Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El perdón empieza a partir de la admiración, del asombro que nos causa tanto perdón junto, que viene de Dios: frente a la abundancia de perdón empezamos a considerar la posibilidad de perdonar.

Homilía k032015a, predicada en 20220322, con 5 min. y 28 seg.

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Transcripción:

No sé si será impresión mía, pero creo que últimamente se habla más de la palabra perdón. Y no solamente en el ámbito religioso, por decir algo, sacerdotes, catequistas, sino también desde la psicología. Es ya prácticamente un lenguaje muy común aquello de que perdona porque es bueno para tu salud, perdona, hazlo por ti mismo. Es interesante cómo a través de muchos caminos vamos descubriendo la necesidad del perdón.

Otro aspecto, otra área donde aparece este tema del perdón con frecuencia es en lo que tiene que ver con grandes grupos sociales, situaciones regionales o nacionales. Pensemos en los conflictos tribales o étnicos en África sólo por mencionar un caso clamoroso el del genocidio en Ruanda hace ya unos buenos años. Son situaciones que erizan la piel y que indudablemente golpean el corazón y tarde o temprano la humanidad llega a una conclusión. Y es que sin perdón no se puede funcionar. Si entramos en el ciclo de las venganzas, pues va a suceder lo mismo que lamentablemente pasó o sigue pasando en algunas familias de mafiosos. En estas familias de la mafia es frecuente que se extingan mutuamente porque tú me mataste a uno, yo te tengo que matar a dos, entonces el otro mata a tres y así hasta extinguirse. Entonces yo creo que eso también desde el ámbito social, desde el ámbito político, nos está dando una clave importantísima.

Otro ejemplo que vale la pena mencionar en esto del perdón es en la dinámica familiar. Evidentemente, todos tenemos la capacidad de decepcionar. Pregúntamelo a mí. Todos tenemos la capacidad de decepcionar, pero además, todos tenemos la capacidad de decepcionarnos. Nos decepcionamos. Entonces piensa, por ejemplo, en una pareja se casaron muy enamorados todo parecía ir muy bien. Pero en algún momento ese hombre va a decepcionar a esa mujer o ella a él. Y cuando llegan las decepciones, muchas veces disminuye el cariño. Se apagan los detalles y de ahí falta demasiado poco para que empiecen a brotar esas palabras frías, esas palabras ya hirientes, después esas palabras agresivas, después esas palabras destructoras. Esto es como una espiral que va cayendo. Y esto pasa en muchas parejas. De hecho, sucede en amistades. Sucede en noviazgos mucho más, creo yo, en matrimonios, en familias. Por eso decía una vez el Papa Francisco que sin el perdón era imposible. Oiga esto, es imposible la vida de familia. El perdón es requisito indispensable para que pueda haber vida de familia.

Y como se habla tanto y está bien que se hable del perdón, entonces nos preguntamos ¿cuál es el comienzo de ese perdón desde la perspectiva cristiana? y la respuesta que encontramos es que el perdón empieza por algo inesperado que aparece en el Evangelio de hoy. Aparece a raíz de o a partir de la admiración. Pedro pregunta ¿tengo que perdonar hasta siete veces? y Cristo seguramente causó asombro cuando dijo setenta veces siete. Y entonces les cuenta esta parábola que aparece en el evangelio de hoy de un hombre que tenía una deuda fabulosa. Algunos exégetas dicen que la cantidad de dinero que ese hombre debía era aproximadamente lo que podríamos llamar la deuda externa de la Tierra Santa en ese tiempo. Haz de cuenta, yo soy colombiano, como si yo como persona tuviera una deuda del tamaño de mi país, o sea, yo debo todo el dinero que debe Colombia es una cosa inaudita, una cosa imposible. Todo ese dinero lo debo.

Entonces Cristo muestra la magnitud de la deuda y luego consecuentemente, la magnitud del perdón. Y a partir de ese asombro, asombro que nos causa ver tanto perdón juntos, frente a esa abundancia de perdón, seguramente podemos empezar a considerar la posibilidad de perdonar nosotros mismos, perdonar. El camino cristiano del perdón requiere de la admiración y la gratitud frente a todo lo que Dios nos perdona.

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