamente está conociendo la verdad de su corazón, sino está conociendo la verdad del corazón humano, la verdad del barro humano, y eso ya le prepara, que es lo que aparece en el Evangelio, eso ya le prepara o ya le debe preparar para poder perdonar a otras personas. En la medida en que yo conozco mejor mi propio barro. También puedo entender que el barro de los demás puede fallar y falla, y eso me hace mucho bien. Eso cambia las cosas.
Así que la gran conexión entre estas dos lecturas no es solamente el perdón. Perdón que le pedimos a Dios o perdón que damos a los hermanos. Es el arrepentimiento fundado en la verdad. A medida que yo reconozco, como hace por ejemplo, este orante de la primera lectura en el profeta Daniel, a medida que yo reconozco, reconozco ver, ver la verdad. A medida que yo entro en esa verdad, reconozco el barro humano y entonces puedo empezar a vivir de otra manera.
Que Dios nos conceda una santa y fructífera Cuaresma. Amén.

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